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Jefe Irresistible: Rendida a su Pasión (de Maria Anita) romance Capítulo 1442

"Hana"

Estaba ansiosa por las fotos que Rubia me prometió y ¡finalmente había llegado el día! El bar no abría todos los lunes, era el día perfecto para mi sesión de fotos, y Rafael combinó con todo el equipo que dejaran todo listo, limpio y organizado para nosotras. No estaba satisfecho por no poder participar, pero Rubia no dejó espacio para que reclamara.

Rubens y yo nos encontraríamos con Raíssa y Rubia en el bar, después del trabajo y Rubens y la gente de seguridad del bar se quedaría afuera para que estuviéramos seguras. Rafael me había llamado para contar sobre la visita de Flavio y que la pesadilla había llegado a su fin, pero todavía no estaba tranquilo y mantendría la seguridad, incluso siguiendo la orientación de Flavio.

Cuando llegamos al bar quedé impresionada una vez más con lo lindo y grande que era aquel lugar. Cuando estaba lleno no se podían ver los detalles, pero así, vacío, con las luces encendidas, era impresionante. ¡Haría las fotos aquí y me casaría aquí!

—Y entonces, Nana, ¿animada? —Rubia vino a abrazarme, ella, Raíssa y Boris ya estaban ahí cuando Rubens y yo llegamos.

—¡Mucho! ¿Qué tienes en mente? —pregunté y ella me hizo una señal con la mano para esperar.

—Lindito, te amo, pero ahora te vas allá afuera con Boris y los otros muchachos. ¡Aquí adentro solo Nana, Rai y yo! —Rubia le dio un beso a Rubens y los puso afuera.

—Nana, ¿cuáles lugares son especiales para ti aquí? —Rubia preguntó, mientras Raíssa comenzó a hacerme el maquillaje para las fotos, pero no entendí lo que Rubia quería saber. —Nana, quiero saber en cuáles rinconcitos tú y Rafa se quedan agarrándose, ¿entiendes?

—¡Ah! —Sonreí. —En la curva de la escalera que va a la oficina, sobre el escritorio de la oficina, contra el vidrio allá arriba...

—¿En la curva de la escalera? ¡Eso es muy público! ¡Rafa está cada vez más atrevido! —Rubia comentó con una sonrisa. —Bueno, ¿qué te parece empezar con este vestidito lindo, bailando aquí en la pista? Sé que a Rafa le gusta eso.

Rubia levantó el vestido que Rafael me mandó de regalo antes de empezar a salir, cuando todavía huía de él, el que estaba usando cuando me tocó aquí en esta pista de baile por primera vez. Abrí una sonrisa y tan pronto como Raíssa terminó mi maquillaje, comencé a desnudarme. Y mientras fui quitándome las piezas de ropa, Rubia comenzó a tomar fotos aleatorias, Raíssa puso una música para sonar y bajó las luces, como si el bar estuviera funcionando.

—Se entiende a Rafa, ¡eres muy sexy sin querer serlo, Nana! —Rubia comentó y me sentí más confiada.

—¡Ven, Rai, baila conmigo! —Llamé y Raíssa se acercó y comenzamos a bailar.

Rubia fue tomando las fotos y Raíssa y yo estábamos bailando y nos fuimos acercando y bailando juntas y riendo.

—¡Eso, chicas! Vaya, ¡estas fotos van a quedar increíbles! —Rubia incentivó y yo fui relajándome cada vez más. —Eso, Nana, ahora jala el vestido más arriba bien sexy.

Jalé el vestido hasta mi cadera, sosteniéndolo con la mano abierta y la otra mano la puse sobre mi seno, como Rafael hacía y pensando en sus toques. La foto fue tomada y estaba segura de que mis pensamientos estaban estampados en mi rostro, pero no se podía estar en este bar y no pensar en todo lo que mi psicogato ya me había hecho aquí.

La sesión de fotos fue avanzando, cambié algunas lencerías y me habían encantado las fotos que tomé encima de la barra del bar, especialmente una en la que estaba con las manos y pies apoyados sobre la barra, las piernas bien abiertas y la cabeza echada hacia atrás, ¡Rubia había captado un ángulo que dejó mi cuerpo lindo! Fuimos tomando varias fotos por el bar, algunas en el baño que tenía un espejo enorme, varias en la escalera y en la oficina y estaban quedando increíbles.

—¡Chicas, listo! ¡Y quedó simplemente increíble! —Rubia miró las últimas fotos y sonrió.

Salimos de la oficina, estaba usando solo un body de encaje negro, medias de siete octavos y un tacón altísimo, y cuando llegamos al piso de abajo Rubia miró la pared de lámparas que estaba en aquel pasillo y quiso tomar unas fotos ahí. Miré aquel rincón y me negué.

Rafael fue quitándose la camisa y ya me había olvidado de Rubia, puse mis manos sobre su pecho y las deslicé por su abdomen. Me puso contra la pared y me dio un beso como si fuera a empezar a cogerme en aquel momento. Pasó la mano por mi muslo lentamente y después me hizo enredar las piernas en su cadera, mientras sus labios estaban sobre mi cuello. Vagamente me daba cuenta de los flashes de la cámara de Rubia.

Rafael me puso en el suelo y mientras desabrochaba el cinturón y se quitaba el pantalón yo estaba ahí en aquella pared siendo capturada por Rubia.

—Nana, pon las manos para atrás, un pie en la pared, cabeza de lado como si miraras hacia abajo y de repente miras de lado a Rafa. —Rubia pidió e hice la pose.

Y cuando miré a Rafael lo vi solo con el bóxer negro, combinando tan perfectamente con mi lencería y dejándome babeando por él.

—¡Ven acá! —Me abrazó y yo puse las manos en su espalda. El flash de la cámara brilló.

Fue conduciendo nuestras poses y Rubia fue fotografiando, hasta que me levantó del suelo mientras me besaba y yo entrelacé las piernas en su cadera. Rubia hizo algunas fotos más.

—¡Vaya, ustedes dos son increíbles! —Rubia comentó. —Miren, pareja, cuenten hasta diez, es el tiempo que voy a tardar en correr hasta la puerta, después pueden aprovechar la noche. ¡Beso!

—Uno... —Rafael estaba riendo cuando comenzó a contar en voz alta. —dos... —Contó cada número y me dio un beso. —¡Diez! Ahora prepárate, mi loca, te voy a coger rico en esta pared, en aquella de la escalera, contra el vidrio de la oficina y ¡sobre mi escritorio!

¡La verdad es que ya ni siquiera recordaba haber encontrado a Frederico en este bar!

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