Entrar Via

La amante despreciada del CEO romance Capítulo 205

Sarah se sentó en el borde de la cama y tomó su mano, entrelazando sus dedos con fuerza. Con tono pausado, le resumió la oscura jugada de su padre, explicándole cómo Arthur había utilizado la maquinaria de su propia corporación para hackear sus cuentas bancarias del pasado y cómo Anthony logró rastrear esa marca de agua digital para acorralarlo en su propio despacho, obligándolo a firmar el desistimiento definitivo bajo la amenaza de hundirlo en prisión por espionaje financiero.

Maxwell escuchó todo en silencio, apretando la mandíbula con impotencia y rabia contenida.

—Ese hombre nunca nos va a dejar en paz —siseó Maxwell, mirando hacia la ventana—. Su obsesión por destruirnos no tiene límites.

—Dominic, que es un genio, se dio cuenta del cabo suelto que dejó mi padre —le aseguró Sarah, acariciándole el dorso de la mano con dulzura—. Fuimos a buscarlo a su casa y todo se solucionó para siempre. No volverá a tocarnos, te lo prometo.

Maxwell entrecerró los ojos, clavando su mirada oscura en ella con un deje de reproche infantil que a Sarah le pareció adorable.

—Ah... ¿te parece un genio Dominic? —rezongó él, ladeando la cabeza.

Sarah soltó una carcajada suave y le dio un tierno golpe en el hombro, divirtiéndose por su reacción en medio de la habitación de hospital.

—No seas tonto y celoso, Maxwell —le dijo, acortando la distancia entre los dos para sellar sus labios en un beso profundo, lleno de la promesa del futuro que tanto habían ansiado—. Apenas te den el alta médica nos iremos directo al apartamento. Te voy a cuidar día y noche.

Una chispa de picardía brilló en los ojos de Maxwell, quien esbozó una sonrisa de medio lado a pesar de la debilidad de su cuerpo.

—¿Y qué tipo de cuidados me vas a dar exactamente? —preguntó él con un marcado doble sentido en la voz.

Sarah sonrió con descaro, acomodándole una de las sábanas sobre el pecho mientras mantenía su rostro a escasos centímetros del suyo.

—Fue un placer conocerte, Doménica —le dijo Gerardo, mirándola con absoluta fijeza—. Tomando en cuenta que la distancia geográfica entre nuestras casas es corta, calcularé un fin de semana para volver a visitarte. Eres muy bonita.

Arthur, que estaba sentado en el suelo, abrió los ojos de par en par y se puso de pie de un salto, interponiéndose entre los dos a toda velocidad. Infló las mejillas con pura indignación y empujó suavemente a Gerardo hacia atrás con ambas manos.

—¡Ya te dije que no calcules nada! —le gritó Arthur, con el ceño fruncido y los puños en las caderas—. ¡Ella ya tiene novio oficial y soy yo! ¡Vete con tus números a otra parte, niño sabelotodo!

Doménica se llevó las manos a la boca para ocultar una risita, encantada por el alboroto, mientras Derek rodaba los ojos en el suelo y seguía rodando su carrito por la pista.

Dominic y Anthony soltaron una carcajada sonora desde la cocina, mientras Grace negaba con la cabeza, divertida por el nacimiento de aquella rivalidad infantil.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: La amante despreciada del CEO