"Ricardo"
Después de que salimos de la casa de Patricio, llevé a Anabel a casa y la llené de cariño y cuidado. Necesitaba saber que era amada y querida y me esforcé al máximo para que se sintiera así y logré sacar las preocupaciones de su cabeza, al menos esa noche. Pero en la mañana siguiente ya estaba distraída y cabizbaja de nuevo.
—Chica bonita, ¿qué pasa? Comparte conmigo lo que te está dejando así. —La saqué de la silla donde estaba sentada a mi lado, la puse en mi regazo y acaricié su cabello.
—Todo lo que pasó ayer me preocupa, Rick. —Suspiró. —Son personas malas y me odiaría si por mi culpa le hicieran daño a cualquiera de ustedes, ¡pero especialmente a ti! —Tocó mi rostro con cuidado. —Y mira cómo te dejó el ojo. No deberías haberte puesto en frente.
—¿Y dejar que ese monstruo te tocara, Ana? ¡Jamás! Siempre me voy a poner en frente para detenerlo. ¡Faltaba más, darle un puñetazo a una mujer, con la violencia de una patada de caballo encima! ¡No, no! ¡Lo mato antes de que te toque otra vez!
—No hables así, ¡tú no eres como él! —Me dio un beso suave en la mandíbula.
—Sí, tienes razón, pero no te va a tocar de nuevo. —Eso lo evitaría a toda costa. —Vas a vaciar tu departamento hoy, sé que Mel va a estar contigo y la escolta que designó Flavio, además de Douglas, claro, pero quiero que tengas mucho cuidado, ¿entendiste?
—Quédate tranquilo, mi corazón, voy a estar atenta. —Sonrió.
—¡Perfecto! Y cuando salgas de ahí, avísame. —Pedí y ella estuvo de acuerdo. —Voy a contratar al otro guardia hoy, por cierto, será una mujer.
—¿No me digas que tienes celos de Douglas? —Se rió.
—No sé, después de que vi esa película del guardaespaldas, ¡creo que es mejor no arriesgar! —Hablé y ella empezó a reírse. Su risa tenía un sonido delicioso, que iba directo a mi corazón.
—Mi corazón, ¡no hay guardaespaldas en el mundo, tampoco en el cine, que llegue a tus pies! —Me aseguró y aquello fue como una caricia en mi corazón. Sonó el timbre y sabíamos que Melissa había llegado. —¡Voy a abrir la puerta! —Anabel me dio un besito y salió de mi regazo riéndose.
—¡Llegué, queridos! —Melissa irrumpió por la puerta con toda la energía y confianza de quien domina el mundo.
—¡Hola, Mel! ¿Tomas un café con nosotros? —Anabel preguntó y Melissa le puso el brazo en el hombro.
—¡Nunca rechazo un café! —Estuvo de acuerdo.
—Por eso eres tan agitada. —Me reí y me levanté para abrazarla.
—Rick, mi mamá dijo que soy así porque nací de ocho meses, ¡no tiene ninguna relación con el café! —Melissa habló como quien explica un concepto difícil de física y empecé a reírme.
—Loca, ¡eres un personaje! —Me reí y le sostuve la mano. —Vas a cuidar bien a Ana por mí, ¿verdad?
—¿Tiene seguridad y un equipo de seis policías y me pides eso a mí? —Melissa se echó el cabello hacia atrás y me miró.
—¡Porque solo confío ciegamente en ti, Mel! —Y de hecho, si alguien podría mantener segura a Anabel, era Melissa.
—¡Ah! ¡Eres tierno! Pero quédate tranquilo, la cuido. —Me guiñó el ojo llena de confianza.
—¡Gracias, linda! Tengo que irme. —Me levanté, me puse el saco y me agaché al lado de la silla donde estaba sentada Anabel. —Mi vida, ¡cuídate, por favor! —Asintió, le di un beso y salí.
—No todos los padres son así. —Me acordé de Leonel, pero también me acordé del papá de Heitor y del papá de Sam.
—Todos los que son padres de verdad. —Me miró con firmeza. —Pero lo que importa, hijo mío, es que necesito entregarte lo que es tuyo. Y eso es lo que hay en esa carpeta, todo lo que es tuyo. Nunca fue mi dinero, Rick. Todo lo que tu madre y yo construimos a lo largo de la vida fue para ti y tus hermanas, así como mi padre hizo por mí.
—Cuando sea padre voy a entender eso. —Sonreí y sentí revolverse en mí ese deseo de tener una familia, de tener mis hijos.
—¡Sí vas a entender! Mira, hice una nueva división de mi patrimonio. Tú y Madi ya se establecieron y no me necesitan. Del, por lo que veo, seguirá sus pasos. Entonces redividí las acciones de la empresa y, aunque ustedes tres tienen cada uno una participación del diez por ciento, dejé a sus otras tres hermanas con veinte por ciento cada una. Ellas manejan la empresa y cuidan de todo, ellas mantienen el negocio en pie.
—Es justo. Creo, incluso, que ellas deberían quedarse con toda la empresa.
—No, ellas también necesitan que tú y Madi las pongan en cintura cuando se pierdan, eso es estratégico. Pero aún tengo diez por ciento y cuando muera será para ti, Madi y Del. El resto del patrimonio ya lo dividí igualmente entre ustedes, mantuve la casa y algunas inversiones que les darán tranquilidad a tu madre y a mí. Pero quiero que seas el primero en saber, después de todo eres el mayor, que me voy a jubilar. Este período fuera de la empresa es una prueba para las chicas.
—¿No es muy temprano, papá?
—Quiero jubilarme mientras aún tengo energía para disfrutar la vida con tu madre. —Se levantó. —Pero es eso, hijo, vine aquí apenas a entregar lo que es tuyo. Vas a entender todo lo que hay en esa carpeta. No te asustes, tu patrimonio creció mucho estos años. Creo hasta que te puedes jubilar. —Se rió.
Me levanté y lo abracé. Le agradecí por haber cuidado las cosas y me disculpé por no haberle hecho caso y haber hecho que él y mi mamá sufrieran conmigo. Y antes de pasar por la puerta se volteó para darme un consejo más.
—Hijo, escúchame esta vez, Anabel, ¡esa chica sí vale la pena! ¡No la dejes escapar! Y quiero nietos, Ricardo, ¡muchos nietos!
Salió riéndose y yo me quedé riéndome sentado en mi silla. Pero esa carpeta la vería después, con calma y cuidado.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Jefe Irresistible: Rendida a su Pasión (de Maria Anita)
No sale el capitulo 7-8 y 9...
El capítulo 7 no sale...
No se puede continuar la historia después de cap 284 ,Marca error y compré monedas,intente con otras historias y si se pueden desbloquear pero esta no,ojalá arreglen eso por que ya que regresa a lectura gratis,va con otra historia de personajes que no conocemos,nunca se sabe qué pasó con Heitor y Samantha al final....