"Ricardo"
Tenía poco más de una semana desde que Taís había aparecido en la puerta de la empresa, desde entonces había desaparecido. No sabía qué esperar, pero tenía la certeza de que no se rendiría tan fácil y eso me estaba poniendo nervioso, así como el silencio de Leonel.
Leonel estaba muy callado, desde la audiencia que reveló el ADN, y eso me preocupaba, porque hasta donde sabía, era tan persistente como Taís. Sinceramente, todos callados de esa manera era hasta medio inquietante, nos mantenía en estado de alerta y miedo constante.
Sin embargo, con ese respiro que nos dieron, tuve tiempo de pensar. Anabel me convenció de no despedir a Douglas y Sandra, principalmente a Sandra. Y después de lo que le hizo a Taís, la quería realmente al lado de Anabel para siempre. ¡Esa mujer era realmente un pitbull!
Pero tuve una conversación muy franca con Douglas y Danilo, me molestó que me escondieran algo tan importante, pero, como dijo Ana, ya había pasado mucho tiempo, eso ni tenía importancia y, en su lugar, yo también habría sido reticente a contar. Sin embargo, para Sandra todavía era importante y el ambiente que andaba bueno entre ella y Douglas se agrió otra vez.
Otra cosa en la que anduve pensando fue en la pregunta que me hizo Melissa y llegué a una respuesta. Finalmente había decidido si quería casarme otra vez o no, entonces era hora de pagar otro almuerzo caro a Melissa. Sin embargo, no sería hoy, porque hoy tenía otra cosa muy importante que hacer, era la primera consulta de Ana con Molina para saber del bebé y no me perdería eso por nada.
Aunque fuera sábado por la mañana Molina había programado las consultas para todas las chicas, ya que querían hacer todo juntas durante la gestación. Solo no estarían ahí Lisa y Mel, lo que me parecía una pena, sería interesante ver a todas embarazadas al mismo tiempo. Y estábamos terminando de desayunar cuando llegó un mensaje de Douglas avisándome que el silencio de esos perturbados había llegado a su fin.
—¿Qué pasó, mi corazón? —Me preguntó Ana y la miré sin saber aún qué decir.
—¿Qué? —Pregunté mientras trataba de estructurar en mi cabeza lo que debería hacer para resolver el problema que Douglas acababa de pasarme.
—Recibiste un mensaje e hiciste una carita de disgusto. —Ana señaló y me di cuenta de que no disimulé mi incomodidad con la noticia que recibí.
—Ay, ay... —Respiré hondo, no le mentiría. —Leonel. Está en el portón y quiere hablar contigo.
Vi sus ojos abrirse en sorpresa. Pensó por un momento, bajó los ojos y suspiró.
—Déjalo entrar. —Habló todavía con la cabeza baja.
—Ana, él... —Entonces me miró otra vez y paré de hablar.
—Es mejor ver qué quiere, aquí, en la comodidad de nuestra casa, rodeados de seguridad. Me siento segura aquí, Rick. Es mejor que me ande siguiendo por ahí. Y todavía tenemos tiempo. Déjalo entrar. —Explicó y tenía razón, ahí estaba protegida y yo estaba con ella, Leonel no podría tocarla.
Entonces di la orden a Douglas, para que él y Sandra acompañaran a nuestro visitante hasta la sala y se quedaran cerca y para que todo el equipo estuviera atento. Dos minutos después Leonel entraba por la puerta de la sala. Parecía más viejo que la última vez que nos encontramos y más flaco, tenía ojeras y ya no tenía esa vivacidad que demostró cuando me encontró en el edificio de Alessandro.
—Buenos días, ¡gracias por recibirme! —Pronunció esa frase como si llegara a una reunión de negocios.
—No creo en nada de lo que dices. Anda, Leonel, ve a quedarte con Irina e Ilana, ellas sí deben ser las únicas personas que amaste en la vida. —Respondió Anabel.
—Ilana e Irina, otro error terrible que cometí. —Leonel soltó una risa seca, sin ningún humor. —Me traicionaron, me manipularon, me usaron. Sabes todo eso, ¿verdad? Sabes, sé que sabes. Pero el fin de su reinado de poder y confianza se acerca. Ilana está presa, ya le pedí a mi abogado que revierta la adopción que hice, ni sé si eso es posible... y pronto estaré divorciado de Irina. Como ves, voy a quedar solo, porque ni siquiera Donaldo me quiere ver.
—Estás cosechando lo que sembraste, Leonel. —Le dije y sonrió y concordó.
—Bueno, me voy. Gracias por recibirme y, hija, si puedes, perdóname. —Suplicó una última vez y se volteó para salir.
—¿Mataste a mi mamá? —Preguntó Anabel de repente y él se volteó. —Porque ya sabemos todo lo que pasó con mi abuelo, que lo dejaste morir. ¿Qué hiciste con mi mamá?
—Tu madre se suicidó, Anabel. Tal vez contribuí a su decisión, porque sí la agredí y la encerré y la maltraté muchas veces, pero no la maté directamente, no la envenené. —Respondió y se volteó hacia la puerta otra vez.
—¡Siempre estuviste tan equivocado, Leonel! —Hablé cuando puso la mano en la manija. —La verdad es que Antonia te amó, te amó tanto que volvió contigo y siguió a tu lado después de que nació Anabel. Eso también se lo confió a Alencar. ¡Ella te amó!
Abrió la puerta, sin mirar hacia atrás y salió. Anabel, conmovida y llorando, se acurrucó en mi abrazo y esa mañana de sábado que comenzó con tantas expectativas positivas, se había transformado en un derramamiento de penas y tristezas.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Jefe Irresistible: Rendida a su Pasión (de Maria Anita)
No sale el capitulo 7-8 y 9...
El capítulo 7 no sale...
No se puede continuar la historia después de cap 284 ,Marca error y compré monedas,intente con otras historias y si se pueden desbloquear pero esta no,ojalá arreglen eso por que ya que regresa a lectura gratis,va con otra historia de personajes que no conocemos,nunca se sabe qué pasó con Heitor y Samantha al final....