La mirada de Mariano era como una flecha clavada en Álvaro.
—¡Agárrenlos a todos! —ordenó.
Los guardaespaldas, atentos a su voz, rodearon de inmediato a Álvaro, su hijo y Santiago, bloqueando cualquier posible escape.
Begoña giró la cabeza, buscando la mirada de Joaquín.
El niño, con la carita llena de lágrimas, no pudo ocultar su angustia.
—Señorita, yo no fui… —su voz tembló—. Fue Agustín quien me empujó a la piscina. Él mismo también cayó porque perdió el equilibrio.
Álvaro, intentando tranquilizarlo, le dio unas palmadas en la espalda y miró a Begoña.
—Yo confío en mi hijo. Él nunca mentiría —afirmó, con voz firme.
Begoña se detuvo un instante, enfrentándose a los ojos sinceros de Joaquín. No creía que el niño fuera capaz de mentir, pero con Agustín inconsciente, toda su atención estaba en él. Sin mirar más a Álvaro y los suyos, dio una instrucción rápida:
—No les hagan daño. Esperaremos a que Agustín despierte y entonces veremos qué pasó.
Mariano se acercó a ella, tomándola de la mano con dulzura.
—Llevar a Agustín al hospital es lo más importante ahora.
Begoña, al ver el rostro pálido de Agustín, sintió que el corazón se le encogía. Asintió, sin poder evitar la preocupación.
De pronto, Agustín frunció el entrecejo y abrió los ojos, desorientado. Al ver a Begoña, su voz quebrada soltó un lamento:
—Mamá, tengo miedo…
Sin poder contenerse, Begoña lo abrazó con fuerza. La angustia reprimida estalló en lágrimas que empaparon su cara.
—¡Agustín, qué bueno que despertaste! —exclamó, aliviada.
Madre e hijo se fundieron en un llanto que arrastró a todos con su intensidad.
Mariano envolvió a Begoña en sus brazos y besó su cabello.
—Ya no te preocupes. Agustín ya despertó. Pero igual hay que llevarlo al hospital para asegurarnos de que está bien.
Miró a Álvaro con una sonrisa triunfante, sus ojos reflejando una satisfacción apenas disimulada.
—Sí —dijo Begoña, levantando a Agustín en brazos y soltándolo a regañadientes.
Álvaro se agachó junto a Joaquín y le susurró algo al oído. Joaquín, sin dudarlo, gritó:
—¡Señorita, pueden revisar las cámaras! Las cámaras pueden demostrar que digo la verdad.
Begoña se detuvo en seco.
Agustín, acurrucado en sus brazos, comenzó a quejarse con voz mimada.

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