Kiara arqueó una ceja, mirándolo fijamente.
Simón también curvó los labios, bajando la mirada hacia ella con una sonrisa a medias.
Ambos cruzaron miradas.
Los ojos de Simón estaban llenos de intriga.
Él estaba esperando.
Esperaba que esta pequeña e insolente chica diera su brazo a torcer.
También quería ver cómo lucía rindiéndose la misma chica que se había atrevido a estafarle mil millones de dólares.
Sin embargo, Kiara soltó una ligera risa.
Esa sonrisa hizo que su rostro, habitualmente frío y distante, se iluminara de pronto, volviéndose deslumbrante y lleno de vida.
—Tío Simón, creo que te has equivocado en algo.
Simón se sintió momentáneamente deslumbrado por esa sonrisa.
—¿En qué?
Kiara soltó una carcajada fría, con sus ojos brillantes y claros rebosantes de desdén.
—No soy yo quien ruega por encajar en su círculo, son ellas las que me ruegan a mí.
Se dio la vuelta y caminó directamente hacia el hotel, con una voz tan fría que calaba hasta los huesos.
—Ahora mismo son ellas las que me necesitan, así que deberían mostrar la actitud de alguien que suplica.
Simón observó su arrogante silueta alejarse y no pudo evitar reír a carcajadas.
—Qué interesante.
La siguió con sus largas piernas y comentó con una sonrisa ligera:
—Pensé que estarías ansiosa por encajar en su mundo.
—Un grupo de idiotas que despilfarran el dinero de sus padres y solo saben hacer juegos infantiles. ¿Acaso ese círculo es digno de mí? —Kiara soltó un bufido de desprecio, sin la más mínima emoción en el rostro.
Simón volvió a reír por lo bajo.
—Es cierto. Alguien capaz de estafar mil millones de dólares sin siquiera pestañear, definitivamente no perdería el tiempo con niñatos jugando a las casitas.
Al mencionar los mil millones de dólares...
Los pasos de Kiara se detuvieron por un momento.
Se frotó la nariz con disimulo.

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: Indomable: No soy la chica que echaste