Entrar Via

Jefe Irresistible: Rendida a su Pasión (de Maria Anita) romance Capítulo 1441

"Giovana"

Estaba sentada en mi cama haciendo unas investigaciones en mi computadora nueva. ¡Esto era una maravilla! ¡Ahora podía investigar unas cosas y sorprender aún más al precioso!

—¿Qué estás tramando en esa computadora, fierecita? —Anderson apareció en la puerta de mi cuarto, se recostó en el marco y cruzó los brazos.

—Estoy pasando el tiempo, precioso, ¡ya que hoy preferiste a mi papá que a mí! —Respondí medio enfurruñada, porque había pasado la tarde con mi papá.

—Fierecita linda, ¡tu papá quería hablar conmigo sobre trabajo! —Me recordó.

—Fui abandonada, estoy molesta. Deberías venir aquí a darme un beso y disculparte.

—¡No voy a entrar a tu cuarto, fierecita!

—¡Ay, Anderson! ¿Por qué no?

—Por muchos motivos, ¡especialmente porque fue un límite que establecí y sabemos lo que quieres de mí ahí! —Sonrió, aquella sonrisa linda.

Mi novio se estaba poniendo listo y ya estaba anticipando mis jugadas, era mejor que empezara a innovar.

—Anderson, sabes que todavía no he cobrado aquella apuesta que hicimos, ¿verdad? —Pregunté y él cerró la sonrisa y me estudió antes de preguntar.

—¡Tu cumpleaños ya pasó! —Respondió y si estaba pensando que me había olvidado de aquello, no me conocía.

—¡Precioso! —Sonreí, salí de la cama y fui hacia él. —Acordé en esperar hasta mi cumpleaños para cobrar tu deuda, ¡no dije que cobraría el día de mi cumpleaños!

Lo hice recostarse en la pared y apoyé las manos bien abiertas a la altura de sus hombros y lo miré a los ojos.

—Fierecita, ¿no crees que aquellos mimos de tu cumpleaños son suficientes para cubrir cualquier cosa que puedas pedir?

Sonreí, cerré los ojos y sacudí la cabeza en negativa. ¡No lo eran! Tenía derecho a un pedido y ¡no lo desperdiciaría! Y sabía muy bien lo que quería.

—Escucha bien, Anderson, me debes.

Mientras hablaba pasé la mano por su pecho, sobre la camiseta negra, y fui bajando hasta alcanzar la pretina de su pantalón y metí solo el dedo índice ahí, porque ya sabía que eso volvía loco a mi novio. Y mientras trazaba aquella línea de un lado a otro de su cadera, continué hablando:

—Voy a cobrar, Anderson, en el momento en que crea que debo cobrar. ¡Y te va a gustar! —Hablé llena de confianza.

Anderson me tomó por la cintura y me aprisionó contra la pared opuesta. Me dio un beso urgente, su lengua entró en mi boca y exigió la mía, de aquella misma forma en que me besó en su cuarto. Su mano bajó hasta mi trasero y dio un apretón rico ahí, pero su mano continuó bajando por mi muslo y después subió llevando junto la barra de mi vestido y agarró mi trasero de nuevo y dio una palmadita ahí, que no dolió, pero me sorprendió, hormigueó y me hizo sentir cosas interesantes.

—Eres una diablilla atrevida que me está sacando de quicio en los momentos más inoportunos. No lo voy a negar, ¡esto es una delicia! —Sonrió y acarició mi trasero. —Cobra tu deuda, fierecita, voy a pagar con placer.

Me dio otro beso, arregló mi vestido en su lugar y se recostó en la otra pared, levantando el dedo para advertirme que no me acercara. Miré su entrepierna y entendí por qué. Cerró los ojos y respiró hondo hondo algunas veces, ajustó los jeans y abrió los ojos con una sonrisa.

—Vamos, fierecita linda, Flavio vino a verte. —Me ofreció la mano y cuando puse la mía en la de él, me jaló y me abrazó. —¡Me vas a volver loco!

