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Jefe Irresistible: Rendida a su Pasión (de Maria Anita) romance Capítulo 952

"Taís"

¡Esa mujer otra vez! Si es que eso realmente era mujer, porque la fuerza que tenía no era normal. ¿Pero qué estaba haciendo ahí? ¿Será que Danilo la puso a trabajar en el Grupo Meléndez? ¿Y esa muñequita de lujo que Rick se apuró a defender, diciendo que era su mujer? Pero mi papá me garantizó que estaba solo y mi papá no solía equivocarse.

Esa monstrua me lastimó, el lado izquierdo de mi cara estaba todo despellejado y me rompió dos dientes, tuve que venir directo al dentista y esto me costaría buen dinero, aunque hubiera buscado un dentista baratito, pero no podría quedarme con los dientes rotos, justamente los de adelante. Y sabía que no serviría de nada que pusiera una denuncia en la policía, todos los que vieron la escena negarían lo que pasó.

—¡Taís, tu turno! —La secretaria del dentista me llamó y entré al consultorio.

—Dios mío, ¿fuiste agredida? —Preguntó el dentista cuando me vio.

—No, me atropelló una moto, pero el motociclista se escapó, afortunadamente no fue nada grave. —Respondí. —Traje los pedazos de los dientes, ¿el doctor cree que se pueden restaurar?

—Déjame ver primero qué pasó. —Habló el dentista e hizo señas para que me sentara.

Evaluó todos mis dientes con calma, demasiada calma. Ya estaba angustiada.

—Sí, señora, la cosa no está bonita. —Habló y me entregó un espejo, ya me puse nerviosa. —Estos dos se rompieron muy arriba, vamos a tener que sacarlos. Y, posiblemente por el impacto, este de acá está flojo, mire. Probablemente se rompió en la raíz y vamos a tener que sacarlo también. Podemos hacer una radiografía para ver la situación real o podemos sacar los tres y ahorrarnos la radiografía. Pero la señora va a necesitar prótesis.

—¿Dentadura? —Me senté de un salto. —¿Está loco?

—No es una dentadura, dentadura es prótesis total, de todos los dientes. —Explicó el dentista solemnemente. —Mire, la señora tiene opciones, podemos hacer un implante, un puente fijo o una prótesis móvil.

—¡Una dentadura! —Me quejé.

—Bueno, depende de cuánto pueda gastar la señora en esto. O puede optar por quedarse sin los dientes si no puede gastar. —El dentista parecía un robot hablando, totalmente sin empatía con mi sufrimiento.

—¿Cuánto cuesta el implante? —Lógico que iba a hacer el implante.

—El que hacemos aquí en la clínica tiene un precio muy bueno. —Comentó e hizo las anotaciones y cálculos en una fichita y después me la entregó.

—¿Todo eso? —Lo miré pensando que me estaban asaltando.

—Y nosotros somos la clínica más barata de la ciudad. —El dentista me miró como si esos dientes realmente fueran baratos.

—¿Y la otra opción? —Quise saber, pues no tenía dinero suficiente para los implantes.

—El puente fijo para los tres dientes cuesta la mitad del valor de los implantes. Pero la prótesis móvil cuesta un tercio de lo que cuesta el puente fijo. ¡Queda mucho más barato! —Me sonrió.

—¡Vamos a hacer el puente fijo, doctor! —Decidí, esto se llevaría prácticamente todo mi dinero, pero se lo cobraría a Rick con intereses.

—Está bien, pero no queda listo el mismo día. Toma algunos meses porque necesitamos esperar que la pieza implantada se fije. Entonces, por un tiempo, va a usar una prótesis provisional. Y, vamos a sacar lo que quedó de esos dientes hoy, vamos a hacer el molde, pero el puente solo va a estar listo en una semana, que es cuando podrá usarlo, después de que le quitemos los puntos. —Explicó el tratamiento y lo miré con ganas de gritar.

—¿Una semana? ¿Voy a estar sin diente por una semana? —Pensé que saldría de ahí con mi problema resuelto.

—No hay manera, señora, necesito sacar las raíces de los dientes rotos y su encía necesita cicatrizar antes de poner la prótesis. —Explicó y por lo menos tuvo la decencia de poner una cara como si realmente lo sintiera mucho.

No era posible que esto me estuviera pasando. Una semana entera sin tres dientes de adelante.

—¡Ay, la colega está ahí, vengan, chicas, vamos a sentarnos con mi nueva colega! —Esa prostituta del elevador gritó y me encogí en la silla.

Esa puta no estaba muy cuerda, ella y dos extrañas más se acercaron y se sentaron sin ni siquiera pedir permiso.

—¡Y qué tal, mana! —Una de ellas, que tenía un cabello negro extraño y una ceja de henna que había salido muy mal ya empezó hablando.

—Mana, ¿qué es eso en tu boca, te hiciste esa cosa que Marcinho les está inyectando a las chicas? ¡Mira, quedó enorme, los tipos van a hacer cola para que les hagas sexo oral! —Esa cosa del cabello rojo hablaba fuerte y sin ningún pudor.

—No tengo idea de quién es Marcinho y ¡ya te dije que no soy puta! —Hablé entre dientes.

—¡Uy, amiga, pero ninguna de nosotras es puta, relájate! —Otra con un cabello amarillo que no sabía definir ni qué tono era habló calmadamente. —¡Nosotras somos profesionales del amor! Mira, ¡hasta tenemos sindicato!

—¡Dios mío! ¡Me lo merezco! —Respiré hondo.

—Colega, quítate esos lentotes, déjame ver cómo me quedan. ¿Los compraste en el puesto de Zureta, verdad? ¡Ay, él vende unos buenísimos! —La del cabello rojo habló y ya estaba poniendo la mano llena de anillos y agarrando mis lentes.

—¡Ay, carajoooo! —La de cabello amarillo me miró horrorizada. —No, amiga, puedes hablar, dinos quién fue el cobarde que te agredió así, dinos. Porque eso tiene cara de ser de esos machos que hacen el programa y no quieren pagar después.

—¡Ay, mana, pero tú tienes que cobrar antes! —Habló la del cabello negro. Tendría pesadillas con esas cejas.

—¡NO SOY PUTA! —Perdí el control, me levanté y salí de ahí, pero todavía oí a la de cabello rojo decir:

—¡Pobrecita, gente, está nerviosa del trauma todavía!

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