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LA DESAFIANTE ESPOSA DEL JEQUE ¡Embarazada por error! romance Capítulo 5

C5: ¿YA NO SIENTES NADA POR ÉL?

El avión aterrizó en Riad cuando el sol comenzaba a caer.

Desde el auto, Mariam observó el paisaje que se abría frente a ella: el desierto extendiéndose como un recuerdo que nunca se había ido, las carreteras amplias, los edificios modernos levantándose junto a construcciones antiguas, una ciudad creciendo sin pedir permiso, igual que ella había tenido que hacerlo.

El trayecto fue silencioso.

Zayd miraba al frente, serio, impenetrable, Mariam apoyó la mano en el vidrio tratando de entender cómo en cuestión de horas, su mundo había dado la vuelta completa.

Había crecido en esa tierra.

Mariam Sabag había sido una chica con sueños, una ingenua que pensó que el amor podía cambiarlo todo, porque su amor por Zayd nació el día en que lo salvó. Había sido un accidente en el desierto, un vehículo volcado, fuego, gritos, pero ella había corrido sin pensar, había sostenido su herida.

Zayd despertó días después sin recuerdos… y se enamoró de Jade, pronto entendió que su prima se había llevado el crédito de lo que ella había hecho.

Pero eso no la detuvo y estúpidamente, forzó un compromiso.

Su padre una de las personas más influyentes en Riad, presionó donde debía y con un compromiso en puertas, Mariam creyó que podía hacerlo recordar durante su matrimonio, que podía ganar su corazón con tiempo y paciencia, pero lo único que obtuvo fue humillación y desprecio.

Soportó cuando Zayd pospuso la boda una vez.

Luego otra.

Y una tercera.

Hasta que decidió convencerse de que estaba perdiendo su vida.

Por eso eligió liberarlo… y liberarse ella.

Hasta ahora, cuando el destino volvía a ponerlos frente a frente.

Cuando llegó a su antigua casa, su padre fue el primero en quedar a la vista. Alto, rígido, con el rostro severo de un hombre acostumbrado a mandar y a no ser contradicho. Sus ojos la recorrieron sin afecto. Detrás de él estaba su madre, más pequeña, vestida con lujo, pero con las manos entrelazadas con nerviosismo y los ojos brillantes como si no se atreviera a creer lo que veía.

Mientras que Einar su hermano permanecía apoyado contra la pared, impaciente, con una sonrisa apenas contenida. Y Noura, su hermanita, estaba al fondo, abrazada a una muñeca y observaba a Mariam como si fuera un sueño.

—Mariam ha aceptado casarse conmigo —Zayd anunció de repente, sacándola de sus pensamientos.

Zayd le había comunicado la situación a Mustafa desde New York. El hombre casi sufrió un infarto, cuando supo las razones para la boda. Para un hombre de su posición, que su hija intentara concebir un hijo mediante inseminación, sola y fuera del matrimonio, no era solo una rebelión: era una mancha imborrable en el apellido.

Sin embargo, el pragmatismo se impuso al orgullo herido. Y por el bien de la reputación familiar, acordaron que la boda se celebraría de inmediato. Manipularían el calendario: el niño sería presentado ante la sociedad como un bebé prematuro o fruto de una unión apresurada pero legítima, asegurándose de que nadie en Riad pudiera contar los meses con precisión.

Mustafa dio un paso al frente y el aire parecía vibrar bajo el peso de su desaprobación. Miró a Mariam no como a una hija que regresa, sino como a un problema que requiere una solución drástica.

—Espero que seas consciente de la magnitud de tu insolencia —sentenció—. Has caminado por el borde del abismo, dispuesta a arrastrar nuestro honor contigo por un capricho moderno y egoísta. Traer una vida al mundo sin el amparo de un esposo no es valentía, es una traición a todo lo que te enseñé.

Zayd permaneció en silencio, pero algo incómodo se le instaló en el pecho al escuchar esas palabras, pero no quiso analizarlo. Así que endureció el gesto y continuó hablando de fechas, de la boda en dos días, y de la dote que entregaría según lo que dictaban las costumbres.

Al final, todo se dijo como debía decirse.

Sin emociones, sin espacio para réplicas y cuando hubo terminado se marchó, dejando a Mariam con su familia. Pero apenas la puerta se cerró tras Zayd, el padre de Mariam se acercó a ella con pasos pesados y sin previo aviso, su mano impactó contra la mejilla de su hija.

Mariam trastabilló, llevándose la mano al rostro.

—¡Mustafá! —jadeó Amira, la madre de Mariam, llevándose las manos al pecho.

Noura, la hermana menor, se encogió en un rincón, con los ojos abiertos por el miedo.

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