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La esposa de Blackwood romance Capítulo 99

La alarma sonó a las seis en punto. Puntual. Implacable. Me incorporé de golpe, con el corazón acelerado, como si hubiera estado esperando que él entrara por la puerta en cualquier momento para apagarla con un beso en la frente.

Me quedé sentada en la cama un minuto entero, escuchando. Nada. Solo el zumbido lejano de la ciudad que empezaba a despertar. Me obligué a moverme.

Ducha rápida. Agua fría para despertarme del todo. Me vestí con lo primero que encontré. Hoy no tenía ganas de ser vista. Me miré al espejo. Cara de pocos amigos. Perfecto.

Desayuné de pie en la isla de la cocina, café negro, tostada sin untar, un plátano que me comí a mordiscos. Miré el sitio donde él solía sentarse, con su taza de espresso doble y el periódico digital abierto en la tablet. Lo imaginé allí, con el ceño fruncido, tecleando algo en el móvil mientras yo le servía el café. Sacudí la cabeza. Basta.

Cogí el bolso, las llaves, el abrigo. Antes de salir miré el estudio. La puerta seguía cerrada. No entré. No quería ver el dibujo roto en la basura ni el cuaderno tirado sobre la mesa.

Bajé en el ascensor. El portero me saludó con su “buenos días, señora Blackwood”. Le devolví un gesto breve. Afuera hacía frío. Caminé hasta la parada del metro porque hoy no quería chófer, no quería que nada de él y sin embargo lo tenía todo de él. Que contradictorio. Me senté en el vagón, auriculares puestos, música instrumental sin letra. Miraba por la ventana sin ver nada.

En la oficina todo seguía igual. Mi escritorio impecable. Me senté, encendí el ordenador y abrí el correo corporativo.

Allí estaba. Asunto: “Tareas pendientes – fin de semana”. Enviado a las 21:47 de anoche. Desde el aeropuerto, seguramente. O desde la sala VIP. Lo imaginé sentado en una butaca de cuero, con el portátil abierto sobre las rodillas, el ceño fruncido, tecleando furiosamente mientras esperaba la llamada para embarcar. Obsesivo. Mandón. Incapaz de desconectar aunque estuviera a punto de subirse a un avión.

Abrí el correo.

Lista numerada. Precisa. Sin emoticonos. Sin “por favor”. Solo órdenes disfrazadas de eficiencia.

Revisar y aprobar el informe de cumplimiento normativo Q1 – plazo: lunes 12:00.

Coordinar con Legal la firma pendiente del contrato con la consultora Americana – adjunto minuta actualizada.

Preparar presentación ejecutiva para la junta del martes: slides 8 a 14 (proyecciones LATAM) – incorporar datos nuevos del viernes.

Confirmar cita con auditor externo – miércoles 10:00, mi despacho.

Revisar bandeja de entrada de prensa: filtrar cualquier mención a la operación en Lisboa y reenviar solo las relevantes.

Recordar al equipo de finanzas que el cierre de trimestre debe estar listo antes del jueves.

Al final, una línea sola:

“Gracias. Hablamos el lunes.”

Ni un “te echo de menos”. Ni un “cuídate”. Solo “gracias” y “hablamos”. Como si yo fuera una extensión más de su agenda.

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