——*—— HAWK ——*——
¡Oooooooh! ¡Esto se va a poner demasiado feo demasiado rápido!
Levanto las manos y ella me mira sin comprender.
—Reconocimiento de huellas en los dos paneles laterales —murmuro y ella ve los dos paneles que se extienden junto a los reposabrazos de la silla.
—¡Ponlas! —me apremia y me siento porque sé justo dónde viene el problema.
Las notificaciones desaparecen de la pantalla, pero el sistema está en alerta y apenas quito las manos vuelven a aparecer.
—¡Espera, tienes que dejarlas puestas! —exclama y yo me quedo sin moverme… ¡y ahora es ella la que ve el problema!
El teclado es fijo, no puede retirarse, no hay forma en que pueda teclear una sola orden a menos que se siente encima de mí.
—¡Joder!
—Soy totalmente inocente de esto, pero te quedan menos de dos minutos, bizcochito —le advierto con mi sonrisa más satisfecha y ni siquiera intento esconderla—. Si quieres hacer esa descarga ahora vas a tener que sentarte sobre mí.
—¡Eres un…!
—Tu dignidad por cuatro años de trabajo —suspiro—. ¿Vas a sentarte o no?
Sé que la estoy llevando al límite pero si no se despabila, se quedará sin Trabajo de Grado. Veo la tensión en su rostro, esa resistencia que me jode más de la cuenta.
—¡Al diablo contigo! Me sentaría en tu cara si con eso recupero mi trabajo —rezonga antes de subirse encima de mí y poner ese trasero hermoso sobre mi entrepierna.
—¡Dios se apiade de mí! —murmuro con sarcasmo porque es imposible no reaccionar a lo que tengo encima.
Y este es el problema: ¡el bizcochito trae pantalones harem! No una falda, no pantaloncillos cortos. ¡Pantalones harem! Y sé que estoy jodido porque no debería reaccionar a esto. Pero lo hago.
Mis ojos van a su espalda, a sus caderas, al elástico del puto pantalón que quiero bajarle…
De aquí no salgo sin una erección feroz y ella va a matarme.
No está temblando, pero sus manos se mueven desenfrenadamente por el teclado, sacudiéndola y haciéndome consciente de cada centímetro de ese trasero que está contra mi bragueta.
Puedo imaginarla en esta misma posición… pero sin nada de ropa… con ese cabello que siempre lleva recogido, suelto y enredado en mi mano. Puedo imaginar cómo se movería sobre mi m…
—¡Oh, Dios…! ¡Oh, Dios…! —exhala mientras su cuerpo se tensa y miro mi entrepierna.
No, no es por mí.
Sus manos se cierran sobre las mías, como si necesitara de dónde agarrarse mientras el reloj entra en cuenta regresiva en la pantalla…
...Y entonces la descarga empieza.
Ninguno de los dos respira y eso es malo, porque no pesa mucho ¡pero todo lo suyo está sobre todo lo mío y…!
Inconscientemente su cuerpo se inclina hacia atrás, alejándose de la pantalla en cámara lenta, y cuando su espalda roza mi pecho, el olor de su cabello me arranca un gruñido involuntario.
¡Maldición, parezco un adolescente con abstinencia de sexo!


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