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La esposa de Blackwood romance Capítulo 97

Sebastián se levantó despacio del suelo, con las rodillas crujiendo apenas en el silencio del estudio. Me miró una última vez con los ojos todavía cargados de ese remordimiento que no sabía cómo expresar del todo y murmuró un “te quiero” que sonó más a despedida que a promesa. Luego se dio la vuelta. La puerta del estudio se cerró con un clic suave, casi inaudible, y el ático volvió a tragarse cualquier sonido.

No oí nada más.

Me quedé sentada en el sillón orejero, con la espalda recta, las manos apretadas en el regazo. La tarjeta negra seguía fría entre mis dedos. La dejé caer sobre la mesita auxiliar sin mirarla. No la quería tocar más. No quería sentir su peso de culpa plastificada.

Pasaron minutos. O tal vez horas. El tiempo se volvió viscoso. Afuera, la ciudad seguía su ritmo indiferente, sirenas lejanas, cláxones amortiguados por los cristales dobles de alta eficiencia energética, el rumor constante del tráfico que nunca paraba. Dentro, nada.

Me levanté por fin. Las piernas me temblaban un poco, como después de una carrera que no recordaba haber corrido. Crucé el estudio y abrí la puerta con cuidado, casi esperando verlo todavía ahí, en el pasillo, con la maleta a medio hacer, cambiando de opinión.

El pasillo estaba vacío. Las luces tenues automáticas se encendieron al detectar mi movimiento, bañando todo en un tono cálido y falso de bienvenida. El vestíbulo principal también estaba intacto, el perchero con su chaqueta favorita todavía colgada, el zapatero con sus zapatos impecables alineados. Pero el maletín ya no estaba en el suelo. Y la maleta… tampoco.

Fui al dormitorio principal. La cama estaba hecha con precisión quirúrgica. En el armario, un hueco perfecto donde había estado la maleta de viaje. Las camisas seguían colgadas por colores, las corbatas enrolladas como si nada hubiera pasado. Solo faltaba él. Y esa ausencia era más ruidosa que cualquier portazo.

Volví al estudio. Cerré la puerta otra vez y me senté frente a la mesa de dibujo. Saqué la caja de carboncillo y el cuaderno de papel.

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