"Anabel"
Desperté sintiéndome llena de energía y dominada por una sensación de felicidad que nunca había sentido antes, como si estuviera completa. Era mañana de sábado y Rick se quedaría en casa conmigo y eso me ponía especialmente animada. Pero no estaba a mi lado y sentí ese frio que la ausencia de su cuerpo junto al mío siempre dejaba.
—¿Ya despertaste, chica bonita? —Entró al cuarto cargando una bandeja enorme con el desayuno y me sorprendí con su gesto.
Se acercó, puso la bandeja sobre la cama y se arrodilló para darme un beso. No me cansaba de admirarlo, era tan hermoso y tan gentil, y me dejaba con las piernas temblorosas solo por mirarme de esa manera.
—¡Buenos días, corazón! ¡Robaste mi idea! —Bromeé y se rió.
—¡Sí, la robé! Hoy es mi día de consentirte. —Me dio otro beso. —Empezando por el desayuno.
—Mira, me puedo acostumbrar a esto y no querer volver a casa. —Estaba bromeando con él, pero sus ojos me penetraron.
—No me voy a quejar de eso. —Habló naturalmente mientras servía una taza de café. —Y ya que te gusta tanto mi compañía y que tal vez decidas quedarte conmigo así, por mucho tiempo, necesitamos hablar de un asunto que pospuse toda la semana.
—¿Y qué sería? —Pregunté al tomar la taza.
—Necesito una casa nueva. —Untó mermelada en una tostada y la llevó a mi boca para que mordiera. Después de que mordí me observó y se inclinó sobre mí para lamer la comisura de mi boca. —Mmm, ¡muy bueno! —Me reí de su comentario tierno. —Chica bonita, tenía el ojo puesto en una casa, pero no sé si te va a gustar el lugar.
—Rick, es tu casa, eres tú quien tiene que gustarle. —Dije y robé la tostada de su mano. Suspiró.
—No, Anabel, ¡no es así! Tal vez no te hayas dado cuenta, pero te amo, sabes, por eso te quiero en mi vida, en todo lo que tengo y en todo lo que soy. —Sonreí como una tonta, me encantaba escuchar sus declaraciones, y me miró fijamente. —¿Y tú, Anabel, qué sientes por mí?
Puse la taza y la tostada sobre la bandeja y le quité la taza de la mano y la puse junto a la mía. Después, me subí a su regazo y entrelacé mis brazos en su cuello. Suspiró y puso las manos en mi cintura.
—Lo que siento por ti, Ricardo, todavía no inventan una palabra para definirlo. Podría decir simplemente que te amo, es la palabra que encaja, pero es mucho más que eso, lo que siento es que eres mi amor, mi felicidad, mi cordura, eres mi cielo, mi calma, eres mi todo, mi propia vida, porque aquello que vivía antes de ti, era solo un borrador en blanco y negro. Entonces, mi corazón, ¡más que amarte! Es definitivo para mí, Ricardo, quiero estar en tu vida y te quiero en la mía.
Tomó mi mano y depositó un beso en ella, parecía querer decirme más, pero parecía tratar de controlar alguna emoción.
—¿Qué pasa? —Pregunté preocupada, viendo millones de cosas indescifrable pasando por sus ojos.
—Tú no tienes idea de lo que significó para mí nuestra última noche. —Tomó mi mano y la puso sobre su pecho, justo sobre su corazón.
—Cuéntame, déjame saber si fue tan especial para ti como fue para mí. —Tenía el corazón acelerado. Fue la primera vez que confié lo suficiente en alguien para atreverme a quitar el preservativo de la ecuación, la primera vez que sabía que podía confiar, que él no andaría por ahí teniendo sexo con cualquiera, solo conmigo.
—El preservativo —empezó y se aclaró la garganta—, fue mi primera vez sin él. —Sus ojos brillaban ardientes para mí y mi sonrisa se amplió.
—Entonces fue nuestra primera vez, porque yo tampoco nunca había... nunca confié en nadie como confío en ti. —No necesité decir todo, su expresión reflejaba la mía, coincidíamos en muchas cosas.
—¡Mi chica bonita! —Me dio un beso. —Pero necesito advertirte, los anticonceptivos pueden fallar y sobre eso no tengo cómo darte garantías.
—¿Te preocupa eso? —Entrecerré mis ojos hacia él.
—Me preocupa que estemos en la misma sintonía y queriendo las mismas cosas. —Tenía razón, pero yo quería las mismas cosas que él, familia, amor, un hogar.
—Tal vez deberías comprar una casa más grande entonces. —Sugerí.
—En realidad, sí hay. —Me acordé de tíos y primos de mi mamá e incluso de mis bisabuelos que tuvieron gemelos.
—¡Mujer, sabía que eras especial! —Me aventó a la cama y me besó, haciéndome reír más. —Pero, ¿qué me dices de la casa, estás dispuesta a al menos echarle un vistazo?
—¡No! —Respondí y su expresión se desplomó, quería esa casa. —No necesito ver la casa. La conozco. ¡Estás hablando de esa casa con la fachada de piedra que parece una villa italiana, ¿no?!
—Sí, ¿la conoces? —Estaba sorprendido.
—La conozco. La mujer que vivía ahí era amiga de mi mamá. Estuve en esa casa algunas veces y es hermosísima.
—Sí, lo es. Sentí una buena sensación ahí. Pero, está bien, te entiendo. Le voy a pedir al corredor que encuentre otra en otro condominio.
—¿Y por qué harías eso? —Lo miré fijamente y pareció confundido. —¡Esa casa es perfecta! La familia que vivía ahí era una familia muy feliz y los dueños solo la están vendiendo porque los hijos se casaron y decidieron irse a vivir a Francia. Rick, me encanta esa casa y me encanta ese condominio.
—¿Pero tu padre...? —Me miró confundido.
—Ya es hora de acabar con ese poder que mi padre tiene sobre mí. No me voy a esconder para siempre, es solo hasta que llegue tu padre, sé que me va a ayudar a librarme de esto. —Estaba determinada, tenía que enfrentar ese miedo.
—¿Estás segura? —Insistió y me pareció más preocupado que antes.
—¡Sí! ¡Así como estoy segura de que te amo! —Lo besé, dispuesta a acabar con sus dudas. Por mí, el asunto de la casa estaba superado.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Jefe Irresistible: Rendida a su Pasión (de Maria Anita)
No sale el capitulo 7-8 y 9...
El capítulo 7 no sale...
No se puede continuar la historia después de cap 284 ,Marca error y compré monedas,intente con otras historias y si se pueden desbloquear pero esta no,ojalá arreglen eso por que ya que regresa a lectura gratis,va con otra historia de personajes que no conocemos,nunca se sabe qué pasó con Heitor y Samantha al final....