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La Desaparición de la Esposa Hacker romance Capítulo 117

—¡Yo no tengo la culpa! ¡Joaquín es un chamaco sin mamá! Él no tiene madre y aun así quiere quitarme la mía, es un niño malo. ¡No hice nada malo al empujarlo! —gritó Agustín fuera de sí, con la voz rota de rabia y una sombra de lástima—. ¡Tú eres mi mamá, no la de él! ¿Por qué lo defiendes y me regañas a mí?

Begoña, al ver que su hijo seguía encaprichado, se sintió tan frustrada que apenas podía respirar.

—Si hoy no le pides disculpas a Joaquín, dejas de ser mi hijo.

Esa frase, Agustín la había oído antes.

La primera vez fue por Tamara.

Y ahora, la segunda, por Joaquín.

Sintió un vacío en el pecho. Para su madre, él nunca era suficiente.

Al levantar la vista, vio a Rosario de pie en la esquina. Sin pensarlo, corrió hacia ella y le tomó la mano.

—Si tú no me quieres, entonces yo tampoco te quiero. Quiero que la señorita Rosario sea mi mamá.

Verónica, que no se despegaba de Rosario, rápidamente sujetó la mano de Agustín y, con una actitud desafiante, miró a Begoña. Se estiró el párpado inferior, le sacó la lengua y hasta escupió, gritando:

—¡Mala mujer! ¡Agustín ya no te quiere!

Un bofetón retumbó en el salón.

Verónica cayó al suelo de golpe, con la cara ardiendo por la marca de la mano. Quiso llorar, pero al ver la mirada furiosa de Mariano, se contuvo y solo pudo sollozar bajito.

—Chiquilla malcriada, ¿quién te dio permiso de insultar a una persona mayor? —Mariano no toleraba que nadie hablara mal de Begoña, ni siquiera su propia hija.

Rosario, asustada, abrazó a Verónica y la protegió, apartando a Agustín.

Agustín, aún procesando el rechazo, miró incrédulo a Rosario.

—¿También tú me vas a abandonar, señorita Rosario? ¿No que querías ser mi mamá?

Sus palabras hicieron eco en el salón y muchos no pudieron evitar murmurar.

—¿No que Rosario es hermana de la señora Guzmán? ¿Cómo va a dejar que su propio sobrino la llame mamá? La señora Guzmán le ha dado de todo, hasta la apoyó en su boda y le dio regalos... ¿por qué permite que su hija insulte a los demás? De veras, qué desagradecida.

—Dicen que esa niña antes estaba registrada como hija de don Mariano. Si no fuera porque Iván se va a casar con ella, ya hasta dudaría de quién es la hija en verdad. Mírale los ojos, igualitos a los de Mariano.

Entre los chismes, la señora Barrera, apretando un vaso de jade, lo estampó contra el suelo. Su mirada sombría se clavó en Rosario.

Rosario, sintiendo la presión de tantas miradas, bajó la cabeza y colocó a Verónica detrás de sí.

Mariano, notando el disgusto de la señora Barrera, frunció el ceño con fuerza. Sin más, arrastró a Agustín frente a Joaquín.

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