La imagen en la pantalla volvió a cambiar.
Mostraba la peligrosa escena de Kiara en la pista de carreras.
Y luego, la victoria aplastante de Kiara, cruzando la línea de meta marcha atrás en un acto de total provocación.
Adriana y Pamela intentaron romper el trato.
Finalmente, apareció Simón para obligarlas a cumplir la apuesta.
Al ver la grabación, los rostros de Adriana y Pamela perdieron todo rastro de color.
Adriana prácticamente gritó y se abalanzó hacia Simón, intentando tirarle el teléfono de las manos:
—¡No... eso no es verdad! ¡Mentira! ¡Apágalo! ¡Apágalo ahora mismo!
Simón se hizo a un lado esquivándola, y se rió con sarcasmo:
—Qué reacción tan exagerada... ¿Acaso tienes la conciencia sucia?
Soltó una risita despectiva:
—Tengo la grabación completa de la pista de ayer. ¿Necesitas que la ponga cuadro por cuadro para que tus abuelos la aprecien mejor? De paso, le mandaré una copia a tu padre.
—¡E-eso está editado! Tío Simón, para ayudar a esa perra, ¡eres capaz de falsificar un video para arruinarme!
Adriana tenía los ojos inyectados en sangre. Volvió a lanzarse hacia el teléfono, completamente histérica:
—Tío Simón, ¡¿por qué la prefieres tanto?! Yo soy tu verdadera sobrina, me viste crecer, ¡y ella... ella es solo una bastarda que vino del campo! ¡¿Me estás destruyendo por ella?! ¡¿Acaso tú también te acuestas con ella?!
Al decir eso, Adriana pareció llegar a una conclusión absurda y señaló a Simón con el dedo:
—¡Sí! ¡Ustedes dos seguro tienen algo! ¡A esa zorra le encanta seducir hombres! Seguro que también te sedujo y... ¡Ah!
No pudo terminar la frase.
¡Plaf!
Marcos levantó su bastón y lo estrelló con fuerza contra la espalda de Adriana.


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Los comentarios de los lectores sobre la novela: Indomable: No soy la chica que echaste