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La esposa de Blackwood romance Capítulo 101

Bajé al estacionamiento subterráneo. Las luces fluorescentes parpadeaban un poco, como si el edificio también estuviera cansado. El garaje estaba casi vacío a esas horas, el Mercedes de Sebastián, el Range Rover que usaba el chófer, un par de plazas reservadas para visitas que nunca venían.

Sostuve el mando frente a mí como si fuera un artefacto alienígena a punto de explotar. Tenía demasiados botones para algo que, en teoría, solo debía abrir y cerrar puertas. Fruncí el ceño, intentando recordar cuál era el correcto, pero todos me parecieron iguales.

Suspiré.

—Bueno… que sea lo que Dios quiera —murmuré.

Presioné uno. Cualquiera.

Durante una fracción de segundo no pasó nada… y luego lo escuché.

El motor de un Audi rugió con ese sonido grave y elegante, contenido pero poderoso, como si despertara de un sueño profundo solo porque yo lo había llamado. Las luces delanteras parpadearon y el tablero se iluminó con un destello limpio y moderno.

Este era más bajo, más deportivo, con unas llantas que parecían demasiado grandes para ser prácticas. Audi RS e-tron GT, leí en la placa trasera cuando me acerqué lo suficiente. Nunca lo había visto. ¿Cuándo lo había comprado? ¿O era uno de esos caprichos que guardaba para "cuando tuviera tiempo"?

Me quedé inmóvil, con el pulso acelerado y el botón todavía hundido bajo mi dedo, como si acabara de activar un misil en lugar de un auto.

—Oh… —susurré, entre sorprendida y orgullosa.

Una sonrisa lenta se dibujó en mis labios. No tenía idea de qué botón había presionado, pero el coche estaba encendido. Y por alguna razón absurda, me sentí poderosa. Como si el simple gesto de apretar al azar hubiera sido, en realidad, una decisión calculada.

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