El guardia parpadeó, visiblemente intimidado por el tono imponente de Dominic y la mención de una falta técnica que pudiera arruinar el operativo. Miró la puerta y luego el rostro severo de Dominic, dudando por un instante.
—Cinco minutos —cedió el oficial, haciéndose a un lado y abriendo la puerta—. Si se demora, tendré que sacarlo.
—Es más que suficiente —asintió Dominic, cruzando el umbral a paso rápido antes de que el guardia cambiara de opinión.
Dominic cerró la puerta de la habitación a sus espaldas, dejando al guardia afuera, y se acercó a la cama a paso rápido. Maxwell, al verlo entrar, exhaló un suspiro de alivio, aunque el dolor de su herida aún se reflejaba en su rostro pálido.
—Por fin... —articuló Maxwell con la voz ronca—. Necesito tu ayuda, Dominic. Esto se salió de control.
Dominic se detuvo al borde de la cama, mirándolo con severidad y los brazos cruzados.
—¿De qué demonios te acusan exactamente, Maxwell? —preguntó de frente—. Sarah está destrozada allá afuera. Habla claro.
Maxwell tragó saliva, desviando la mirada un segundo antes de confesar el secreto que había guardado por años.
—Lavado de activos. Cuando inicié mi empresa de logística, no tenía el capital suficiente. Acepté un trato arriesgado con personas del exterior... moví dinero de origen evasivo a través de cuentas fachada en paraísos fiscales para rentar los primeros barcos. En cuanto el negocio dio ganancias legítimas, les devolví cada centavo para limpiar la compañía, pero el rastro se quedó ahí. La fiscalía descubrió las transferencias.
Dominic apretó los puños, sintiendo que la sangre se le congelaba en las venas mientras procesaba las implicaciones legales de lo que acababa de escuchar.
—No puede ser... —soltó Dominic, dando un paso atrás, completamente alterado—. Fusionamos nuestras empresas de logística hace meses, Maxwell. Si la fiscalía congela tus cuentas y abre una investigación penal contra tu firma, van a cancelar las licencias internacionales de comercio. Ahora mismo los puertos no podrán operar. ¡Estamos en serios problemas económicos y legales!
—Cuida a Sarah, por favor —le suplicó Maxwell con la voz quebrada—. No sé cómo la fiscalía se enteró de esto justo ahora. No sé si esa gente del exterior se sintió traicionada o si ellos mismos me vendieron. Tengo miedo de que quieran hacerle daño a ella o a Arthur para callarme.
Dominic se soltó suavemente del agarre y asintió con determinación, con el instinto de protección activado al máximo.
—No te preocupes por eso. La llevaré a la casa de seguridad con Grace y los niños hoy mismo. Ahí nadie va a poder tocarlos. Concéntrate en recuperarte y en hablar con los abogados. Yo me encargo del resto.
Dominic cruzó el umbral de la habitación a paso rápido, cerrando la puerta detrás de sí para dejar al oficial de la policía judicial custodiando el pasillo exterior. Caminó con firmeza hacia la banca de la sala de espera donde Sarah permanecía sentada. En cuanto ella lo vio aproximarse, se puso de pie con cuidado, sosteniendo con firmeza al pequeño Arthur, que continuaba profundamente dormido apoyado en su hombro.
—¿Pudiste hablar con él? —preguntó Sarah en un susurro cargado de angustia, buscando respuestas en los ojos de Dominic—. ¿Qué va a pasar?

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