C4: SOLO DE NOMBRE
La humillación ardió en su pecho con más fuerza que el odio, más cuando Zayd sonrió, saboreando su victoria absoluta.
—Sí, te tomaré como segunda esposa, sabes que puedo.
—No voy a hacerlo —soltó Mariam, su voz vibrando con una determinación que nacía desde las cenizas de su orgullo—. No voy a ser tu trofeo de repuesto ni la incubadora de tu linaje.
Por dentro, su corazón era un campo de batalla. Volver a Zayd significaba regresar a un pasado que la había roto. Más si recordaba cómo lo había amado en silencio años atrás, cómo lo buscaba con la mirada en las recepciones de Riad solo para recibir su indiferencia.
Él la había ignorado, tratándola como una niña caprichosa que había forzado un matrimonio y luego cuando lo dejó libre, tuvo que soportar que su propio padre la repudiaba por querer una vida más allá de los muros de su cultura.
Por eso rendirse ahora no era solo volver a él, era volver a la jaula de la que había escapado.
—¿Por qué viniste aquí, Zayd? —preguntó de repente—. Un hombre como tú... en una clínica de fertilidad. Acaso... ¿el todopoderoso Al-Rashid no puede engendrar un heredero de forma natural?
Zayd se tensó y una sombra de incomodidad cruzó sus facciones. Se apartó apenas un centímetro, pero el aire seguía quemando entre ambos.
—Jade no ha podido concebir en dos años —confesó—. El Consejo de Ancianos me exige un sucesor. El linaje no puede morir conmigo. Así que elegí esta clínica en secreto para que nadie en el reino cuestionara mi fuerza.
Mariam entendiéndolo soltó una carcajada ácida, cargada de cinismo.
—¡Vaya! Así que el gran Jeque planea engañar a su propio pueblo. ¡Qué honorable de tu parte! ¿No te da pena engañarlos, mientras les pides lealtad?
—No hables de honor, Mariam, no cuando tú vendes tu imagen al mejor postor. Esto no es un engaño, es una necesidad de Estado. Mi sangre debe prevalecer.
—Sí claro. ¿Y Jade? —continuó ella, tocando el tema más importante—. ¿Cómo piensas llegar a Riad conmigo del brazo? ¿Acaso no es ella el gran amor de tu vida? —Mariam sonrió con una burla dolorosa—. ¿Ella lo sabe? ¿Sabe que vas a meter a otra mujer en su palacio y en su vida solo porque sus entrañas fallaron?
Zayd guardó silencio, y ese silencio fue la respuesta más ruidosa de todas. Se tensó visiblemente; porque sabía que Jade no aceptaría una segunda esposa. Él se lo había prometido cuando se casaron, pero ahora... ahora se trataba de su hijo.
Del hijo que Mariam ya llevaba dentro.
—Lo que Jade sienta o deje de sentir es irrelevante ante el peso de una corona —sentenció—. Está decidido, tú vendrás conmigo porque ese niño es un Al-Rashid.
—¡Pues me niego! No pienso ser parte de este circo —repitió ella, intentando apartarse.
Zayd perdió la paciencia y en un movimiento que le cortó el aliento, su mano rodeó la mandíbula de Mariam con firmeza, mientras la otra se cerraba posesivamente sobre su cintura, pegándola a su cuerpo con una fuerza bruta.


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Los comentarios de los lectores sobre la novela: LA DESAFIANTE ESPOSA DEL JEQUE ¡Embarazada por error!