Ah, las cosas que podría ver en una computadora... y solo bastaba digitar lo correcto en la barra de búsqueda. ¡Realmente volvería a mi precioso loquito por mí!

—BFF, ¡viniste a verme! —Irrumpí en la sala todavía con la sonrisa de quien tenía al novio en la palma de la mano.

—¡Hola, amiguita! Vine a traer buenas noticias y traje a tu nuevo fan. —Flavio puso la mano sobre el hombro del delegado Bonfim.

—Ay, gente, ¿fan? ¡Me voy a creer! —Abrí una gran sonrisa y abracé a Flavio y después al delegado Bonfim.

—Ah, querida, pero puedes creértelo, ya tienes varios fans allá en la delegación, inclusive ya hasta te dieron un apodo. —El delegado Bonfim contó y nos sentamos.

—¿Apodo? —Sentí curiosidad.

—Ah, muchacho, ¡vamos a ser un buen equipo! —Flavio habló orgulloso.

—¡De verdad! —Bonfim tenía una sonrisa que parecía más para sus propios pensamientos. —Cinco años, ese es tu plazo, muchacho, ¡pasa esos exámenes! —El delegado avisó y Anderson asintió.

—Bueno, pero vinimos a contarles unas novedades. —Flavio comenzó. —Gi, se acabó, arrestamos hoy a la ex profesora y a la ex directora.

—¡No lo puedo creer! ¿Lo lograron? ¿Se acabó? —Pregunté y Flavio asintió, con aquella sonrisa linda que tenía. Di un salto y abracé a Flavio. —¡Me lo prometiste y lo cumpliste! —Estaba emocionada y comencé a llorar, iba a poder vivir sin miedo de nuevo.

—¡Las promesas no deben romperse, Gi! Lo logramos y ¡tú ayudaste mucho! —Flavio me abrazó y después de soltarme comenzó a contar cómo había pasado todo.

—¿Y cómo están aquellas tres pesadas? ¿Lograron hacer videos de ellas? —Pregunté, después de todo eran pesadas, pero con ellas podía resolverme y no deseaba que cayeran en manos de aquellos bandidos.

—Van a estar bien. Por suerte llegamos en el momento en que iban a empezar a grabar. Las cámaras ya estaban encendidas, pero no tuvieron tiempo de hacer los videos, solo tuvieron tiempo de drogarlas, vestirlas con aquellas ropas horribles y maquillarlas, pero no las tocaron. —Flavio garantizó.

—Suerte que otras chicas no tuvieron. —Mi papá lamentó. —¡Esto es tan horrible!

—Si pensamos que son cerca de quinientos mil adolescentes y niños víctimas de explotación sexual por año en el país y este número todavía puede estar subnotificado, es indignante en verdad. —El delegado Bonfim me shockeó con aquel número. —Pero debemos pensar que fueron muchas menos solo por lograr desarticular esta banda.

—¿Y qué va a pasar con los bandidos? —Pregunté afligida.

—¡Cárcel! La ex directora ya fue encaminada a la prisión, la ex profesora fue baleada, estuvo a punto de morir, pero sobrevivió y tan pronto como reciba el alta va a otra prisión, no voy a dejar a madre e hija juntas. Y el cómplice de ellas, que también fue baleado, tan pronto como salga del hospital también va a la prisión. —Flavio contó.

—Pero van a salir pronto, ¿no es así, Flavio? —Mi papá quiso saber, parecía medio preocupado.

—No tanto, son varios crímenes. Puedes estar tranquilo, Rafael. Solo voy a pedir mantener la seguridad unos días más por exceso de celo. Los federales van a ir tras el resto de la banda, pero dudo que esos bandidos vengan tras Gi o tras Hana. Vamos a observar un poco más y entonces todo vuelve a la normalidad, ¿puede ser, Gi? —Flavio me preguntó y yo sonreí.

—Eso significa más tiempo con mi precioso, BFF, ¡no me estoy importando! —Di una gran sonrisa y empezaron a reír.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Jefe Irresistible: Rendida a su Pasión (de Maria Anita)