"Melissa"
Cuando llegué a la puerta del hospital, Catarina y Flavio ya estaban ahí. Miré bien a Catarina, sin entender qué estaba haciendo ahí y solo pude pensar que uno de los niños estuviera enfermo o que se sintiera mal con el nuevo embarazo.
—Cat, ¿está todo bien? —La miré preocupada.
—Está, Mel, todo excelente. Me encontré con Flavio en la salida del conjunto residencial y me dijo que venía a encontrarte, que parecía haber pasado algo, y ya habías mandado ese mensaje en el grupo. Me preocupé y vine con él. ¿Estás bien? —Catarina explicó.
—Qué bueno que viniste, Cat. Y tú compañero, gracias. —Abracé a los dos.
—Para eso están los amigos, Mel. ¿Vamos a tomar un café primero o vamos tras el nuevo director de este hospital? —Flavio sonrió.
—Creo que es mejor ir tras él y les cuento todo de una vez. —decidí y me volteé para entrar al hospital.
Estaba en la recepción saludando a las chicas que ya me conocían bien, cuando percibí esa figura sentada en uno de los sillones que había por ahí. No era de hierro, no podía simplemente ignorar aquello. ¿Qué estaba haciendo esta lagartona aquí?
—¡Pero es mucha cara dura! —comenté.
—¿Qué fue, Mel? —Catarina preguntó y miró en la misma dirección que yo—. ¿Quién es ella?
—La lagartona, Cat. Ya estuvo en casa hoy, ¿ahora aparece aquí? —Empecé a irritarme—. Ah, pero voy a poner a esa en su lugar. Compañero, no me dejes pasar del límite que puedas salvarme de un problema, su tío ya me amenazó.
—¿Qué historia es esa, loca? —Flavio preguntó.
—Después explico. —Di el primer paso y Flavio me tomó del brazo.
—Entonces hazlo de una manera que no deje marcas y, de preferencia, haz que parezca un accidente. —Flavio me susurró.
—Ah, puedes apostar que mi mano va a caer en su cara sin querer. —Estaba indignada con la cara dura de esa lagartona.
Caminé hasta donde estaba fingiendo que no me había visto. Me paré frente a ella, que miró hacia arriba y dio esa sonrisita forzada. La miré por un momento.
—Ven acá, ¿tu familia desconoce el concepto de dignidad? —pregunté y se levantó, calmadamente poniéndose la bolsa en el hombro.
—No vas a querer armar un escándalo aquí, ¿verdad, Melissa? —Me desafió, pero no tenía idea con quién estaba hablando.
—¿Escándalo? Claro que no, queridita, yo no armo escándalos, armo el conjunto residencial entero. —Elevé mi voz y la miré.
Quería arrancar esa sonrisita cínica de su cara con las uñas.
—Mi tío me dijo que tuviera cuidado contigo. —Se rió y me miró de arriba abajo—. Pero creo que ni eres todo eso. Pero, mira, para que no digas que jugué sucio te voy a contar lo que voy a hacer. Voy a hacer que Nandito regrese a la farmacéutica y te lo voy a quitar, Melissa. ¡Va a ser mío! ¿Ya pensaste qué lindo, el heredero del hospital casado con la heredera de la farmacéutica?
—Ay, Dios mío, no sé si eres tonta o descompensada. ¡Queridita, no eres heredera de nada! Hasta donde sé, el dueño de la farmacéutica es tu tío y tiene cuatro hijos para heredar eso. —Puse los ojos en blanco de impaciencia.
—Pero cuando me case con el heredero de este hospital, mi tío seguramente me va a incluir en la herencia. —respondió con una sonrisita que tenía muchas ganas de arrancar de su cara.
—¿Ah, te vas a casar? ¿Con el heredero de este hospital? Ay, gente, aplausos para el valor, porque noción, hija mía, ¡no tienes! —Tuve que reírme de la loca.
—Nandito... —Se volteó melosa hacia Nando y él solo ganó mi mirada que decía "estoy esperando".
—¿Voy a necesitar llamar a seguridad, Jennifer? —preguntó.
—Todavía tenemos que conversar. —insistió.
—No, no tenemos. Ahora, por favor, retírese. —La miró, pero no se movió. Puse los ojos en blanco.
—¡Ah, déjamelo a mí, porque a tu ritmo, Fernando, nos vamos a quedar aquí todo el día! —Me volteé hacia la lagartona y la tomé del codo, jalándola hacia afuera del hospital—. Ya sabes, si gritas tu cara va a quedar estampada en el asfalto. —le murmuré.
—¡Estás loca, Melissa! —respondió mientras trataba de librarse de mi agarre.
—¡Ah, qué linda! ¡Elogiándome! —Sonreí—. Como ya te diste cuenta de que estoy loca, también ya sabes que nadie me controla. Entonces, no trates de probarme porque soy la dueña del manicomio. Ahora vete, indeseable, ve a espantar otro lugar. —La empujé hacia afuera del hospital.
Cuando regresé encontré a Flavio y al tío Álvaro riéndose y a Fernando y Catarina pareciendo preocupados. Y todavía había una cosita que parecía una adolescente que acababa de salir de la escuela, me miraba como si viera un animal raro. ¿Pero quién era esta?
—¡Bueno, amenaza eliminada! —El tío Álvaro se frotó las manos—. Qué bueno que viniste, querida, necesitas ver la oficina de tu novio. —Me abrazó.
—Vine, tío, porque después de que Nando salió, pasó algo en casa que no me gustó. —expliqué y Fernando me tomó la mano.
—¿Qué pasó, Mel? —preguntó.
—Vamos a entrar, el asunto es largo. —respondí.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Jefe Irresistible: Rendida a su Pasión (de Maria Anita)
No sale el capitulo 7-8 y 9...
El capítulo 7 no sale...
No se puede continuar la historia después de cap 284 ,Marca error y compré monedas,intente con otras historias y si se pueden desbloquear pero esta no,ojalá arreglen eso por que ya que regresa a lectura gratis,va con otra historia de personajes que no conocemos,nunca se sabe qué pasó con Heitor y Samantha al final....