Entrar Via

Jefe Irresistible: Rendida a su Pasión (de Maria Anita) romance Capítulo 830

"Anabel"

Abrí mi corazón a Rick, le conté cosas que no hablaba con nadie, cosas que cuando hablé nadie creyó, pero él no dudó de mí, dijo que creía y confié en eso, la manera que me miró me dio certeza de que había creído en mí.

Por primera vez en la vida, después de toda esa historia sórdida, alguien creía en mí. Ni mi hermano, que me amaba y demostró eso muchas veces y que me apoyó tanto como pudo, ni él me miraba como Rick me miró, esa mirada de fe y confianza.

Fue imposible que mi corazón no saltara al abismo de una vez. Estaba completamente enamorada de ese hombre hermoso y encantador y sabía que eso sería mi salvación o mi infelicidad completa.

Lo que estaba pasando entre nosotros era demasiado bueno para que resistiera y fuera lo que fuera al final de esto, preferí arriesgar y tener lo máximo de él que pudiera antes de que se cansara de mí. No era posible resistir a él, no lograba decir no a lo que me ofrecía, jamás lograría decirle no.

Rick era un hombre fuera de lo común realmente, gentil, educado y lleno de gracia, y en la cama era un hombre dominante y creativo, especialista en preliminares que me dejaban con las piernas temblorosas y era incansable. Nunca había conocido un hombre como él, que se preocupara tanto en agradar a su pareja y que supiera exactamente dónde estaban todos los puntos de placer de una mujer, algunos lugares que ni yo misma sabía.

Después de que me puso sobre la mesa y se banqueteó con mi cuerpo, me cargó hasta su cama. Diferente de lo que fue en el sofá y de lo que hizo conmigo en la mesa, en la cama elevó el nivel, llevó mi cuerpo y mi mente a un placer casi surreal. Era un amante apasionado, elocuente, exigente y dedicado.

Pero no era solo eso, además de hermoso, con esa piel bronceada de sol y un cuerpo que quitaba el aliento, Rick era una persona encantadora, el tipo de hombre que valía la pena y que hacía que una se enamorara de él rapidito.

Cuando cayó a mi lado en la cama, jadeante y con la piel brillando con el sudor, me jaló por la cintura, contra su pecho y se quedó pasando esa mano grande y caliente de forma delicada y sabrosa sobre mi piel, mientras daba besos cariñosos en mi hombro y en mi cuello.

Estaba con las piernas temblorosas y todo lo que quería era acomodarme en su cuerpo y sentir su calor mientras me quedaba dormida, pero no podía, ya que en mi casa él se fue, tal vez aquí esperara que yo hiciera lo mismo. Me moví para levantarme, pero su mano se extendió en mi abdomen y me mantuvo en el lugar, con el cuerpo bien pegado al suyo.

—¿Dónde piensa que va la señorita? —Preguntó bajo y despacio en mi oído.

Tenía la voz de un barítono, aterciopelada, y que ahí en mi oído, mientras soplaba su aliento caliente en esa región sensible, enviaba señales directamente a mi sexo. ¿Qué tipo de maniática me estaba volviendo con este hombre, que bastaba que hablara y ya estaba toda necesitada de él? Ah, pero era imposible no querer sentir su cuerpo sobre el mío de nuevo.

—Necesito irme a casa, ya está tarde. —Me volteé para encararlo.

—No necesitas irte. —Habló y continuó dando besos en mi cuello, bajando hasta mi seno. —Son tentadores. —Me reí de su comentario mientras miraba mis senos.

—Sí necesito, fui invitada a la cena apenas. —Sonreí y me encaró, con una expresión divertida.

—¡Y fuiste un banquete, chica bonita! —Sonrió pícaramente y besó mi boca, un beso profundo y que evocaba todo el calor y el deseo que flotaba entre nosotros.

—¿Estás sufriendo de piernas temblorosas, Anabel? —Se rio y besó mi barbilla.

—Culpa tuya y de esa boca perversa tuya y de ese cuerpo sabroso tuyo y de ese miembro incansable tuyo. —Soltó una carcajada echando la cabeza para atrás.

—¡Me gusta esa boquita sucia! —Habló dándome un beso rápido.

—Qué bueno, porque puede descontrolarse. —Bromeé.

—Ah, pero ahora voy a querer ver eso. —Me provocó.

—Pero necesito alertarte de algo. —Me miró como preguntándome qué. —Despierto arrugada, despeinada y, aunque babeo mientras duermo, no ronco. —Se carcajeó una vez más y su risa era un sonido profundo y sexy.

—Chica, ¡no existes! ¿Sabes lo que pienso? Pienso que debes despertar deslumbrante, porque mientras más desarreglada te pones, más hermosa te encuentro. Estoy loco por verte en la mañana. —Mi corazón se apretó. ¿Cómo no enamorarse de un hombre que dice cosas así?

Me dio un beso profundo y calmado, mientras su mano dibujaba pequeños círculos en mi piel. Después, me jaló hacia su cuerpo, pegando mi espalda a su pecho. Mi cabeza se acomodó sobre su brazo mientras el otro, puesto sobre mi cintura me mantenía pegada a él. Y así fue como me quedé dormida, acurrucada y calentada por su cuerpo.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Jefe Irresistible: Rendida a su Pasión (de Maria Anita)