"Fernando"
Llegué puntualmente al hospital y encontré a mi tío en su oficina en la dirección. Al final estaba hasta más animado de lo que pensé.
—¡Nando! —El tío Álvaro se levantó alegremente para abrazarme.
—¡Tío! Estoy listo para ti. —Le sonreí y su mirada cayó sobre mí llena de alegría.
—¡Sé que estás! Y tenemos un día lleno hoy, pero voy a empezar presentándote a tu asistente, será como tu sombra. —Mi tío fue hasta la puerta y llamó a alguien.
Una joven bajita y de ojos rasgados, con cabello muy negro recogido en una cola baja y con lentes de armazón redondo y dorado entró a la oficina. Usaba pantalones negros, un zapato que me pareció ortopédico y una camisa blanca que estaba cerrada hasta el cuello complementada por una corbatita negra graciosa. Miré a la chica pensando que Melissa haría de ella su nuevo proyecto si tuviera la oportunidad.
—Fernando, esta es Hana. Viene muy bien recomendada por la directora de personal. Hana se graduó recientemente en secretariado, habla tres idiomas y tiene una especialización en gestión hospitalaria. —Mi tío sonrió y la joven se acomodó los lentes en el rostro.
—Es un placer, Hana. Tengo la certeza de que nos vamos a llevar bien. —Extendí la mano, que estrechó fuerte y su apretón firme contrastaba con su aspecto que me pareció inseguro.
—Es un placer, Sr. Fernando. —respondió con la voz tan firme como el apretón que dio.
—Es solo Fernando, ya que serás mi sombra, mantengámoslo sin la formalidad del señor, por favor. —Le sonreí y solo hizo un gesto con la cabeza.
—Vamos a conocer tu oficina, Fernando. —Mi tío me llamó y lo observé curioso.
—¿Ya tengo oficina? —Hasta me dio gracia, para quien trabajaba en un piso corrido caótico, tener una oficina era un lujo.
—¡Claro que tienes, el hospital es tuyo! —Mi tío sonrió y me hizo estremecer con el recuerdo.
Fuimos hasta el final del pasillo y pasamos por una puerta doble enorme de vidrio ahumado, detrás de ella había un enorme vestíbulo, amueblado con sofás blancos de cuero, una enorme pared de vidrio de un lado y el escritorio grande de vidrio de la secretaria del otro, con algunas plantas esparcidas de modo casi artístico y en la pared lateral una gran acuarela abstracta en tonos de verde, azul, blanco, naranja y rojo, mirando bien, era como si representara el encuentro del mar con el cielo de atardecer. Todo lo demás era muy claro y totalmente equilibrado, un ambiente calmado y hasta relajante.
—Hana, ese es tu escritorio. —Mi tío señaló y los ojitos rasgados de Hana se abrieron un poco más, brillantes y vivos. Parecía haber gustado del escritorio.
Frente a la pared de la acuarela vi dos puertas dobles, blancas como las paredes. No conocía ese lado del pasillo, nunca había estado ahí, así que no sabía qué esperar. Mi tío me llevó hasta la primera puerta, que quedaba más cerca de la pared de vidrio y la abrió.
Era una enorme sala de juntas, con una mesa de vidrio ovalada en el centro, donde probablemente cabrían unas sesenta personas sentadas cómodamente. Tanto la pared del fondo como la lateral eran de vidrio, había un mueble, una especie de armario de la altura de la mesa, que ocupaba toda la pared lateral y todo lo demás era muy blanco, excepto por la pantalla de TV gigante fijada en la pared al lado de la puerta.
—Sala de juntas. —Señaló lo que ya había percibido—. Todas las reuniones del consejo, de dirección o todas las que convoque, pasarán a realizarse aquí.
Asentí y salimos hacia la otra puerta. Pero esta vez no la abrió, solo señaló.
—Esta es tu oficina, Nando. —Me miraba pareciendo tan ansioso como yo.
—¡Eso, Nando! ¡Ese es el espíritu! —Mi tío vibró, estaba alegre y hasta emocionado. Yo aterrorizado ni me acercaba a lo que estaba sintiendo.
El teléfono que estaba sobre el que ahora era mi escritorio sonó y fui a contestar. Era mi asistente.
—Fernando, la Srta. Jennifer Domani está en la recepción y quiere hablar con usted. ¿Puedo autorizar la entrada? —Hana habló formalmente y me llevé un susto. ¿Qué quería esa plaga aquí? ¿Qué vino a hacer tras de mí? Solo sabía que no entraría a mi hospital, no me robaría la paz aquí.
—No, Hana, no puede entrar, avísale a la recepción. Gracias. —Colgué el teléfono y mi tío me miró curioso.
—Ah, tengo que contarte lo que pasó antes de salir de casa hoy. —Suspiré, pero antes de que pudiera hablar el teléfono sonó de nuevo.
—Fernando, la señorita dijo que no se va a ir hasta hablar con usted. —Hana me avisó. ¿Pero qué quería esa peste?
—Hana, avísale que no puede entrar. Voy a bajar para hablar con ella, gracias. —Pedí y colgué el teléfono.
—¿Pero qué fue eso? —preguntó mi tío.
—Vamos hasta la recepción y en el camino te cuento. Pero solo para adelantar, Jennifer Domani está ahí insistiendo en hablar conmigo. —expliqué y salimos de la oficina.
Solo noté que Hana nos había seguido en el elevador. Realmente sería mi sombra. Y mientras el elevador hacía el trayecto hacia abajo le iba explicando a mi tío todo lo que había pasado. Pero no estaba preparado para la escena que vi en la recepción y mi primer día ahí no podría haber sido más marcante, me haría conocido rapidito en ese hospital.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Jefe Irresistible: Rendida a su Pasión (de Maria Anita)
No sale el capitulo 7-8 y 9...
El capítulo 7 no sale...
No se puede continuar la historia después de cap 284 ,Marca error y compré monedas,intente con otras historias y si se pueden desbloquear pero esta no,ojalá arreglen eso por que ya que regresa a lectura gratis,va con otra historia de personajes que no conocemos,nunca se sabe qué pasó con Heitor y Samantha al final....