"Ricardo"
Observé la mirada de Sandra hacia Taís y había mucha rabia ahí. Ya me había dado cuenta de que Sandra y Anabel se habían vuelto amigas y se llevaban muy bien, conversaban mucho y Sandra hasta andaba sonriendo. Entonces pensé que Sandra había tomado partido por Anabel, pero cambié de idea luego después.
—Tu... ¡me agrediste! —Gritó Taís y se pasó la mano por la boca dándose cuenta de que estaba sangrando.
—¿Yo? No, apenas te solté, ¿no dijiste que te soltara? Te caíste solita. Puedes preguntarle a todo el mundo aquí. —Sandra respondía con sarcasmo y parecía sentir tanta rabia de Taís como Anabel, tal vez hasta más.
—¿Quién eres tú, tu... —Taís paró de hablar de repente como si reconociera a Sandra.
—¡Te acordaste, ¿verdad, puta?! —Sandra sonrió confiada. —¡No te imaginas hace cuánto tiempo quería hacerle daño a esa carita de golfa! Ahora, tú decides, si te vas o si te quedas. Hasta ahora solo, "ups, se resbaló", pero de aquí en adelante puedo voltear esa carita tuya al revés, puta. Tú decides.
—No tendrías valor. —Taís miraba fijamente a Sandra, pero parecía tener miedo.
—¿Vas a apostar a ver? —Sandra la miró fijamente, llena de determinación. Era una mirada amenazadora e intimidante.
Taís retrocedió un paso y Sandra dio un paso hacia ella. Las dos se conocían, era obvio, ¿pero por qué tanta animosidad de parte de Sandra? ¿Y cómo yo no sabía eso?
—¡No te acerques! —Habló Taís.
—¡Entonces lárgate de aquí, regresa a la zona de donde saliste y deja a todo el mundo aquí en paz! —Sandra dio otro paso hacia Taís.
—¿Quién te crees que... —Pero antes de que Taís terminara la frase Sandra ya la había tirado al suelo otra vez y le aplicaba una llave al cuello.
—Es así, golfa, vas a salir de aquí y sin mirar para atrás. Me conoces, sabes que si quiero, te vuelves humo y nadie ni va a extrañarte. —Sandra amenazó a Taís una vez más y la soltó. —Ahora vete, lárgate de aquí y desaparece. —Habló Sandra, mientras Taís se levantaba y se iba de ahí.
Quería preguntar, pero después de lo que vi hacer a Sandra, tenía cierto miedo de atreverme. Ni Taís se atrevió a enfrentar a Sandra, se fue de ahí, pero no sin antes prometer volver.
—¡No pienses que me rendí, Rick, me debes! —Taís tenía mucha cara o estaba loca.
Me volví y vi a Sandra y Anabel saludarse con un choque de palmas abiertas hacia arriba. Entonces miré fijamente a las dos tratando de entender qué estaba pasando ahí.
—¿Entonces esa es la perra? —Me preguntó Anabel y recordé que era la primera vez que la veía.
—¡Esa es la perra! —Concordé y tomé la mano de Ana.
Caminamos en silencio, de la mano y con Sandra un paso atrás de Anabel. Tenía muchas preguntas, pero también tenía paciencia. Esperé a que el elevador parara en el piso de Anabel y salí con ellas. Noté a Douglas al lado del elevador muy nervioso y agitado, hasta un poco abatido.
—Sandra, Douglas, ¡por favor! —Los llamé apenas entré a la oficina de Anabel. Cuando entraron cerré la puerta. —Primero tú, mi vida, ¿qué estabas haciendo allá abajo?
No se me pasó por alto que Sandra y Anabel intercambiaron una mirada rápida, como si decidieran quién y qué contarían, mientras Douglas chasqueó la lengua.
—¡Estaba cuidando lo que es mío! —Anabel alzó la barbilla y me desafió.
—¿Y te pareció buena idea enfrentar a Taís? ¿Olvidaste que estás embarazada, mi vida? —Hablaba con calma, pero quería que Anabel entendiera que se puso en peligro innecesariamente.
—¿Quién más sabe esto? —Pregunté.
—Solo Danilo, Sandra y yo. —Respondió Douglas. —¡Te deberías haber controlado, Sandra! —Douglas le llamó la atención a Sandra y tuve que salir en su defensa.
—¡No, no, Douglas, quien se tenía que haber controlado eras tú! —Le llamé la atención, y se calló inmediatamente. —¿Cómo supieron que ella estaba aquí?
—Danilo me avisó para mantener a Anabel aquí, pero Sandra escuchó y se puso furiosa y ahí Anabel quiso saber por qué Sandra estaba con rabia y no pude controlar a las dos. —Douglas estaba casi teniendo un síncope de tan nervioso.
—Perdóname, Rick, pero esa mujer destruyó mi vida, tenía boda programada y mi novio —Sandra le dio una cachetada a Douglas—, me engañó con esa mujer. Necesitaba darle otra lección, porque una sola fue poco ¡y a este idiota, ya le he dado varias!
—¡Y ya dije, fui a defender lo que es mío! —Respondió Anabel sentada plácidamente en su silla.
Respiré hondo. Eso iba mucho más allá de todo lo que podría esperar descubrir. No me importaba Taís, oyendo eso entonces, pensaba que Sandra había hecho poco, pero estaba decepcionado de Douglas, Sandra y Danilo por no haberme contado nada antes.
—Rick... —Douglas me llamó, sabía que había roto mi confianza y así sería difícil mantenerlo como guardia.
—Vuelvan al trabajo ustedes dos. Cuando tome una decisión les aviso. —Respondí y salieron de la oficina.
—No despidas a mis feroces. —Pidió Anabel. —Sé que deberían haber contado, pero ponte en su lugar, ¿tú contarías? Y ya hace tanto tiempo.
Tenía razón, pero necesitaba pensar. Necesitaba decidir si sería capaz de confiar en ellos.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Jefe Irresistible: Rendida a su Pasión (de Maria Anita)
No sale el capitulo 7-8 y 9...
El capítulo 7 no sale...
No se puede continuar la historia después de cap 284 ,Marca error y compré monedas,intente con otras historias y si se pueden desbloquear pero esta no,ojalá arreglen eso por que ya que regresa a lectura gratis,va con otra historia de personajes que no conocemos,nunca se sabe qué pasó con Heitor y Samantha al final....