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Jefe Irresistible: Rendida a su Pasión (de Maria Anita) romance Capítulo 868

"Ricardo"

—¡Buenos días, chica bonita! —Apreté aún más mis brazos alrededor de Anabel y le di un beso en su cuello.

Se estiró como una gatita mimosa y se volteó, mirándome con los ojos somnolientos y una sonrisita adorable. Habíamos pasado un buen tiempo en la casa nueva el día anterior e hicimos millones de planes. Hablamos sobre la decoración y Anabel decidió cómo lo haría y a quién le pediría ayuda. Ya estaba ansioso por mudarme.

—¡Buenos días, corazón! —Pasó la mano por mi cuello y me jaló para un beso, un beso que estaba lleno de segundas intenciones.

—Parece que mi chica bonita despertó necesitada. —Bromeé y ella aprovechó para hacerse la mimosa.

—Muy necesitada. —Ronroneó y me reí. —Soñé contigo.

—¿En serio? ¿Y qué fue ese sueño? —Pregunté salpicando su rostro de besos.

—Soñé que me despertabas con besos y hacías el amor conmigo. —Habló con esa voz dulce cargada de deseo.

—Podemos hacer realidad ese sueño. —Ya estaba listo para eso.

Me erguí sobre ella y abrió más las piernas para acomodarme. Empecé a besarla con suavidad, besé su boca, su barbilla, su cuello, su clavícula, la besé hasta llegar a sus senos perfectos y los chupé y lamí, escuchando sus gemidos dulces y sintiendo sus manos rozando mis brazos.

Entonces me quedé suspendido sobre ella y la miré a los ojos mientras la penetré y mientras la penetraba jadeó y dijo mi nombre. ¡Fue como gasolina al fuego! La besé como si nuestras lenguas estuvieran repitiendo los movimientos de nuestras caderas, que chocaban deliciosamente, en un movimiento acelerado, sincronizado y perfecto. A medida que aumentaba la velocidad y ella se volvía más insana, dejé de besar su boca para encontrar su orejita perfecta.

—Mi chica bonita, ¡estás tan rica! No me canso de estar dentro de ti, Anabel, dentro de esta conchita rica y apretada, moldeada para mi miembro. —A medida que le hablaba al oído se excitaba aún más y la sentía más húmeda y resbaladiza. Le gustaba escuchar las cochinadas que le decía cuando estábamos haciendo el amor.

—Rick... aah... ¡más! —Enredó sus piernas en mis caderas y aceleré aún más, entrando y saliendo de ella sin sutileza, empujando duro y extasiado porque acompañaba mis movimientos tan entusiasmada como yo.

—Te gusta así, ¿no? Te gusta saber la excitación que siento por ti, cuánto adoro tu cuerpo rico, tus pechitos perfectos, tu conchita húmeda. ¡Ah, mi Ana!

Se agarró entera a mí, como una enredadera que crece agarrada a un pilar, se estremeció, jadeó y gritó mi nombre, mientras su interior vibraba con espasmos que mantenían mi miembro apretado dentro de ella, espasmos que me succionaban aún más hacia su interior, que me volvían loco, hasta que no pude más y me vine, sintiendo como si todo mi cuerpo se hubiera derramado dentro de ella.

Me mantuve sobre ella y estaba agarrada a mí, mientras tratábamos de recuperar el aliento. Lo que empezó lento se desencadenó en algo alucinante y arrebatador. Pero hacer el amor con ella siempre era delicioso, lento y apasionado, rápido y cochino, siempre me dejaba sin aire, con las piernas temblorosas y el corazón en las nubes.

—¿Por qué estás tan rica? —Le di un beso provocativo en su cuello y se rió.

—¡Para tu placer, Ricardo! ¡Solo para tu placer! —Se rió y sentí mi pecho inflarse.

—¡Me gustó! —Le sonreí a ella que me miraba con ojos brillantes de quien había sido bien cogida. —¿Estuvo bueno para ti?

—¿Cómo no va a estar bueno? Un hombre hermoso, rico, bien dotado y que sabe usar las herramientas que tiene. No, no estuvo bueno, ¡estuvo espectacular y siempre es espectacular! —Puso los ojos en blanco y me reí, dejando que mi cuerpo cayera a su lado.

—Le haces bien a mi ego de mediana edad. —Me estaba riendo y me miró divertida.

—Todavía no estás en la mediana edad, casi, pero todavía no. —Se volteó hacia mí y me corrigió, pero se estaba divirtiendo. —¿Pero puedo confesar algo?

—Anda, acaba con mi ego. —Me reí.

—Si hubiera sabido que un hombre de mediana edad hace lo que tú haces... aff... ya me habría conseguido uno hace tiempo. —Bromeó y le di una nalgadita, lo que la hizo reír.

—Te agradezco, ¡esa cosa del botox cuesta una fortuna! —Se rió de mi broma. —Mira, es una persona de mi confianza y que te va a mantener segura para mí. Realmente necesito esto, necesito que estés segura. Eres mi vida, Anabel, y no soportaría que ese desgraciado volviera a tocarte.

—¿Puedes ser menos tierno, por favor? ¡Así nunca voy a poder decirte que no! —Me hizo reír y se volteó sobre mí. —¡Tú también eres mi vida, Ricardo!

Fuimos juntos a la ducha y ni sé cómo todavía logré llegar a la oficina a tiempo, porque esa mujer me hacía olvidar el mundo mientras estaba perdido en su cuerpo.

Llegamos a la oficina y Danilo, jefe de seguridad ya me estaba esperando, nos presentó a su hermano, Douglas, el guardia que destacó para cuidar a Anabel. Tan serio como Danilo, me garantizó que la mantendría segura y sentí que podía confiar en él.

—Chica bonita, él es tu sombra, ¿ok? —Le advertí a Anabel y sonrió.

—Tranquilo, corazón, ¡no voy a tratar de despistarlo! —Me dio un beso. —¿Ahora puedo ir a hablar con Del?

—¡Solo no salgas del edificio, por favor! —Pedí y estuvo de acuerdo.

—No te preocupes, Melissa vendrá a la hora del almuerzo y vamos a almorzar aquí mismo. Solo me voy a juntar con las chicas porque me van a ayudar con la decoración de la casa y Sam ya está llena de ideas.

—¿Cuándo hablaste con ellas? —Vimos la casa el día anterior después de que salimos de casa de Patricio y no me despegué de ella desde entonces.

—Hoy, mientras manejabas viniendo para acá, por mensaje.

Me dio un beso y antes de que saliera de mi nueva oficina me acordé de avisarle:

—Vamos a cenar en casa de Patricio hoy, nos vamos a reunir ahí para saber de Don cómo le fue con Leonel. —Estuvo de acuerdo con la cabeza y me tiró un beso, dejándome sonriendo como un idiota.

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