Kiara no le prestó atención. Simplemente levantó la mirada y observó a Simón de reojo.
Con las manos perezosamente metidas en los bolsillos, Simón levantó una ceja y esbozó una sonrisa llena de diversión.
—¿Mi sobrinita me está llamando para que hable con los adultos?
Caminó a paso lento hasta situarse justo entre Adriana y Pamela. Levantó la vista hacia los dos ancianos:
—Papá, mamá, permítanme corregir algo.
Se señaló a sí mismo:
—Ese líder criminal del que tanto hablan... soy yo.
Marcos y Silvia se quedaron atónitos.
¿Qué significaba eso?
¿Su hijo? ¿Un líder criminal?
¿No se suponía que su hijo tenía negocios legítimos?
¿En qué momento se había convertido en un jefe del bajo mundo?
Los ancianos lo miraron boquiabiertos.
Simón soltó una carcajada sincera:
—En cuanto a esas fotos que les tomaron... la verdad es que fue orden mía.
Al escuchar esto, Pamela y Adriana rompieron a llorar aún más fuerte.
Pamela apretó los puños con fuerza, dejando caer lágrimas de profunda humillación. ¡Sentía que Kiara lo había planeado todo!
¡Kiara había llevado a Joaquín a propósito para verla hacer el ridículo! ¡Quería que él se enterara de la existencia de esas fotos para arruinarla por completo!
¡Kiara había convocado al tío Simón solo para pisotear la última pizca de dignidad que le quedaba!
Adriana, por su parte, estaba muerta de vergüenza y rabia. En un último intento desesperado, levantó su rostro destrozado por el llanto hacia Marcos:
—¡Abuelo, ya lo escuchaste! ¡El tío Simón lo admitió! ¡Todo lo hizo por culpa de esa maldita zorra! ¡Ayudó a una intrusa a humillar a su propia sobrina!


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