"Lisandra"
Patricio me puso en el carro y manejó rápidamente hacia el hospital. Durante el trayecto me observaba y de vez en cuando preguntaba cómo me estaba sintiendo. No quería que supiera todavía de mi embarazo, pero no me preocupé, pues se quedaría en la sala de espera. Por otro lado, no podría consultarme con el Dr. Molina, pues Patricio podría sospechar, debido a la especialidad del médico.
Patricio me dejó sentada mientras estaba pasando la información en la recepción. Pronto se unió a mí y cuando nos llamaron la recepcionista nos indicó el piso y el número del consultorio. Solo cuando nos presentamos a la secretaria del médico fue que me di cuenta de quién era ese consultorio y ya estaba previendo otra escena.
—¡Lisandra! —El Dr. Gabriel salió del consultorio sonriendo. —Parece que hoy es mi día de suerte.
No había visto a Patricio un poco más adelante tomando un vaso de agua para mí, pero Patricio se volteó bruscamente y vino hacia el médico.
—No, doctor, no creo que sea su día de suerte. —Patricio se acercó y se puso entre el médico y yo.
—Ah, el novio también vino hoy. —El médico habló en un tono de broma y parecía hasta una provocación. —Es muy bueno, Lisandra, que te esté acompañando. ¡Por favor, pasen!
—Patricio, esperas aquí en la recepción. —Dije cuando Patricio insinuó acompañarme al consultorio.
—¡Pero ni pensarlo! ¡No te voy a dejar sola con el Dr. Don Juan ahí! —Patricio protestó y miré al médico casi desesperada, pero solo se rió.
—Patricio. —Lo llamé, pero estaba inflexible.
—Lisandra, ¡voy a entrar contigo! Soy tu novio, te sentiste mal y estoy preocupado, quiero saber cuál es el problema. Entonces, mi linda, no hay fuerza en este mundo que me deje fuera de ese consultorio. —Patricio se volteó para encararme y el médico detrás de él solo habló sin emitir sonido para que me quedara tranquila. Hasta estaba encontrando bien sexy a este Patricio que decidía las cosas y ponía punto final a las discusiones.
—¡Está bien! —Dije desanimada. Esto sería bien complicado, no tendría ninguna oportunidad de evitar que descubriera ahí, por el médico, sobre mi embarazo, sin que tuviera la oportunidad de hablar con él y prepararnos a los dos para el impacto de aquello.
Entramos al consultorio y me senté. El médico hizo las preguntas de rutina sobre lo que estaba sintiendo y todo lo demás, pero no tocó el tema del embarazo. Me examinó, teniendo el cuidado de no despertar los celos de Patricio, que ya lo miraba con mala cara.
—Entonces, doctor, ¿qué tiene ella? ¿Va a pedir exámenes no? —Patricio le preguntó al médico, parecía un tanto angustiado.
—Sí, voy a pedir algunos exámenes. Lo que sintió hoy es perfectamente normal en su estado. —Me hundí en la silla, era ahora que el mundo se iba a desplomar. En el fondo tenía miedo de que Patricio rechazara la idea, que rechazara a nuestro hijo o que no recibiera la noticia con entusiasmo y alegría.
—¿En su estado? ¿Qué estado? —Patricio parecía confundido.
—Lisandra, ¿estás tomando las vitaminas según prescrito? —El médico preguntó al sentarse nuevamente y asentí. No me había prescrito nada, pero el Dr. Molina sí.
—¿Qué vitaminas? —Patricio volvió toda su atención al médico.
—Usted no la acompañó en la consulta anterior. Está tomando unas vitaminas. Nada del otro mundo, solo para ajustar una pequeña baja señalada en el último examen, por eso ese mareo es normal. —El médico parecía haber entendido que Patricio no sabía de mi embarazo.
—¿Y cuándo te consultaste? —Patricio me observó y ya estaba demasiado nerviosa.
—¡Hace un mes, el día que almorzaste con tu amiguita! —Respondí impaciente.
—¡Ella no es mi amiguita! —Habló entre dientes y se volteó hacia el médico. —¿Será que hay algo malo con esas vitaminas?
Romano y Wanda nos estaban esperando junto a la puerta y Wanda me dio un abrazo muy apretado. Fui recibida en esa casa con afecto y alegría. Realmente me sentía en casa ahí. Patricio me llevó hasta el cuarto. Estaba casi todo igual, solo el clóset que estaba lleno con mis cosas, todo estaba ahí, debidamente arreglado.
—¿Qué quieres comer? Voy a pedirle a Wanda que prepare mientras te bañas. —Patricio me hizo sentar en la cama y me quitó los zapatos.
—Quiero pastel de nueces con relleno y cobertura. —Suspiré dándome por vencida. Estaba masajeando mis pies y aquello era muy bueno.
—¿Un dulce, mi dulce? —Me sonrió. —¿Podemos dejarlo para mañana?
—¡No podemos! Quiero pastel de nueces con cobertura y lo quiero de la pastelería cerca de la oficina. —Exigí. Si estaba resolviendo que nuestra pelea había terminado, me creía con derecho de hacer exigencias.
—¡Qué específico! —Se rió, pero lo encaré seria. —Está bien. Voy a mandar a buscarlo. Pero también le voy a pedir a Wanda que prepare algo más nutritivo y vas a comer antes del pastel.
—No soy niña para que me trates así. —Me estaba irritando.
—No, no lo eres, pero me gusta cuidarte y sabes eso. —Soltó mi pie y vino despacio hacia mí, haciéndome acostar en la cama y acostándose sobre mí con cuidado. —Ahora te voy a besar, ¡porque me estoy muriendo de nostalgia!
—Me besaste ayer, después de que me llamaste a tu oficina para quejarte de que estaba de charlita con Néstor en lugar de trabajar. —Lo provoqué.
—¡Ah, sí! ¡Ese beso estuvo muy bueno! Pero ya hace mucho tiempo. —Sonrió y me besó. Dejé de resistir. Tenía razón, yo no luchaba por él y ya había pasado demasiado tiempo, yo también tenía nostalgia.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Jefe Irresistible: Rendida a su Pasión (de Maria Anita)
No sale el capitulo 7-8 y 9...
El capítulo 7 no sale...
No se puede continuar la historia después de cap 284 ,Marca error y compré monedas,intente con otras historias y si se pueden desbloquear pero esta no,ojalá arreglen eso por que ya que regresa a lectura gratis,va con otra historia de personajes que no conocemos,nunca se sabe qué pasó con Heitor y Samantha al final....