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La Esposa que Quemó su Pasado romance Capítulo 53

Nerea no se fue de inmediato. Antes de salir, se acercó a la ventana de la habitación de la señorita Pilar y, con un gesto ágil, hizo un sencillo nudo en la cortina azul claro, dándole forma de flor.

Ese nudo tan simple combinaba perfecto con la tela, y de repente el cuarto se llenó de una calidez especial, como si hubiera llegado un poco de hogar. Antes de irse, Nerea también alisó la funda del sofá y colgó cuidadosamente el abrigo y el bolso que la señorita Pilar había dejado desordenados.

Solo después de asegurarse de que todo quedara impecable, salió de la habitación.

—Señorita Pilar, si necesita algo, solo llame al encargado, ¿sí?

La señorita Pilar, cruzada de brazos, la miró trabajar y, por primera vez en todo el día, su expresión se suavizó.

—Eres una gerente muy capaz —comentó, soltando un suspiro que sonó a alivio.

—Gracias por el cumplido. Me retiro, le deseo una excelente estancia.

Nerea salió y, al cerrar la puerta, notó que solo Rebeca la esperaba afuera.

Rebeca le sonrió.

—Me doy cuenta de que no necesito darte ninguna capacitación. Lo hiciste increíble. ¿Ya habías trabajado en algo parecido?

—No, después de la universidad me casé —contestó Nerea.

—¿Entonces cómo aprendiste todo esto?

—Mi papá tenía un hotel cuando yo era niña. Literal, crecí entre habitaciones y huéspedes.

—¿Y el zoológico también lo aprendiste ahí?

¿Zoológico? Nerea se quedó pensando un momento. De pronto recordó los animalitos de tela que acababa de hacer para la señorita Pilar.

—Eso fue por mi mamá —explicó, con una sonrisa nostálgica—. Ella era muy creativa y siempre inventaba decoraciones para el hotel. A los clientes les encantaban.

—Ya veo. Y, ¿por qué no seguiste en el hotel de tu familia? ¿Por qué buscar trabajo aquí?

La sonrisa de Nerea se desvaneció poco a poco.

—El hotel de mi papá... lo vendieron.

—Vaya, lo siento.

—No hay problema, así es la vida —respondió Nerea, intentando restarle importancia.

Rebeca cambió de tema.

—Hay otra habitación que probablemente necesitará atención especial de tu parte.

Nerea pensó en otro huésped complicado, así que asintió sin más.

—Ya soy la gerente del Edén de Lujo, lo que haga falta es mi responsabilidad. Llévame, por favor.

Subieron juntas hasta el último piso.

En la azotea estaba la suite presidencial, con terraza privada y una piscina al aire libre. Solo gente de mucho dinero se hospedaba ahí.

—El huésped pidió especialmente una fila de animalitos de tela. Te encargo que los hagas —dijo Rebeca.

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

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