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Jefe Irresistible: Rendida a su Pasión (de Maria Anita) romance Capítulo 801

"Lisandra"

Los días fueron pasando y Patricio y yo todavía no nos habíamos resuelto y nuestras disputas diarias, con provocaciones y discusiones, volvieron a ser como al inicio, como eran apenas regresó de viaje. Generalmente me decía niñita mimada y yo me ponía ciega de rabia, después dejaba algo sobre mi escritorio como pedido de disculpas y yo se lo devolvía y volvíamos a discutir. Era un ciclo infinito.

Ya había pasado un mes desde que lo pillé con esa mujer y descubrí que estaba embarazada, pero mi embarazo todavía era un secreto. Tampoco había buscado mis cosas en su casa, quería que me las devolviera y peleábamos por eso también. Confieso que cada vez que decía que mis cosas estaban en "nuestra" casa me tambaleaba, pero cuando me decía que me amaba y que no se rendiría, tenía ganas de olvidar todo y agarrarlo.

Para no ir a trabajar en tenis y sudadera todos los días, terminé consiguiendo un uniforme como los de las recepcionistas de la empresa, que era un vestido azul marino bien bonito, entonces trabajaba de uniforme y en casa me las arreglaba con la ropa que tenía en la maleta que llevé a la finca, que fueron las únicas cosas que me quedaron.

Pero ya estaba cansada de ese tira y afloja. A media mañana logré escaparme de Patricio, que parecía andar vigilándome y se quejaba siempre que no me encontraba en mi escritorio. Llamé a Manu para un café y me di cuenta de que estaba muy triste últimamente, pues todavía no había logrado quedar embarazada. Traté de consolarla, pero me sentía culpable por estar embarazada y ella aún no. Tendría una consulta y no podría ir, pues Patricio me estaba torturando con una conferencia en la que exigía que participara. Era puro capricho suyo y lo sabía.

Pero Patricio me encontró tomando café con Manu y no escatimó esfuerzos para irritarme. Trataba de mantener mi voz indiferente, pues eso lo volvía loco de rabia. Pero era imposible.

—Vamos, Sr. Guzmán, le voy a entregar sus reportes. —Bufé y salí con él siguiéndome.

—¡Andas muy descuidada, Lisandra! —Se quejó detrás de mí cuando entramos a su oficina.

—¡Ah, Patricio, no seas dramático! —Hablé ya irritada con sus maniobras. Tomé los reportes sobre la mesa y se los entregué. —Como dije, sobre su escritorio. —Pero estaba sonriendo y no entendí por qué.

—¡Volví a ser Patricio! —Abrió aún más la sonrisa y se acercó. —Eso significa que muy pronto vuelvo a ser tu "cariño". —Era un creído eso sí, pero tuve que morderme el labio para no reírme.

—¡No seas creído! —Lo empujé y me alejé, volviendo a mi oficina.

Acabábamos de salir de la conferencia cuando Manu llegó. Estaba ansiosa por saber qué le había dicho el médico. Cuando me contó que estaba embarazada casi grité de alegría, pero Manu quería esperar el tercer mes de gestación para contarle a Flavio. ¿Pero debería esconder que estaba embarazada por más tiempo? No sabía qué hacer. Mi embarazo era un secreto que ya se estaba volviendo difícil guardar, aunque la barriga todavía no se notara. Decidí hablar con Melissa y pedirle un consejo. Pero las cosas todavía se iban a complicar más.

Al final de la tarde sentí unas ganas incontrolables de comer un pastel de nueces con cobertura y relleno, y, escabulléndome para que Patricio no me viera salir, fui hasta la pastelería que había frente a la oficina. Pero antes de que entrara a la pastelería fui rodeada por un rostro conocido.

—¡Lisandra, hola! —El Dr. Gabriel, el médico que había descubierto mi embarazo se paró frente a mí.

—¡Dr. Gabriel, qué sorpresa! ¿Paseando? —Le sonreí amigablemente al médico.

—Casi, vine a atender a un paciente aquí cerca. ¿Y tú? —Era tan gentil, tenía una voz tan calmada, que me hacía sentir tranquila.

—Trabajo aquí enfrente. —Señalé el edificio.

—¿Tienes tiempo para un café? —Preguntó gentilmente y sentí una mano grande tocar mi cintura.

—¡No, ella no tiene tiempo para un café! —Patricio apareció a mi lado, viniendo no sé de dónde.

—¡Patricio! —Lo reprendí, pero no se intimidó.

—Disculpe, ¿quién es usted? —El médico miró a Patricio confundido.

—¡No tenías derecho de hacer lo que hiciste! —Repliqué.

—¿Estás hablando del graciosito que acabo de ahuyentar? Ah, sí tenía derecho. Y ¿sabes qué?, hice lo que tú deberías haber hecho cuando viste a esa mujer lanzarse encima de mí, ¡deberías haber cuidado lo que es tuyo!

—¿Estás diciendo que es mi culpa que te haya besado?

—¡No, Lisandra! Estoy diciendo que te ofendiste, ¡pero estabas ahí y no peleaste por mí! Sabes que te amo, ya lo dije de millones de maneras y sabes que es verdad, que es sincero. Y tú, dices que me amas tanto, pero no luchas por mí, ¡nunca luchaste! Siempre solo te sentaste y esperaste. Esperaste cuando me alejé de ti, esperaste cuando Virginia volvió... es más, no, voy a ser justo, no esperaste, te alejaste. Porque cuando te besé en tu cuarto saliste corriendo al internado y después cuando Virginia apareció quisiste salir corriendo otra vez y el día de ese maldito beso ¡huiste! Te amo, Lisandra, pero quiero que luches por mí, ¡quiero que defiendas nuestro amor! ¡Quiero que pares de huir! Y este maldito berrinche, pelea, rencorcito, como quieras llamarlo, ¡se acaba aquí! Estás volviendo a casa y estás volviendo conmigo.

Estaba enojado, pero había cierta razón en lo que decía. Pero en ese momento solo sentí el mundo girar a mi alrededor y sentí un mareo que me hizo tambalear y mi estómago se revolvió. Di un paso hacia atrás y tanteé, buscando el sillón que estaba ahí. Pronto las manos de Patricio estaban en mí y me ayudó a sentarme. Lo escuché llamar a Manu, pero parecía todo lejos y apagado. No me estaba sintiendo bien.

—¡Lisandra, mírame! —Patricio gritaba y un vaso de agua fue puesto frente a mí.

—Lisa, bebe un poco de agua. —Escuché la voz de Manu.

—¿Qué tienes? —Patricio me miraba preocupado. El mareo estaba pasando y sabía que no era nada, que en algunos minutos estaría bien.

—No tengo nada, fue solo el estrés. —Respondí bajito y bebí el agua que me ofrecieron.

—No, esto no es solo estrés, te pusiste demasiado pálida. Te voy a llevar al hospital. —No quería ir al hospital, pero tal vez fuera mejor, decidí no discutir y dejé que me llevara.

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