Eloísa estaba feliz, feliz. Alzó la barbilla con orgullo.
Claro.
En este mundo, el único que —más o menos— le hacía justicia a Kiara era su hermano.
En eso, una chica se acercó a Eloísa y la barrió de arriba abajo con la mirada.
La veía como si no pudiera despegar los ojos de encima.
Con un tono medio tentativo, preguntó:
—Ellie, desde que llegué tengo una duda, pero no había podido preguntarte…
—Las joyas que traes… están impresionantes. ¿De qué diseñador son?
Entre chicas, lo que más se comenta son las marcas de lujo.
Y al mencionar joyería, varias se emocionaron al instante:
—¡Yo también quería saber! Ellie, esas joyas te quedan perfectas. El diseño, el trabajo… está brutal.
Con tantos halagos, Eloísa levantó la barbilla todavía más. Le daba más gusto que si la estuvieran felicitando a ella.
Hasta enderezó la espalda para presumirlas bien.
—Obvio. Este juego me lo mandó hacer Kiara. Le pidió a la diseñadora de Queen, a la gran Queen, que me hiciera un regalo de cumpleaños a la medida.
En el salón se escuchó un murmullo de sorpresa.
—¡No puede ser! ¿La gran Queen?
—Con razón es Milagros… hasta a la gran Queen la puede mover.
—Ellie, qué envidia. Traes vestido a la medida del Maestro Ícaro de YB, y encima joyería diseñada especialmente para ti por la gran Queen. ¡Me muero de celos!
…
Queen: una marca internacional de joyería de ultra lujo.
Su diseñadora principal, Queen, hacía apenas dos o tres piezas por año, y cada una volvía locas a las mujeres ricas de todo el mundo.
Con razón, cuando Pamela le había regalado en el escenario un set completo —la obra estrella del diseñador principal de su propia joyería—, Eloísa había sido tan fría, como si ni le importara.
Era porque Eloísa ya tenía joyería hecha a la medida por Queen.
Antes, con solo escuchar el nombre de Queen, Pamela se ponía igual que las demás: emocionada, admirada.
Pero ahora, Queen estaba ligada a Kiara.
Y de golpe, Pamela sintió que Queen no era para tanto.
¿Maestra? ¿De primer nivel? ¿Dos o tres diseños al año?
Puro cuento. Seguro era marketing barato para hacerse rogar.
Quién sabe, igual ya no daba para más.
Y esas joyas de Eloísa… tampoco eran la gran cosa.
¿A poco valían más que las que ella acababa de regalarle?

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