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La Desaparición de la Esposa Hacker romance Capítulo 69

—Señora, ¡esto no hay forma de explicárselo a Mariano! —dijo el gerente del área de negocios, con la voz temblando por el teléfono.

—Una pila de cuentas podridas, una bola de parásitos... Hay que sacarlos de raíz. Si Mariano va a estar feliz o no, la verdad no lo sé. Pero te aseguro que los del consejo directivo van a estar encantados —replicó Begoña, sin un dejo de duda en su voz.

—Esto... —El gerente no supo cómo negarse de frente. Solo pudo aceptar, aunque por dentro le hervía el estómago. Apenas colgó con Begoña, de inmediato le marcó a Mariano.

...

En ese preciso momento, Mariano seguía parado afuera del departamento.

Los guardaespaldas ya habían traído todas las maletas de Begoña desde la casa grande. Mientras él tocaba la puerta, su celular vibró con la llamada del gerente.

—Señor Mariano, la señora acaba de cancelar una inversión y cortó la cooperación con dos grupos —empezó a explicar el gerente, pero Mariano ya estaba perdiendo la paciencia.

—Lo que diga mi esposa, es lo que yo digo. Haz las cosas como ella te indique —cortó Mariano, de plano, justo cuando la puerta se abrió.

—Amor, te traje tus cosas —dijo Mariano, empujando la maleta para entrar, pero Begoña ni un paso le dejó dar.

Sin más remedio, Mariano dejó la maleta frente a ella.

—Amor, voy a dejar dos guardaespaldas aquí afuera de tu puerta. Descansa tranquila. Yo me regreso, porque Agustín no nos ha visto en todo el día y seguro ya está haciendo berrinche.

La única respuesta que obtuvo fue el portazo que retumbó en el pasillo.

...

A la mañana siguiente, quienes aparecieron frente al departamento de Begoña no fueron otros que Ofelia y Tamara.

Ofelia tenía los ojos hinchados de tanto chillar; Tamara, con su carita llena de marcas de uñas, se veía desconsolada.

—Cuñada, en el kinder unos niños molestaron a Tamara porque dicen que no tiene papá. Tienes que defender a Tamara, por favor —suplicó Ofelia, sujetando la mano de la niña.

Begoña no tenía ganas de lidiar con Ofelia, pero Tamara... a esa niña la había visto crecer. Cuando perdió a su hija, fue Tamara quien le dio consuelo. Así que se agachó, acariciando la mejilla de Tamara con ternura.

—Tamara, ¿te duele?

Tamara negó con la cabeza, aunque las lágrimas seguían colgando de sus pestañas.

—Dime quién te hizo eso. Díselo a tu tío, tu tío no va a dejar que te hagan daño —prometió Begoña, mientras se alistaba para ir al evento de Álvaro y no quería distraerse con otros asuntos.

—Cuñada... —sollozó Ofelia, aferrándose a la mano de Begoña—. Mi hermano no volvió en toda la noche, ni siquiera contesta el teléfono.

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