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La amante despreciada del CEO romance Capítulo 169

Dominic caminó de regreso hacia Grace y la agarró suavemente del brazo para empezar a caminar hacia la salida del pasillo. Sin embargo, apenas dieron unos cuantos pasos, Grace sintió que el pasillo del hospital comenzaba a darle vueltas de manera violenta. Las luces del techo se distorsionaron y el suelo pareció desaparecer bajo sus pies.

Dominic se dio cuenta de inmediato de que ella se detenía en seco, perdiendo el paso. Al mirarla de reojo, notó con horror que se había puesto completamente pálida.

—Dominic... no me siento bien —alcanzó a susurrar Grace, con la voz apagada.

Antes de que Dominic pudiera reaccionar o rodearla con sus brazos, los ojos de Grace se cerraron por completo y su cuerpo se desplomó, perdiendo el conocimiento en un segundo.

—¡Grace! ¡Ayuda! ¡Un médico!

En cuestión de segundos, dos enfermeros aparecieron corriendo con una camilla, subieron a Grace con cuidado y se la llevaron a toda prisa hacia la sala de emergencias. Dominic intentó avanzar detrás de ellos, pero un guardia le contuvo el paso en las puertas de acceso restringido, dejándolo afuera, completamente vuelto loco de la angustia.

Nikolai, al escuchar el alboroto, se acercó a paso rápido, manteniendo su expresión analítica pero con una clara nota de preocupación en la mirada.

—¿Qué ocurre, Dominic? —preguntó el ruso, deteniéndose a su lado.

—No lo sé, Nikolai... Grace se desmayó de golpe —respondió Dominic, pasándose las manos por el cabello, completamente descontrolado—. Ella siempre ha tenido una excelente salud, se cuida muchísimo en todo lo que come, hace ejercicio diario. Dios mío, que no sea nada grave, por lo que más quieras.

Nikolai lo observó en silencio por un instante, cruzándose de brazos con su habitual calma de acero.

—Eres un poco dramático, Pierce —le dijo Nikolai con tono seco pero reconfortante—. Tranquilízate y espera los resultados de los médicos antes de ponerte en el peor escenario.

Dominic apenas lo escuchó. Durante la siguiente media hora, se dedicó a dar vueltas por toda la sala de espera como un león enjaulado, hundiéndose los dedos en los bolsillos, mirando el reloj cada dos minutos y conteniendo el aire cada vez que una puerta se abría.

Por fin, la puerta de emergencias se deslizó y un médico con bata blanca salió al pasillo revisando un expediente.

—¿Familiares de la señorita Grace Scott? —preguntó el doctor en voz alta.

Dominic se quedó completamente congelado, en un shock absoluto. Las palabras del doctor flotaron en el aire mientras su mente ejecutiva se apagaba por completo. Miró un punto fijo en la pared, asimilando la noticia, hasta que la realidad lo golpeó de golpe y una inmensa oleada de emoción le encendió el rostro.

—¿Embarazada? —repitió Dominic, y una sonrisa gigante, como nunca antes se le había visto, se le dibujó en los labios—. ¡Seré papá de nuevo! Un nuevo bebé... Dios mío, un bebé del cual no me voy a perder ni un solo instante de su vida. ¿Puedo pasar a ver a Grace? ¿Ella ya sabe la noticia?

—Sí, ella ya lo sabe y lo está esperando —asintió el médico, señalando el cubículo—. Venga conmigo.

Dominic entró a la habitación a paso rápido, ignorando cualquier rastro de su habitual rigidez. Grace estaba recostada en la camilla, un poco pálida pero con los ojos brillantes, destilando una luz hermosa y una paz absoluta. Al verla, Dominic se acercó directo a ella, se inclinó y la rodeó con sus brazos en un abrazo profundo, lleno de una ternura desbordante.

—Grace, mi amor... un nuevo bebé —le susurró Dominic al oído, con la voz completamente quebrada por la emoción—. Ahora tengo la oportunidad de cuidarte, de estar contigo en todo el proceso, de no dejarte sola ni un segundo. Gracias, gracias, mi vida.

Dominic, bien conmovido y con los ojos empañados por las lágrimas de felicidad, comenzó a llenarle el rostro de besos, recorriendo sus mejillas, su frente y sus labios, celebrando el milagro de una nueva vida que nacía en medio de tanta tormenta.

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