Entrar Via

Jefe Irresistible: Rendida a su Pasión (de Maria Anita) romance Capítulo 860

"Ilana"

Necesitaba buscar la manera de hacer que Donaldo me viera y se volviera loco por mí, pero nunca aparecía en la casa y sin encontrarlo se volvía muy difícil. Entonces tuve una idea, era terrible, sería un gran sacrificio que haría, pero podría resultar muy bien.

Fui con el viejo e hice el papel de la mejor hija del mundo y después le dije que quería empezar a aprender el funcionamiento de la empresa, ya que lo reemplazaría algún día, quería estar preparada y todas esas tonterías. Se quedó encantado y prometió que empezaría a trabajar al día siguiente.

Por eso estaba ahí, sentada en su oficina esperando que me dijera cuál sería mi oficina. Quería la de Anabel, ya hasta había hablado con él, ya que ella no iba a volver, y además, yo quería y merecía todo lo que era de ella.

—Ilana, querida, discúlpame, esa llamada se tardó demasiado. Pero ahora vamos contigo. Voy a llamar a Donaldo. —El viejo tomó el teléfono otra vez y le dijo a la secretaria que llamara a Don, que no tardó en aparecer, guapo en ese traje azul.

—¿Qué quieres? —Parecía irritado.

—Háblame bien, Donaldo. —El viejo refunfuñó. —Y saluda a Ilana.

—Dime de una vez qué quieres. —Don repitió sin ningún humor y fingió que ni me vio ahí.

—Muy bien. Ilana va a trabajar aquí a partir de hoy, va a ocupar la oficina que era de Anabel. Tú le vas a enseñar todo, te vas a encargar de hacerle entender todo el funcionamiento de la empresa. —El viejo ordenó.

—¡Ni de coña! —Don se apresuró a responder. —¡Esa aprendiz de zorra no va a entrar a mi empresa y no va a ocupar la oficina de mi hermana! Y tampoco voy a ser la niñera de esa criatura.

—¡DONALDO! ¡Respeta a Ilana! Es una chica correcta, no es como tu adorada hermana que es una puta. —El viejo hasta tenía la vena de la sien pulsando de tanta rabia. —¡Y esta empresa, mocoso, ES MÍA!

—¿Tuya? —Don se carcajeó y se acercó poniéndole el dedo en la cara al viejo. —¡Ladroncito de mierda! ¡Esto nunca fue tuyo!

—Mira cómo hablas, Donaldo, ¡soy tu padre! —El viejo advirtió, pero a Don no le importó.

—¡DESGRACIADAMENTE! —El grito de Don resonó por toda la oficina. —Pero no me enorgullezco de eso.

—¡Pero usas mi apellido! —El viejo se lo echó en cara y tuve ganas de reírme.

—¿Tu apellido? ¡Ni el apellido es tuyo! ¿O se te olvidó que cuando te casaste adoptaste el apellido de mi madre? Con la excusa de que estabas demostrando tu amor hacia ella y renunciando a lo que tenías. Pero, claro, los Lancaster eran una familia establecida, respetable. En cambio tú, Leonel Santos, eras solo uno más del montón. ¿Sabes qué? Te voy a demandar y te voy a quitar el apellido de mi madre. A ti, a la puta de tu esposa y a esta estafadora que adoptaste. No sé por qué no pensé en esto antes. —Don miró fijamente a su padre y sus ojos estaban inyectados de furia. Pero no sabría decir cuál de los dos tenía más rabia.

—¡Mocoso! —El viejo maldijo, Don había tocado su punto débil.

—¡El mensaje está dado, Leonel! Esta estafadorcita no va a trabajar aquí. —Don se volteó y salió de la oficina. El viejo dio un puñetazo en la mesa y estaba rechinando los dientes de rabia.

—Papi, ¿y ahora? —Lloriqueé.

—Don, no seas grosero. —Me acerqué otra vez. —Mírame. Mira lo bonita que soy, Don. Y puedo ser buena contigo. Papi, él estaría encantado si nosotros dos nos entendiéramos.

Dejé que percibiera mi intención, quería que supiera que lo quería como hombre. Se alejó otra vez y me miró horrorizado, como si fuera un monstruo.

—Pero realmente estaba equivocado, no eres aprendiz de zorra, eres tan puta como tu madre. —Dio dos pasos más hacia atrás y me di cuenta de que no serviría hacerme la santa, tendría que ser más mujer fatal para conquistarlo.

—¿Y cuál es el problema, eh? —Fui hacia él de forma insinuante. Ya me arrepentía de haber elegido ese vestido negro recatado solo para agradar al viejo. —Ustedes los hombres son todos iguales, a todos les gusta coger con una puta. No te hagas el inocente, Don. Prueba, te va a gustar.

Dio el paso que faltaba para acercarse a mí y me agarró el brazo, me puse eufórica, había roto la barrera. Pero se volteó y caminó conmigo hasta la puerta de la oficina, la abrió y me echó afuera como si fuera un perro sarnoso.

—¡Estaba equivocado! —La irritación saltaba en su voz. —¡No eres una puta. Eres mucho peor que una puta! Ahora vete de aquí y no pierdas tu tiempo pensando que soy un completo idiota como Leonel, porque no lo soy. Huelo a una oportunista a kilómetros y sé defenderme muy bien.

Me dio la espalda e iba a regresar a su oficina. Pero qué más da, llenaría la cabeza del viejo diciéndole que me había agarrado a la fuerza. Entonces, como si recordara algo se volteó.

—¡Ah! Y antes de que pienses en inventar alguna porquería, en mi oficina hay cámaras de seguridad y micrófonos, todo lo que se dijo e hizo ahí está grabado. ¡Así que no te atrevas! —Don echó un balde de agua fría a mis planes. Sería más difícil de lo que imaginé, pero no me rendiría.

Regresé a la oficina del viejo y lo convencí de que era mejor que me fuera y regresara al día siguiente, pues Don necesitaba acostumbrarse a mi presencia. Y regresaría todos los días hasta que cediera.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Jefe Irresistible: Rendida a su Pasión (de Maria Anita)