"Ricardo"
Había sido un alivio disculparme con Anabel, detestaba cuando se molestaba conmigo, me volvía loco por resolver, para que las cosas estuvieran bien entre nosotros. Al final, terminé dándome cuenta de que lo del matrimonio está mucho más en mi cabeza que en la de ella, debe haber alguna razón para que piense tanto en eso. Tal vez debería preguntarme por qué no en lugar de preguntarme por qué casarme otra vez.
Con la cabeza en orden y las cosas en paz con Ana, ahora necesitaba ocuparme de mi trabajo. Y eso era lo que estaba haciendo, cuando sonó el teléfono sobre mi escritorio.
—Rick, es Danilo. Necesito tu orientación. —Ya me pareció extraño que me llamara el jefe de seguridad de la empresa.
—¿Qué pasó, Danilo? ¿Algo con Ana? —Ya me estaba levantando para ir por Anabel.
—No, ella está bien, está en su oficina. Es otra persona. —Danilo parecía estar incómodo para decirme lo que quería.
—Puedes hablar, Danilo, ¿cuál es el problema? —Cerré los ojos, pero allá en el fondo de mi mente ya me imaginaba lo que era.
—Taís está en la portería. Hizo un escándalo en la recepción porque le impidieron entrar al edificio. Los guardias la sacaron de la recepción, pero está gritando afuera, haciendo un escándalo y no sé qué hacer. —Mientras Danilo iba hablando, yo me iba hundiendo en la silla, cómo pude engañarme tanto con esa mujer.
—¿Pero será que esa mujer nunca me va a dejar en paz? —Conjeturé, pero necesitaba arreglar eso. —Déjame que voy para allá a resolver, Danilo.
—Voy a mandar dos guardias más para allá, Rick, por si necesitas apoyo. —Me avisó y le agradecí.
Necesitaba librarme de Taís antes de que llegara hasta Anabel. Me levanté y salí rápido de mi oficina, tan rápido que hasta olvidé el saco, lo que no era común en mí. Cuando salí del elevador en la planta baja ya pude oír los gritos estridentes de Taís y mi irritación creció.
Cuando puse el pie afuera del edificio, me miró con una sonrisa cínica y dejó de gritar. La miré por un momento y ni de cerca la mujer frente a mí recordaba a la mujer con la que estuve casado. Estaba demasiado flaca, casi esquelética, se había cortado el cabello a la altura de los hombros y ahora mostraban un tono casi anaranjado. La ropa que usaba era de pésimo gusto, demasiado ajustada y escotada, y el maquillaje era casi como si fuera una caricatura aterradora de una muñeca de porcelana.
—¡Hola, exmarido! ¡Volví! —Se dirigió a mí, muy confiada de que había conseguido lo que quería.
—¿En serio? Pero perdiste tu tiempo, no hay nada aquí para ti. —Respondí, sin humor, con la voz totalmente fría.
—¡Claro que hay! Hay muchas cosas aquí para mí. Y voy a empezar cobrando lo que me debes. —Tuvo la desfachatez de decirme que le debía algo, esa mujer estaba muy loca.
—Taís, solo vine hasta aquí para darte la oportunidad de irte sin hacer más escándalos... —Empecé a decir, pero soltó una carcajada fuerte y desagradable.
—Ah, querido, pero a mí no me importa nada el escándalo, voy a hacer todo el escándalo que pueda y quiera, hasta que hagas lo que tienes que hacer. —Respondió.
Y yo que pensaba que la cosa no podía ponerse peor, estaba muy equivocado. Me di cuenta de que se volvería caótico cuando oí la voz de Anabel detrás de mí y ahí sentí un miedo casi paralizante de que Taís le hiciera algún daño a Anabel.
—¡Eso no es tu asunto! Ahora vete de aquí y no vuelvas a insistir, conmigo no conseguirás nada. —La miré furioso.
—¡Ah, pero sí es mi asunto, claro que es mi asunto! ¿Quiere decir que todo el dinero que me escondiste, dejándome vivir esa vidita miserable, lo estás gastando con esa puta de lujo? Ah, pero eso es un desafuero que no me voy a tragar, Ricardo. —Taís estaba loca.
—Dios mío, Taís, ¡estás desquiciada de verdad! Nunca viviste una vida miserable conmigo, al contrario de lo que parece que vives ahora. Y si hay una puta aquí, esa eres tú, una puta, descalificada, vulgar e interesada. Vete, Taís, regresa al hoyo de donde saliste. ¡No hay nada aquí para ti! —La miré con asco y con rabia de mí por haber caído un día en las mentiras de esa mujercita.
—¿Entendiste, perra desquiciada? Fuiste tú quien tiró todo a la basura, ¡puta! ¡Ahora lárgate de aquí! —Reaccionó Anabel y Taís trató de ir hacia ella, pero yo no permitiría que Taís la tocara, pero no era el único.
En un movimiento muy rápido, Sandra fue hacia Taís y la agarró del brazo, torciéndoselo hacia atrás con tanta fuerza que podría habérselo roto.
—Detesto a los tipitos como tú, que se creen dueñas del mundo. Creen que consiguen todo lo que quieren gritando y haciendo escándalo. —Sandra hizo que Taís se arrodillara de dolor y yo ya pensaba que Sandra quería realmente romperle el brazo. —¿Sabes qué? No consiguen. Y tú, lo único que vas a conseguir aquí, es salir de aquí presa. Entonces, perra, mejor desaparece.
—¡Suéltame, loca! ¿Qué, Rick también se te está cogiendo? Mira nada más, Rick, ¿decidiste volverte promiscuo? —Taís se rió y de repente su cara fue a dar contra el suelo.
—¡Ups! Perdón, ¡se cayó! —Después de estrellar la cara de Taís contra el cemento de la acera con una fuerza que me asustó, Sandra puso las manos para arriba como si no hubiera hecho nada.
Pero la "nada" que hizo Sandra, le resultó a Taís un raspón en la cara, un corte en la boca y probablemente un lado de la cara se pondría morado en poco tiempo y mirando bien, al menos un diente roto.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Jefe Irresistible: Rendida a su Pasión (de Maria Anita)
No sale el capitulo 7-8 y 9...
El capítulo 7 no sale...
No se puede continuar la historia después de cap 284 ,Marca error y compré monedas,intente con otras historias y si se pueden desbloquear pero esta no,ojalá arreglen eso por que ya que regresa a lectura gratis,va con otra historia de personajes que no conocemos,nunca se sabe qué pasó con Heitor y Samantha al final....