"Ricardo"
Desperté con mi despertador estridente sonando en la mesita de noche al lado de la cama donde durmió Anabel. Aún usaba un despertador, era un viejo hábito que la modernidad de los smartphones no me había quitado. Estiré el brazo sobre ella y apagué esa cosita ruidosa.
—¡Los celulares tienen la función de despertador! —Comentó sin moverse a mi lado.
—Hm, tengo algunos hábitos antiguos. —Le di un beso en su rostro y frotó el cuerpo contra mí y se volteó.
—Es un juguetito bonito. —Me encaró con los ojos semi cerrados y una sonrisa deslumbrante.
—¿Hiciste como hacen las mujeres en esas películas de comedia romántica? —Me miró como si no hubiera entendido mi pregunta. —¿Despertaste más temprano y te levantaste, te peinaste, te lavaste la cara, te cepillaste los dientes y te maquillaste y después volviste a la cama?
—No. —Respondió riéndose.
—¡Entonces tenía razón, mientras más desarreglada, más hermosa te ves! —Examiné cada rasgo perfecto de su rostro, su nariz delicada y respingada, sus pestañas oscuras y abundantes cayendo sobre sus ojos, sus mejillas levemente rosadas, sus largos cabellos enredados entre nosotros. Era hermosa e irresistible.
—Le haces bien a mi autoestima. —Se rio. —¿Pero sabes que tú también eres demasiado hermoso, Ricardo?
—¿Lo soy? —La miré medio avergonzado, no estaba acostumbrado a recibir elogios. Taís nunca los hacía y me mantenía alejado de otras mujeres, porque estaba casado, aunque fuera un matrimonio abierto que trataba veladamente de volver a cerrar.
—Ah, lo eres, hermoso, por dentro y por fuera. Y también eres una delicia, ¿sabías? —Continuó y aquello me fascinó, era espontánea y no se avergonzaba de decir lo que pensaba.
—No, no lo sabía. —Pasé la mano por su rostro. —Me estás agradando. Pero, aun así, necesito decirte algo. —Me miró seria. —No babeas, pero roncas como un escape roto. —Abrió los ojos sorprendida y comencé a reírme.
—¡Qué poco elegante señalar ese detalle, Ricardo! Sabía que tenías que tener algún defecto. —Me dio una palmadita en mi hombro. —No ronco, tengo sueño de princesa.
—¿Ah, sí? ¿Y cómo es el sueño de una princesa? —Me estaba divirtiendo con su expresión graciosa de falsa ofendida.
—Las princesas no roncan, resuenan. Entonces lo que escuchaste, si es que escuchaste, no fue un ronquido, fue un resonar, leve y delicado. —Concluyó y me reí aún más.
—Es muy bueno despertar al lado de alguien con tan buen humor así. —Comenté, recordando tiempos en que despertaba al lado de una mujer que ni siquiera daba los buenos días, pues despertaba de mal humor y lo máximo que conseguía de ella por la mañana era un besito antes de salir al trabajo.
—También lo creo. Pero sería aún mejor despertar al lado de alguien con ganas. —Me devolvió y la encaré. Con un movimiento rápido la atrapé debajo de mí y me froté contra ella.
—¿Así está bien para ti? —Estaba listo para ella en el momento en que sentí su perfume, antes incluso de abrir los ojos. Abrió más las piernas, para acomodarme mejor.
—¡Huummm! Esto está casi perfecto para mí. Mejor solo si estuviera dentro...
Ni esperé más, estiré la mano, abrí el cajón y saqué un preservativo, me arrodillé en la cama y me lo puse, volviendo a cernerme sobre ella, apoyándome en mis codos.
—Haciendo así, no resisto, chica bonita. —Me alineé a su entrada y bajé mi boca para capturar la suya, mi lengua enredándose con la suya.
Mi mano se deslizó por su torso, sosteniendo su seno, apretándolo y sintiendo la deliciosa suavidad de su piel y mi pulgar jugueteó con su pezón erecto. Sus manos delicadas vagaron hasta mi trasero y se anclaron ahí, apretándome y alentándome a invadirla.
—Sabes que no me voy a contentar solo con un baño. —Se rio. —Eso demoraría mucho y necesito irme.
—Sí, va a tener que quedar para después entonces. —La besé y salimos de la cama. Estaba tentado a agarrarla y volver a la cama y pasar el día ahí, pero los dos teníamos obligaciones que cumplir. —Voy a buscar tu ropa.
—¿Puedo usar tu baño? —Preguntó como si no hubiera pasado la noche en mi cama y me reí.
—Estás en tu casa. —Le di un beso en su frente y fui a buscar sus cosas.
Cuando volví al cuarto dejé todo sobre la cama y fui al baño. Estaba frente al espejo terminando de sujetar el cabello en un moño totalmente desarreglado. Era una imagen hermosa. Se volteó y besó mi pecho al pasar por mí.
—Voy a ponerme una bermuda y te llevo hasta el auto. —Hablé mientras se agitaba hacia fuera del baño.
—No te preocupes, tú también estás atrasado. Puedes ir a bañarte, cierro la puerta cuando salga. —Estaba realmente agitada.
—¿Estás segura? —La miré dudando. Se puso el vestido por la cabeza y saltó a mi cuello, ofreciéndome un beso que me hizo querer arrastrarla a la ducha conmigo.
—¡Segura, delicia! Si sigues así, exhibiéndote desnudo frente a mí, voy a terminar faltando al trabajo. —Me reí de su constatación.
—¡Está bien! Te llamo más tarde. —Le di otro beso rápido y fui al baño.
Cuando salí del closet ya estaba listo para el trabajo. Miré la cama que estaba completamente arreglada y no fui yo quien hizo eso. Sobre mi almohada, perfectamente estirada, estaba una ropa interior naranja minúscula. Me reí, pasando los dedos por la delicada pieza y recordando lo hermosa que se veía en esa chica bonita que me estaba volviendo loco. Entonces la guardé junto con las otras en el cajón del buró al lado de la cama, ya había desistido de devolverlas, eran mías. Así, salí al trabajo con una alegría que no sentía desde hacía mucho tiempo.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Jefe Irresistible: Rendida a su Pasión (de Maria Anita)
No sale el capitulo 7-8 y 9...
El capítulo 7 no sale...
No se puede continuar la historia después de cap 284 ,Marca error y compré monedas,intente con otras historias y si se pueden desbloquear pero esta no,ojalá arreglen eso por que ya que regresa a lectura gratis,va con otra historia de personajes que no conocemos,nunca se sabe qué pasó con Heitor y Samantha al final....