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La esposa secreta del CEO romance Capítulo 155

REGINA

Bostezó una vez más, vez mientras dejaba la orden de la mesa seis en el pincho para que el cocinero preparara la comida. La voz de Bratt, insidiosa y chillona, la interpeló.

—¿Estás descansando poco? Tal vez sales demasiado. ¿O es que has conseguido algún hombre que te dé sexo?

Desagradable y imbécil, eso era él, entre otras cosas. Odiaba las licencias que se tomaba con ella, cada vez más.

—No es asunto tuyo—cortó seca y brusca.

—Me preocupo por ti—él chasqueó su lengua—. Sabes que estaría encantado de tenerte en mi cama, estoy a tu disposición.

Lo ignoró esta vez y se movió ante el ladrido de Sean, el cocinero, para tomar la orden y llevarla al grupo de mujeres que se apiñaban en una de las mesas. Estaba cansada, aunque esto no tenía que ver con agotamiento laboral exclusivamente. Era el sexo, practicado en cantidad y calidad, que le hacía doler músculos que no recordaba tener.

<>, pensó.

Ese hombre había logrado despertar todos sus sentidos, acariciando y besando todo a su paso, como un terremoto que arrasaba hasta dejarla agotada de pasión, para volver a encenderla poco después.

Desprenderse de su presencia había sido difícil y, conseguido, había sido inútil; la necesidad de volver a estar entre sus brazos había regresado de inmediato.

Había dormido poco el resto de esa noche, encerrada en su dormitorio y rememorando con delicia e incredulidad cada momento, cada beso y caricia, volviendo a sentir calor ante las más osadas. Sus pezones, su nucleó, su garganta, los lóbulos de sus orejas, sus labios, todo tenía su marca. Su olor, su calor. Revivió cada instante, buscando que quedara grabado en su mente. Sus frases, sus palabras, a veces sucias y excitantes, otras tiernas y admirativas, habían vuelto a sonar en la soledad de su dormitorio. Vaya si sabía cómo colarse en el pensamiento y en la libido de una mujer eso era seguro. Un cuerpo esculpido, atlético y musculoso, forjado para abrazar, envolver, levantar. Se deleitó una y otra vez en la memoria de sus dedos recorriendo el pecho amplio, su pack de abdominales tan marcados y esas largas piernas, tatuadas.

Había sido todo un espiral de emociones, deseos y acciones y volvían una vez y otra también, dificultando su sueño y ahora su trabajo. No importaba qué pudiera decir Bratt ni cuantas veces bostezara, valía mil veces la pena no dormir para vivir, para disfrutar un hombre como él. Le parecía un milagro que alguien tan impactante como Milo, un diez en todos los sentidos, la deseara cómo le había demostrado que lo hacía.

No había dobleces en la forma en que la tomaba y en las expresiones de su mirada. Eran lujuria y deseo puro los que lo empujaban a explorarla y a hacerla correr sin parar. Todo nervio, toda indecisión y duda se habían disuelto entre sus brazos, durante las horas que habían compartido. La había hecho sentir enaltecida, valorada, atesorada. Algo invaluable para ella, acostumbrada a ir detrás y recibiendo conmiseración y burlas. No es que fuera la constante, en verdad. Era el remanente de años de burlas y no apreciación en su adolescencia, cuando los chicos iban por las esbeltas y perfectas y ella era alguien de quien burlarse. O el premio consuelo de quien la deseaba, pero no quería exponerse al ojo del público. El mensaje de Sharon cortó sus pensamientos. Con emoticones y muchos signos admirativos le recordaba que había olvidado la consigna de conectarse cada hora, luego de hacerlo al comienzo de la noche.

REGINA. ¡¡Lo lamento!! Es que fue una noche tan particular, tan mágica, que perdí toda referencia, contestó de inmediato.

Había visto la serie de mensajes de Sharon por la mañana, los últimos breves, y había respondido entonces con un breve Estoy bien. Ahora, su amiga comenzó a encadenar demandas de detalles. Sabía que de no haber tenido que trabajar en el hospital la hubiera tenido a primera hora en la cafetería. Debía estar en un momento de tranquilidad de su guardia, pues los mensajes llegaron sin descanso.

SHARON. Quiero detalles. Jugosos, exhaustivos, escabrosos. ¿Es tan imponente como se ve? Supongo, por el silencio de tu celular toda la noche, que debe haber sido espectacular. ¿Sexo sin parar? ¿No te pidió nada raro? ¿Nada de tríos o hamacas sexuales o juguetes?

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