¿Acaso pensaron en cómo la afectaría cuando sugirieron esa estúpida fiesta de bienvenida?
Llevaba tantos años viviendo con ellos, siempre esforzándose por ser la nieta ideal ante sus abuelos...
¿Por qué desde que llegó Kiara, todo había cambiado?
¿Había perdido todos sus privilegios?
Pamela clavó las uñas en sus palmas; sus ojos estaban inyectados de sangre por la ira contenida.
Adriana notó su molestia y disimuladamente le dio unas palmaditas en el dorso de la mano.
Luego, con una sonrisa aún más radiante y dulce, añadió:
—Los abuelos tienen toda la razón. ¡Mi prima Kiara es increíble y todos tienen que saberlo! Yo, como su prima menor, también haré mi parte. Antes de la fiesta de bienvenida, la ayudaré a integrarse en nuestro círculo social.
Le sonrió a Kiara, curvando los labios en una expresión amigable.
—Prima Kiara, no te preocupes, mis amigos son súper agradables. Si no me crees, pregúntale a Pamela, ¿verdad?
La palabra agradables la pronunció con un tono extrañamente arrastrado.
Pamela esbozó una sonrisa forzada.
—Así es, los amigos de Adri son chicos geniales. No tienen esa actitud arrogante de niños ricos, son súper agradables.
Kiara observó la patética actuación de ambas con una sonrisa burlona en sus labios.
—Me parece bien.
Con una sonrisa relajada, prosiguió:
—Ya que mi querida prima me invita con tanto entusiasmo, iré a ver qué tal.
—Para jugar... un rato... con ustedes...
Esas últimas palabras las arrastró con una mezcla de sarcasmo y desdén.
-
La noche cayó sobre la ciudad.
Adriana estaba desesperada por llevarse a Kiara a conocer a sus amigos.
Al salir del sanatorio, la brisa nocturna trajo consigo un ligero escalofrío.
El auto deportivo rosa de Adriana estaba estacionado junto a la acera. El motor rugía, llamando la atención de todos.


VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Indomable: No soy la chica que echaste