Iván llegó un poco tarde a la oficina, con cara de no entender nada, y soltó de la nada:
—Marga, ¿qué hiciste ahora para que la cuñada esté tan dolida?
—De veras que no tienes consideraciones, bien sabes que la cuñada no anda bien de salud.
—Menos mal que ya corté contigo y ahora ando con Rosario.
Iván, buscando quedar bien con Mariano, se esforzaba ante Begoña por dejar clarísimo que él era el novio de Rosario.
Begoña, al escuchar eso, no pudo evitar sentir una mezcla de tristeza y burla hacia sí misma.
Mientras tanto, Margarita tenía la cara volteada a un lado por el golpe recibido, los cabellos desordenados le cubrían parte del rostro, y la mano que colgaba a su costado estaba cerrada en un puño tan apretado que los nudillos se le pusieron blancos.
En toda su vida, nadie la había golpeado.
Y hoy, Begoña se atrevió a darle esa humillación.
En ese instante, Margarita juró que algún día le devolvería el golpe con creces, diez, cien veces más fuerte. Soltó el puño, cubrió con la mano la mejilla adolorida y levantó la cabeza. Los ojos llenos de lágrimas la miraban con una inocencia fingida, directo al rostro molesto de Begoña.
—Bego, ¿por qué me pegaste?
Catalina y Mariano, que estaban ahí mismo, casi dejaron de respirar; ninguno sabía cuánto había escuchado Begoña.
Ella retrocedió tambaleándose hasta chocar con la pared antes de poder recuperar el equilibrio. Sus ojos pasaron de uno a otro, viendo las caras irreconocibles, deformadas por la culpa y el miedo. No podía creer que, incluso a estas alturas, ninguno aceptara su error. Solo seguían tanteando su reacción.
Begoña sentía unas ganas enormes de gritarle a Margarita, de preguntarle por qué le había hecho esto.
De pronto, una idea fea y venenosa le explotó en la mente. Le costaba trabajo soportarla.
¿Acaso Margarita le presentó a Rosario a Catalina solo para separar a Mariano de ella?
¿Margarita estaba enamorada de Mariano, pero siempre se la pasaba diciéndole que solo eran amigos y animándola a aceptar el cortejo de Mariano?
¿Qué clase de persona era esa?
¿En todo este tiempo, Margarita la había considerado realmente su amiga?
Pensar en su vida hasta ese momento la llenó de amargura. Había entregado la mitad de su corazón a Margarita, la otra mitad a Mariano.
Ya no pudo seguir viéndolos. Se fue tambaleando fuera de la oficina, todo le daba vueltas; sentía que el mundo se le venía abajo.
De pronto, unos brazos la rodearon por la espalda. No importaba cuánto luchara, no podía soltarse.
Alguien la giró. Era Mariano, mirándola con esos ojos llenos de preocupación y tristeza. Cada palabra suya le quemaba el alma.

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