"Anabel"
Melissa y yo fuimos a mi departamento, acompañadas solo por el guardia, encontraríamos la escolta policial ahí, pues harían una verificación en el edificio antes de que llegáramos. Estaba segura de que todo saldría bien, después de todo no estaba sola y me sentía bastante segura con todo ese aparato de seguridad que Rick y Flavio proporcionaron.
Sin embargo, cuando entré al edificio y vi que el portero del día era el informante de Leonel, empecé a sentirme insegura. Aun así no comenté nada, con tantas personas a mi alrededor, dudaba que Leonel pudiera aparecer. Había cuatro policías afuera del edificio, además de dos en portería, el guardia que se quedó en la puerta del departamento y Melissa que entró conmigo. ¿Qué podría salir mal?
Comenzamos a arreglar todo y, conforme pasaba el tiempo, empecé a ponerme más nerviosa, a sentir una inquietud. Ese lugar realmente ya no podía ser mi hogar, estaba aterrorizada, aunque tenía tantas personas para protegerme.
—¿Qué pasa, Ana? —Melissa había notado toda mi inquietud.
—Nada grave, Mel, es solo una inquietud. No me siento segura aquí. —Me observó como si comprendiera.
—Aquí no es seguro de verdad, no mientras el informante de tu papá esté ahí abajo. —Me sorprendió que Melissa supiera quién era el informante de mi padre y viendo mi sorpresa Mel explicó. —Te pusiste tensa desde el momento en que viste a ese portero.
—No me gusta, ¡tengo miedo! —Afirmé y ella me abrazó.
—Voy a avisar a la gente para que esté atenta a él. ¿Viste mi celular? —Melissa y yo estábamos en la cocina y ella miró sobre la barra.
—Allá en el cuarto, con nuestras bolsas, creo. —Ya habíamos arreglado todo en el cuarto y terminamos dejando las bolsas ahí cuando pasamos a los otros espacios.
—¡Es cierto! Ya vuelvo. —Melissa salió de la cocina hacia el cuarto y yo continué separando las pocas cosas que me llevaría de ahí.
De repente sentí un par de manos frías agarrarme y una de ellas cubrió mi boca, impidiendo que gritara. La taza que tenía en mis manos se hizo pedazos en el suelo y fui arrastrada de ahí rápidamente. Conocía ese perfume, sabía quién me estaba arrastrando sin ni siquiera haber visto su rostro.
—Te advertí, putita, que te ibas a arrepentir si esos videos volvían a internet y no me creíste. Y todavía esa cachetada ayer, ¡eso fue imperdonable! —Leonel me sostenía y hablaba bajo mientras me arrastraba por la salida de servicio del departamento.
Fue hábil, me jaló rápidamente por la puerta de la cocina que daba al pasillo de servicio del edificio que estaba totalmente aislado del área social. Cerró y trabó la puerta tan pronto como me jaló afuera. Y tan pronto como sacó la llave de la cerradura por el lado de afuera, aún escuché la voz de Melissa llamándome.
—¿Ana? ¿Anabel? ¿Dónde estás, Anabel? —Melissa gritaba desde adentro del departamento, pero su voz se fue alejando.
Por más que me debatiera, Leonel era un hombre grande y fuerte y, aunque ya tuviera sus sesenta años, aún tenía mucho vigor. No logré soltarme de él y cuando se abrió el elevador de servicio vi a otro hombre ahí.
—Anda, amarra los pies y las manos de ella. Después ponle la cinta en la boca. —Leonel ordenó y mi pánico aumentó. ¿Qué me harían? —¡Te vas a arrepentir de haber nacido, Anabel! Te voy a encerrar en el sanatorio y nunca más vas a salir de ahí. Siempre fuiste un peso para mí, Anabel, un recuerdo de la infidelidad de tu madre. ¡Pero ahora se acabó! ¡Me cansé de fingir que soy tu padre! —Su voz estaba cargada de rabia, odio, rencor, tal vez hasta pena. Y entonces me di cuenta de que realmente creía que había sido traicionado.
—Douglas, súbete al carro y llévanos hasta el frente del edificio, necesitamos saber qué está pasando. —Melissa orientó y el guardia hizo lo que dijo.
Parados frente al edificio observamos el movimiento de los policías, hasta que uno de ellos vino al carro y me vio amarrada. Sin decir nada sacó una navaja de uno de los bolsillos del pantalón cargo y cortó las bridas plásticas que me sujetaban y solo después de soltarme habló:
—Señoritas, estamos registrando el edificio, pero aún no hemos encontrado a nadie. El hombre que agarramos en el elevador dijo que actuó solo, que había estado vigilando a la señorita por un tiempo para secuestrarla y pedir un rescate, pues sabe que su familia es rica. —El policía explicaba y no podía creer tantas mentiras.
—¡Eso es mentira! —Grité.
—Sí, estamos seguros de eso, pero necesitamos probarlo. Ya sabe cómo es, vamos a necesitar ir a la delegación, escuchar su declaración, ver las imágenes de las cámaras, investigar, ese tipo de cosas. —El policía trataba de hablar de forma que yo comprendiera, pero el miedo que sentía comenzaba a ser reemplazado por rabia.
—¡Necesito terminar mi mudanza, no quiero volver aquí nunca más! —Hablé y me miró como si me comprendiera.
—Hagamos lo siguiente, tan pronto como terminemos de verificar el edificio, dos policías van a acompañarlas hasta el departamento para que terminen de empacar las cosas, después necesitaremos ir a la delegación. ¿Podemos hacer así? —Estuve de acuerdo con la sugerencia del policía y media hora después regresamos al edificio.
Leonel había desaparecido, no fue encontrado en el edificio y nadie lo vio salir. Era como si todo no fuera más que una pesadilla. Y después de poner todo lo que me llevaría del departamento en el carro, terminaría el día otra vez en la delegación.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Jefe Irresistible: Rendida a su Pasión (de Maria Anita)
No sale el capitulo 7-8 y 9...
El capítulo 7 no sale...
No se puede continuar la historia después de cap 284 ,Marca error y compré monedas,intente con otras historias y si se pueden desbloquear pero esta no,ojalá arreglen eso por que ya que regresa a lectura gratis,va con otra historia de personajes que no conocemos,nunca se sabe qué pasó con Heitor y Samantha al final....