Sin embargo, Mariano jamás iba a permitir que él se acercara de nuevo a Begoña.
Mariano tomó a Begoña y la sacó de la Universidad Real de Santa Fe.
Al regresar al edificio de Grupo Guzmán, Margarita salió a su encuentro.
—Bego, te marqué como diez veces, ¿por qué no contestaste ni una sola llamada?
—¿Y qué es lo que quieres conmigo? —la voz de Begoña sonaba distante, sin mostrar interés alguno.
—Mariano detuvo la colaboración entre Grupo Guzmán y Grupo Velasco —Margarita lanzó varias miradas acusadoras a Mariano, segura de que él era el responsable. Desde siempre, Mariano había pensado que Grupo Velasco no tenía la capacidad para llevar los proyectos de Grupo Guzmán y buscaba la forma de sacarlos.
—Ayúdame a pedirle a Mariano que recapacite.
Mariano frunció el ceño y miró a Begoña, esperando su reacción.
—Yo fui la que canceló la colaboración entre Grupo Guzmán y ustedes —dijo Begoña, su voz tan neutral que parecía de piedra—. No fue él.
—¡Bego! —Margarita alzó la voz, perdiendo el control—. ¿Por qué haces esto?
El tono escandaloso de Margarita solo logró que Begoña se fastidiara aún más.
—Grupo Velasco no da el ancho.
—¿Qué? —Margarita no daba crédito.
—Tú antes no decías eso. Me asegurabas que, si yo me esforzaba, Grupo Velasco saldría adelante —Margarita estaba tan impactada por la decisión de Begoña que se le quebraba la voz.
—Probamos varios proyectos y ninguno funcionó. Aunque te esfuerces, no va a servir de nada —Begoña ya no quería que esa gente que tanto la había decepcionado siguiera aprovechándose de ella.
No tenía ganas de seguir discutiendo con Margarita.
Pero Margarita, sin soltarla, le agarró la mano con desesperación.
—¡Bego, somos amigas de toda la vida! Siempre me ayudaste a gestionar los proyectos, ¿cómo que ya no quieres?
Begoña la miró directo a los ojos, notando la inseguridad de Margarita.
—Ya no quiero ayudarte.
Con fuerza, apartó la mano de Margarita de su brazo.
Solo de pensar en Margarita y Rosario sentadas, platicando felices mientras tomaban bebidas preparadas, a Begoña le pesaba el corazón. Ya no estaba dispuesta a seguir aguantando.
Margarita perdió el equilibrio y cayó al suelo, lanzando un grito de dolor.
—¡Bego, no me puedes dejar así!
Se volvió hacia Mariano, suplicante.

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