"Ricardo"
Mientras me besaba el agua en esa tina pareció demasiado caliente, todo mi cuerpo hormigueaba e imploraba por ella. Su espalda estaba pegada a mi pecho, pero yo quería más, quería fundirme con ella, quería más de su piel en la mía y sentí el calor aumentar a medida que su cuerpo respondía a mis estímulos, la estaba provocando, mis dedos trabajaban rítmicamente masajeando su clítoris y mi mano vagaba casi distraídamente entre sus senos redondos y perfectos.
Se contorsionaba atrapada contra mí y percibí cuando el orgasmo la alcanzó y su cuerpo se balanceó y se curvó contra el mío. Tragué cada uno de los gemidos de placer y felicidad que escaparon de sus labios mientras devoraba su boca dulce y perfecta y todo en lo que podía pensar era que quería darle más placer y quería más, más de ella, más de esa sensación de ser amado y esperado. Y quería mucho más de nosotros.
Sentía toda la superficie de mi piel sensible y cuando levantó el brazo e hizo una caricia en mi nuca con la punta de los dedos, hasta esa sensación se amplificó. Mordisqueaba sus labios suaves mientras se calmaba del orgasmo que acababa de tener.
En un movimiento rápido cambió de posición en la tina, volteándose de frente hacia mí y acomodándose para quedar en mi regazo, sus senos casi rozando mi cara. Yo que ya estaba duro, con esta nueva posición de su cuerpo sentí que toda la sangre de mi cuerpo se concentró en mi miembro y una expectativa creció en mí.
—¡Eres tan hermosa! —Dije y junté sus senos con las manos y los apreté, pasando los pulgares sobre los pezones rígidos. —En toda mi vida nunca vi tanta belleza. ¡Eres perfecta, Anabel!
—¡Tú también eres tan hermoso, Ricardo! —Sonrió y gimió cuando apreté sus pezones y comprimí uno de ellos entre mis labios.
Rozó su intimidad en mi miembro y me estremecí, estaba listo para sostenerla por la cintura y empalarla, pero no podía, no tenía ningún preservativo ahí a la mano. Sin embargo, siguió frotándose contra mí, provocándome y provocándose. Y entonces bajó la mano y sostuvo mi miembro, su mano subió y bajó y mis ojos se cerraron por el placer que su toque me proporcionaba. Y entonces se irguió y lo posicionó en su entrada.
—Ana. —Hablé en tono de alerta, pero estaba envuelto en el placer que su cuerpo hacía sentir al mío.
—Mmm. —Gimió y continuó acariciando mi miembro justo en su entrada.
—Necesito... ahhh... —Era demasiado delicioso estar pegado a ella ahí sin que nada estuviera entre nosotros y ya estaba perdiendo el juicio. —Preservativo, Ana.
—Por favor, Rick... —Entendí lo que quería, porque era lo mismo que yo quería, conectarnos sin ninguna barrera, sentir piel con piel, sentir todo el éxtasis de fundirnos y mezclarnos.
—¡Ah, chica bonita, no me tientes!
Me reí, estaba tan loco por sentirla, tan desesperado por remover la barrera de látex que siempre estaba entre nosotros que no tendría fuerzas para impedirle que me tomara como quería. Pero no retrocedió. Y reuniendo la poca cordura que todavía tenía levanté los ojos para mirarla.
—Ana, mírame. —Sus ojos castaños encontraron los míos. —¿Estás segura?
El sentimiento que tenía por esta mujer estaba corriendo desenfrenado en mí, era amor puro y soberano. Ella me estaba montando y empujé contra ella, en un duelo de voluntades que se combinaban. Mi boca encontró uno de sus senos y lo chupé y a cada movimiento de nuestras caderas chocando estaba más cerca del paraíso.
Cuando su canal caliente y resbaladizo empezó a apretarse, pulsando a mi alrededor y sus gemidos se volvieron más altos, sabía que estaba casi llegando y quería que viniera conmigo en esa espiral de placer, entonces mi mano se deslizó entre nosotros y encontró su clítoris, lo masajeé en movimientos circulares y a medida que lo tocaba se excitaba más y sus movimientos de subir y bajar se volvieron insanos.
Su rostro se contorsionó en éxtasis, su cuerpo se puso rígido, su respiración falló y se trabó. Por fin cayó en contracciones perfectas que aplastaban mi miembro dentro de ella y me succionaban aún más hacia su interior. El sudor brotaba de mi cara y un hormigueo que empezó en la base de mi espina se extendía, mi cuerpo reaccionaba por cuenta propia y no pude aguantar más y un éxtasis incandescente corrió a través de mí. Mi clímax fue inevitable y ni sé cómo logré retrasarlo tanto, sentí un escalofrío por todo el cuerpo y fue como si explotara dentro de ella en millones de pedacitos.
La jalé hacia mí y la besé y envolví su cuerpo en mis brazos. Todavía estaba dentro de ella y estábamos profundamente conectados, no solo de forma carnal, sino de una manera que nunca me había sentido antes, había una conexión entre nosotros, entre nuestras almas. Esta mujer simplemente llegó a mi vida y sin que me diera cuenta se convirtió en mi amor, mi grande y único amor.
—Tal vez deberíamos salir de la tina. —Hablé en su oído después de un tiempo y estuvo de acuerdo.
Salimos de la tina y terminamos nuestro baño en la ducha, entre besos y caricias y después, cuando estaba completamente seca y envolviéndose en la toalla, la cargué y la llevé a la cama.
—Todavía no termino contigo, chica bonita, ¡quiero más! —Le quité la toalla del cuerpo y me acosté sobre ella, ansioso por más de esas emociones y sensaciones que solo ella despertaba en mí.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Jefe Irresistible: Rendida a su Pasión (de Maria Anita)
No sale el capitulo 7-8 y 9...
El capítulo 7 no sale...
No se puede continuar la historia después de cap 284 ,Marca error y compré monedas,intente con otras historias y si se pueden desbloquear pero esta no,ojalá arreglen eso por que ya que regresa a lectura gratis,va con otra historia de personajes que no conocemos,nunca se sabe qué pasó con Heitor y Samantha al final....