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Jefe Irresistible: Rendida a su Pasión (de Maria Anita) romance Capítulo 800

"Patricio"

Lisandra trataba de debatirse bajo mí, pero la mantenía en su lugar, con cuidado de no lastimarla, pero sin dar espacio para que saliera corriendo.

—¡Suéltame! —Golpeó con el puño cerrado mi pecho.

—No puedo, solo tienes sujetador puesto y ¡de ninguna manera otro hombre va a poner los ojos en lo que es mío! —Respondí y le di otro beso en el cuello.

—¡Yo no soy tuya! —Se quejó.

—Ah, sí lo eres, puedes estar enojada, pero eres mía. La forma como tu cuerpo reacciona a mí lo deja bien claro. —Reafirmé.

—Eres un... —Estaba roja y adorable debajo de mí.

—Un tonto. Lo sé. Pero vamos a resolver esto, mi dulce, porque soy tu tonto y no puedo vivir sin ti. —Hablé con calma y no podía quitarme la sonrisa del rostro. Tenía más certeza que nunca de que nos arreglaríamos, era solo cuestión de tiempo y de que hiciera lo correcto.

—Oigan, ¿saben que todavía estoy aquí? —Rick gritó de repente.

—Eso lo sé, Ricardo, solo no entendí por qué todavía no has salido y cerrado la maldita puerta. —Me quejé sin quitarle los ojos de encima.

—Porque tengo papeles que necesitan ser firmados con urgencia. Estuviste fuera algunos días, ¿olvidaste? Después de que firmes todo, ahí puedes volver a tu pequeña discusión doméstica. —Rick sofocó la risa.

—Te salvó la campana, mi dulce. Pero no vas a poder huir de mí para siempre. —Le di otro beso rápido en la boca. —Rick, espérame en la oficina de mi linda, ya voy a firmar esos papeles.

Rick salió y escuché la puerta cerrarse. Entonces acaricié su rostro y mirándola a los ojos, antes de levantarme, todavía dije:

—¡Tus cosas, todas tus cosas, están donde deberían estar, en nuestra casa! —Le di otro piquito y me levanté, deleitándome con la visión de su cuerpo semidesnudo. —Tienes las llaves, mi dulce, todo está ahí, solo faltas tú.

Me alejé de ella y salí de la oficina, yendo a firmar esos tales papeles urgentes que Rick mencionó. Me estaba esperando, sentado en su silla y con una sonrisa de quien dice "te pillé".

—¿Cómo es, se arreglaron? —Preguntó.

—Todavía no, pero lo haremos. Me va a castigar primero y entiendo eso. Quiere estar segura de que nunca más la voy a lastimar. Vi eso en sus ojos.

—Espero que sea rápido. —Rick me ofreció una sonrisa de apoyo.

—Entonces trata de ayudarme y no interrumpas otra vez. —Dije y tomé los papeles para firmar.

Cuando terminé de firmar los papeles, Lisandra salió de mi oficina. Parecía estar bastante irritada y sonreí, encontrándola encantadora con esa expresión enojadita. Me levanté y salí de la oficina, necesitaba un café y necesitaba darle un minuto.

—Por lo visto tu buen humor regresó. —Manu habló cuando me vio regresando con una taza de café.

—¡Ah, Manu, ella me ama! —Sonreí y Manu también se rió.

—Te ama, pero en este momento quiere retorcerte el cuello, Pat. —En eso estaba de acuerdo con Manu.

—Pero voy a trabajar para que me perdone. Ya verás.

—Ojalá sea rápido, porque ya preveo días de furia en esta oficina, como fue apenas regresaste de viaje. —Manu suspiró, me pareció un poco triste.

—¡Aquí, señorita. Y cierra la puerta esta vez! —Estaba tomando un dulce de la caja y me lo puse en la boca. Me miró irritada.

—¡No voy a caer en ese truco! —Cruzó los brazos.

—No es un truco, señorita, quiero discutir contigo el contrato que dejaste sobre mi escritorio. —Era mentira, pero si quería hablar solo de trabajo, usaría eso para hablar con ella y estar bien cerca.

—¿Qué hay que discutir? Hice la revisión y los ajustes. Solo tiene que leerlo el señor. —Insistió.

—¡Que yo sepa, todavía soy tu jefe! Y quiero discutir el contrato, por eso te vas a sentar aquí y discutir el contrato conmigo. —Hablé en serio y bufó, pero caminó y se tiró en el sillón al lado del sofá.

Por la hora siguiente repasamos todo el contrato y se fue relajando a medida que el asunto giró solo en torno al trabajo. Pero cuando terminamos tomé la caja de dulces, me levanté y me arrodillé frente a ella, poniendo la caja en su regazo e impidiendo que se levantara. Cuando abrió la boca para protestar le puse un dulce en la boca. No tuvo opción, masticó el dulce y trató de disimular el placer que sentía con el sabor.

—Muy bien, solo tienes que escuchar ahora. —La encaré. —Nunca te engañaría, porque te amo. Fui un idiota, porque debería haber apartado a esa mujer, pero me pilló desprevenido y me dejó sin acción, de una forma mala.

Había tragado el dulce y abrió la boca una vez más para hablar, entonces le puse otro dulce y sus ojos se abrieron más en una especie de indignación.

—No la besé, aunque ella me haya agarrado. Y te pido perdón por que aquello haya pasado. Pero te amo, más que todo en el mundo y no puedo vivir sin ti. Perdóname, mi dulce. Vuelve conmigo. —Suplicaba ahí frente a ella. Terminó de masticar y tragar el dulce que tenía en la boca.

—Necesito tiempo. Voy a pensar en lo que dijiste y cuando esté lista hablaremos. —Habló con calma y me di cuenta de cuánto la lastimé.

—¡Está bien! —Suspiré y me levanté. —Voy a esperar, pero no me voy a rendir. —Se levantó e iba a dejar los dulces sobre la mesa, pero la detuve. —Por favor, son tus favoritos.

Miró la caja en sus manos y decidió llevársela. Salió y me dejó ahí solo sufriendo por el abismo que había entre nosotros en ese momento. Pero al menos estaba aquí, lo suficientemente cerca para que pudiera verla y tratar de ser perdonado.

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