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La amante despreciada del CEO romance Capítulo 131

Grace abrió la puerta y se encontró con la figura de Charlotte Pierce. En la sala, Derek y Doménica dejaron de reír de inmediato; al ver a la anciana, corrieron a esconderse tras las piernas de Dominic, observándola con temor. Charlotte se tensó al notar el miedo evidente que causaba en sus propios bisnietos, una reacción física que le oprimió el pecho.

—¿Otra vez usted? —preguntó Grace con tono gélido—. ¿Qué es lo que quiere ahora?

La anciana guardó silencio un segundo, dejando a un lado la soberbia que había sido su armadura durante décadas.

—Vengo a suplicarte que vuelvas —soltó Charlotte con la voz ronca—, por favor. Eres la única que tiene el poder legal para recuperar la empresa.

Dominic, manteniendo su actuación de amnesia, ladeó la cabeza con una confusión fingida.

—¿Recuperar de qué, señora? —intervino él—. Tengo entendido que la empresa es sólida y exitosa.

La abuela tragó saliva, sintiendo la humillación de tener que explicar su derrota ante el nieto que creía perdido.

—Quizás no recuerdes a tu primo Dustin —dijo ella con amargura—, pero cometí el error de confiar en ese inepto, le di poder y me traicionó vendiendo nuestras acciones.

—No entiendo nada —replicó Dominic, mirando a Grace con firmeza—, pero Grace, no te sometas a los caprichos de esta señora. Ella nos hizo mucho daño.

—No es un capricho, Dominic —rogó Charlotte, desesperada—. Es tu legado, por lo que luchaste sin descanso desde que eras un adolescente.

Dominic clavó su mirada en Grace, transmitiéndole un mensaje silencioso que ella captó al instante. Grace suspiró, enderezando la espalda con autoridad.

—Está bien, volveré —sentenció Grace—, pero que quede claro: usted, Charlotte, no me da órdenes. No aceptaré más interventores ni humillaciones. Si lo intenta, como tengo el poder de la mayoría de las acciones, venderé la empresa y no quedará nada.

—No habrá más humillaciones de mi parte —prometió Charlotte en voz baja, sintiéndose derrotada.

Tomó el lápiz y comenzó a trazar líneas firmes, dejando que su frustración se transformara en arte. Dibujó una gema en bruto emergiendo de una estructura de espinas de oro, un diseño que representaba la belleza que logra sobrevivir al dolor. En medio de ese trance creativo, sacó de un cajón la oferta de Maxwell para ser socios en el negocio de las joyerías.

—No sé qué tan bueno sea esto para mi estabilidad emocional —susurró, recordando la intensidad de su historia con él.

De pronto, el timbre de la entrada interrumpió sus pensamientos. Sarah no esperaba a nadie, abrió la puerta con cautela. Un mensajero le entregó una elegante caja de trufas que ella recibió con sorpresa. Al abrirla, encontró una nota enviada por Maxwell desde San Francisco con un mensaje que la dejó sin aliento:

"Sé que el mundo parece estar cayéndose a pedazos, pero para mí siempre serás la mujer más valiosa. No importa cuántas veces la vida intente apagarte, mi amor por ti sigue intacto, esperando el momento de verte brillar de nuevo. Aquí estoy, para lo que necesites".

Sarah sintió que el corazón le daba un vuelco y la emoción la invadió de nuevo. Con dedos temblorosos, tomó una trufa rellena de pistacho y se la llevó a la boca. Al saborearla, cerró los ojos y dejó que el recuerdo de los detalles que él aún conservaba de ella la inundara.

—No lo olvidaste —dijo en un susurro, sintiendo que quizás podría recuperar lo que dejó ir en el pasado—. Pero aún debes hacer méritos, no caeré tan fácil —aseguró aunque por dentro se estaba derritiendo.

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