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La Desaparición de la Esposa Hacker romance Capítulo 84

Es Rosario.

Mariano no perdió ni un segundo: llamó de inmediato al doctor y a las enfermeras, quienes llegaron corriendo para atender a Rosario y la llevaron directo a la sala de urgencias.

Después, Mariano regresó al cuarto del hospital en el segundo piso.

Begoña estaba acurrucada en una esquina junto a la ventana, con la mirada perdida, como si toda su energía se hubiera esfumado.

Al verla sana y salva, Mariano sintió cómo el peso en su pecho se aligeraba. Por fin pudo respirar.

Se acercó y la rodeó con los brazos, abrazándola con fuerza, como si temiera perderla otra vez.

Begoña se quedó paralizada unos segundos, pero después se recostó suavemente en el pecho de Mariano. Su voz, quebrada y apenas audible, rompió el silencio.

—¿Cómo está ella?

—La están operando —le respondió Mariano, sin levantar la voz.

Begoña, apoyada en su hombro, respiró ese aroma tan familiar que tanto la calmaba.

—Ella quiso empujarme por las escaleras. Yo logré apartarme y... terminó cayendo sola. Fue su propio error.

Sus palabras sonaban como si se las confiara a un familiar cercano, como si por fin soltara el peso de la verdad.

Pero el cuerpo de Mariano se tensó de inmediato al escucharla.

—Eso no importa. Lo único que me preocupa es que tú estés bien —dijo, apretándola aún más.

—Pase lo que pase, no voy a dejar que nada te pase.

Las pestañas de Begoña temblaron, y por un momento, en sus ojos apagados apareció un destello de lucidez.

Se dio cuenta: él no le creía. Antes, sin importar lo que sucediera, Mariano siempre estaba de su lado. Ahora ya no.

Mariano ayudó a Begoña a incorporarse. Ella, al hacerlo, miró hacia afuera, hacia el poste eléctrico frente a la clínica, y notó la cámara de vigilancia que apuntaba justo hacia la ventana.

Pero de inmediato se encogió de hombros. ¿Para qué molestarse en probar su versión? Quien quiera creerle, lo hará. Y quien no, aunque vea la verdad con sus propios ojos, nunca cambiará de opinión.

En ese momento, Patricio y Maribel irrumpieron en la habitación. Maribel señaló a Begoña y comenzó a gritar con furia.

—¡Eres una desgraciada!

Con el rostro descompuesto por la rabia, Maribel se abalanzó sobre Begoña y la tomó de la camisa.

—Si me odias, ¡entonces ven contra mí! ¡Pero por qué aventaste a Rosario? ¡Ella es tu hermana!

—¡Está embarazada! ¿Cómo puedes ser tan cruel?

Mariano apartó la mano de Maribel de un golpe y protegió a Begoña, poniéndose frente a ella.

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