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Indomable: No soy la chica que echaste romance Capítulo 55

Kiara abrió los ojos. En su mirada clara había una frialdad nítida, la de alguien que ya hizo cálculos a toda velocidad.

Se desabrochó el cinturón, bajó y se detuvo frente al carro. Su expresión era distante, pero su educación intacta.

—Gracias, señor Carrasco.

Joaquín recargó el brazo en la ventana, con flojera, y corrigió:

—Joaquín.

Bajo la luz cálida de la entrada, su rostro se veía todavía más perfecto, casi irreal.

Joaquín alzó la mano y le metió en la palma una tarjeta negra, minimalista.

—Acuérdate: me debes el favor de haberte llevado.

Sin esperar respuesta, levantó la mano en un gesto casual.

—No te quito tiempo.

Kiara bajó la mirada. En la tarjeta solo había un número en dorado.

—Ajá.

La guardó en el bolsillo y se fue hacia la casa.

Joaquín, apoyado en la ventana, vio cómo su figura desaparecía y su sonrisa se fue marcando, lenta, con un significado difícil de leer.

Kiara entró.

Vio a Regino y a sus papás sentados en la sala, esperándola.

En cuanto la vio, Vanesa se levantó y fue hacia ella.

—¡Kiki, ya llegaste!

Camilo y Regino también la miraron.

Kiara asintió, y entonces notó a alguien más en el sillón.

Era un hombre de poco más de treinta, traje gris, lentes de armazón dorado. Tenía un aire amable y una sonrisa medida.

—Él es tu hermano, Álvaro —dijo Vanesa, tomando la mano de Kiara y presentándolo de inmediato—. Hoy por fin terminó lo de la empresa y se vino para verte.

Kiara lo saludó con sencillez.

—Álvaro.

Kiara fue respondiendo a cada uno y luego miró a Álvaro con disculpa.

—Ve. Te entiendo. Te espero —dijo Álvaro, dándole una palmada en el hombro, natural, cercano.

Kiara sonrió apenas y subió rápido con el regalo a su cuarto.

Pamela, sentada a un lado, con unas hojas de datos de un artículo de investigación en la mano, miró con frialdad la espalda de Kiara mientras subía.

Se mordió el labio.

¿Una chica que ni terminó la prepa iba a tener algo “urgente” más importante que la familia Ibarra?

Encima se hacía la interesante, como si el regalo que Álvaro preparó con cuidado le diera igual.

¿No era obvio que solo quería hacerse la independiente para que todos la apapacharan?

Qué colmillo.

Pamela apretó los dedos, miró a Álvaro y enseguida se acomodó la expresión. Se acercó a él apenas tomó asiento.

Con un tono aparentemente casual, un poco coqueto, dijo:

—Álvaro, no te lo tomes a mal. Kiara acaba de volver… tal vez todavía no entiende bien cómo se manejan las cosas en la casa. Ya cuando termine lo que trae, seguro baja.

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