Simón también se sentó al lado de Begoña, dejando caer la mano de manera natural sobre el costado de su pierna, como si fuera un águila protegiendo a su polluelo. Parecía que el hombre que estaba de pie frente a ellos, con ese aire tan amenazante, era un cazador al acecho.
Simón le lanzó una mirada a Mariano.
Betina no tardó en intervenir.
—Hermano, Begoña, Mariano vino a disculparse.
—Vio que Begoña estaba preocupada por ti, hermano, y quiso llevarla en helicóptero al hospital, pero en el camino pasó lo del accidente y Begoña terminó en el mar —explicó Betina, parándose junto a Mariano.
—No me imaginé que el señor Mariano fuera tan servicial —comentó Carla después de escuchar la explicación de Mariano, notando que su ánimo mejoraba.
—Mamá, cuando yo estudiaba en Nueva Almería, la señora Catalina siempre me apoyó mucho. Ahora que Mariano vino, pensé que podríamos invitarlo a quedarse en casa.
Al escuchar esto, Begoña se inclinó instintivamente hacia Simón, como si buscara calor tras sentir un escalofrío.
La mano de Simón, que descansaba sobre el costado de la pierna de Begoña, la rodeó levemente. A través de la tela delgada sentía el calor de él, y lejos de incomodarla, eso la hacía sentirse protegida y en paz.
Ese pequeño gesto se le clavó a Mariano como una espina.
Con esfuerzo, apretó el puño a un costado de su cuerpo, mientras una oleada de rabia le subía a la cabeza.
Sabía muy bien que si confesaba la verdadera relación entre él y Begoña, la familia Pascual jamás lo aceptaría y cada vez sería más difícil acercarse a ella.
Y, por lo que veía, la familia Pascual tampoco tenía idea de que Begoña era su esposa.
Carla continuó:
—Por supuesto, tenemos que ser buenos anfitriones con el señor Mariano. Además, justo ahora la familia Pascual está de fiesta: Simón y Begoña van a casarse. Señor Mariano, mejor quédese y acompáñenos a celebrar con una copa.
Carla no podía estar más contenta.
Aunque, en el fondo, se preguntaba por qué su hijo había cambiado de opinión tan de repente.
Decidió no darle vueltas al asunto.
Antes de que Mariano pudiera responder, Simón ya había tomado la palabra, con un tono tan seco que cortaba el ambiente.
—No es apropiado. Acompañaré al señor Mariano a la puerta.
Betina, molesta, dio media vuelta, pisando fuerte mientras se metía en la casa. Sentía que su hermano le arruinaba a propósito cualquier oportunidad de estar cerca de Mariano.
Carla también notó la hostilidad de su hijo hacia Mariano. Al ver la reacción de Betina, pensó que simplemente no aprobaba un acercamiento entre ellos.
Mariano, tras echar un vistazo a los agentes encubiertos que vigilaban por todos lados, miró a Begoña y salió del lugar junto a Simón.
Ya en la entrada, Simón se plantó frente a Mariano, quien quedó un escalón más abajo. La presión que emanaba Simón llenaba el ambiente.

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