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Jefe Irresistible: Rendida a su Pasión (de Maria Anita) romance Capítulo 869

"Donaldo"

Era un gran día el que tenía por delante. Tenía que poner muchas cosas en orden. Mientras subía por el elevador al lado de Átila y el Dr. Romeo, miré el reloj en mi muñeca, había sido de mi abuelo materno.

—Calma, muchacho, tendremos una batalla por delante y será brutal, necesitas estar calmado. —Átila me aconsejó y tenía razón, pero estaba acumulando años de frustración y rabia, esto estaba hirviendo en mí como una olla de presión a punto de explotar. Y después de todo lo que descubrí el día anterior, podía sentir todo eso borbotear.

—Átila, va a ser difícil controlarme. Me alejé por años para no tener que lidiar con su mierda y cuando regresé terminé alejándome de casa y dejando a mi hermana a su merced, hace muy poco tiempo que tomé conciencia de los abusos que sufrió y me culpo por eso, y siento una rabia creciendo dentro de mí por todo lo que ya le hizo a ella y... —respiré profundo— ...a mi madre. Y no protegí a ninguna de las dos.

—Hiciste lo que pudiste, Don. Piensa que necesitaste alejarte para no ser afectado y lograr convertirte en un hombre fuerte que puede lidiar con él ahora. —Átila puso la mano en mi hombro y sentí mucha seguridad en él, realmente podía confiar en ese hombre. —Estamos contigo y no dejaremos que pierdas el control, no eres como él.

—Recuerda, Donaldo, no caigas en las provocaciones, no le des munición. —El Dr. Romeo me alertó una vez más sobre algo que ya habíamos conversado antes de entrar a la empresa.

El elevador se abrió y salimos. Caminé hasta el escritorio de la secretaria y me sonrió. Doña Mirtes odiaba a mi padre, pero se mantenía firme ahí para ayudarme.

—Mirtes, ¿la sala de reunión está lista? —Pregunté bajito.

—Sí y ya están todos ahí. Solo falta el diablo. —Estaba casi susurrando. —¡Pero te aviso, recibió una carta y está furioso!

Solo sonreí, sabía de qué se trataba.

—¡Perfecto! Vamos a entrar y en veinte minutos lo mandas para allá. —Pedí y estuvo de acuerdo.

Entramos a la sala de reunión y estaban ahí todos los directores de la empresa y los consejeros. Cerré la puerta y presenté a mis acompañantes. Les mostré los documentos y expliqué la situación. Como esperaba, esa parte fue muy fácil, no había qué discutir, ante los documentos y el estatuto, la cuestión era muy simple, yo asumiría la presidencia, Átila asumiría las funciones de Anabel mientras fuera su representante y yo lo nombraría mi vicepresidente, como preveía el estatuto que podía hacer, y mi padre... aaah, ¡por mí Leonel podía irse a la puta que lo parió! Pero no podía decir eso, entonces dije que si quería podría tener una oficina y ser un observador de la empresa.

Exactos veinte minutos después Leonel entró a la sala. Solo lo estábamos esperando. Realmente parecía perturbado y se puso aún más cuando miró alrededor y vio a todos ahí reunidos, pero sus ojos se volvieron dos bolas de fuego cuando vio a Átila Fontes que abrió una gran sonrisa de quien iba a joder su vida.

—¿Qué mierda es esta? ¿QUÉ ESTÁ HACIENDO AQUÍ ESTE CRETINO ARROGANTE? —Mi padre gritó con los ojos clavados en Átila que se carcajeó.

—¿Estás hablando de ti mismo, Leonel? —Átila lo provocó y me quedé observando la interacción de los dos, dejaría que Átila se divirtiera, se lo merecía.

—Maldito perro, ¿qué estás haciendo en mi empresa? —Mi padre caminó hacia Átila que estaba sentado a mi derecha.

—¡Alto ahí, papá! —Sonreí. —¡La empresa es nuestra!

—¡Cállate, Donaldo! Contigo me entiendo después. Y sal de mi silla. —El viejo estaba espumeando en las comisuras de la boca de tanta rabia.

—¿Pero qué...? ¡Qué payasada es esta! ¡Anabel está loca y lo sabes! ¡Esto es todo ilegal! —Protestó.

—¿Mi hermana loca? Creo que estás muy equivocado. —Me volteé hacia los directores y consejeros. —Señores, todos aquí conocen a Anabel, ¿por casualidad, en algún momento, dio siquiera indicios de desequilibrio mental?

—¡Absolutamente! Anabel nunca se comportó con descontrol o nada del estilo, muy por el contrario, es una chica muy centrada, educada y altamente competente. —El Sr. Andrade Alves, el consejero más viejo y que tenía influencia sobre todos los otros fue quien me respondió, dejándome muy satisfecho.

—Ves, papá, puedes estar tranquilo que mi hermana es una mujer que tiene perfecta salud mental. —Tenía una sonrisa irónica en el rostro y sabía que quería retorcerme el cuello.

—¡Mocoso! ¡Serpiente traidora! ¿Cómo te atreves a engañarme así? —Estaba descontrolado, parecía ni darse cuenta de que estaba siendo observado por miembros importantes de la empresa.

—Mira, Leonel, no te engañé, solo acepté un regalo de mi hermana. Sin embargo, el regalo que me dio me convierte en el accionista mayoritario de la empresa. ¡Qué genial! Bueno, sabes lo que eso significa, ¿no? —Lo encaré, pero no dijo palabra. —¡Ah, qué gentil, me vas a dar el placer de explicar! —Me puse la mano en el pecho como si estuviera emocionado. —Bueno, de acuerdo al estatuto de la empresa, solo puede ocupar la presidencia aquel que posea el mayor número de acciones, aquel que sea el accionista mayoritario, que en este caso, ahora soy yo. ¡Qué emocionante! —Mi sonrisa era enorme y me miraba con odio mortal.

—¡Hijo de PUTAA! —Se abalanzó sobre mí, pero me aparté a tiempo, gracias a las rueditas en el pie de la silla y se estrelló en el suelo. Fue imposible no reírme, pareció una escena de comedia de pastel.

—¡Ah, papi! —Lo llamé como esa fastidiosa de Ilana lo llamaba y a él tanto le encantaba. —Sé que tu lugar es ahí en el suelo, arrastrándote como la serpiente venenosa que eres, ¿pero no prefieres sentarte para oír el resto? —Empezaba a divertirme ahí.

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