Eloísa estaba rodeada por las chicas. Todas miraban fascinadas sus joyas y no paraban de alabarla, casi hasta ponerla en un pedestal.
Eso a Eloísa le encantaba, incluso más que los halagos directos.
Con orgullo, se acarició el collar y les dijo a todas:
—Todo eso fue gracias a Kiara. No solo logró que la gran Queen me diseñara estas joyas; también consiguió que el Maestro Ícaro me hiciera este vestido.
—¡Ellie, eres demasiado afortunada! La señorita Milagros te consiente muchísimo.
—Qué envidia que la señorita Carrasco tenga a la señorita Milagros de su lado.
—En todo Solarenia, me late que solo la señorita Milagros puede conseguir que dos diseñadores de ese nivel hagan algo a la medida solo para ti.
Esa lluvia de elogios hizo que Pamela se enfureciera todavía más.
Le subía y bajaba el pecho de coraje, y se apretaba los dedos.
¡Esa pueblerina resultó ser una trepadora de lo peor!
Seguro ya sabía que Pamela le iba a regalar joyería a Eloísa, y por eso también le regaló joyería: para aplastarla con Queen frente a todos.
Para pisotearla y quedar ella como la buena frente a todos.
Kiara ahorita debía estar feliz, presumiendo por dentro.
—Ay, Pamela, ¿y tú qué haces sola en una esquina?
Se acercaron unas chicas a las que Pamela antes había humillado y desplazado, abierta o discretamente.
Traían una sonrisa claramente burlona, aunque en la boca fingían amabilidad.
—¿No que tú ibas a ser la futura cuñada de la señorita Carrasco? ¿No eran uña y mugre? ¿Por qué no estás con ella?
—Sí, Pamela, tú eres la futura cuñada. Apúrate a buscar a la señorita Carrasco, para que le pida el favor al señor Ibarra y a la señora Ibarra… si no, te van a mandar a vivir a la casa de las afueras y eso ya suena a que te están corriendo, ¿no?
—Tú eras “la única hija” de la familia Ibarra… la consentida…
El tono era venenoso; sonaba a burla por donde lo vieras.
Todo le dio vueltas y casi no pudo sostenerse en pie.
—Pamela, ¿por qué traes esa cara? Yo nomás lo decía por decir… ¿a poco te lo creíste? ¿O es que la señorita Milagros es tan buena que te está metiendo presión?
Esas palabras, filosas y directas al punto, hicieron que Pamela ya no pudiera aguantar.
Se le fue el color del rostro: roja, luego blanca, luego verdosa; temblaba de coraje.
Las lágrimas se le salieron sin control.
No aguantó esas burlas, abiertas y disfrazadas. Se dio la vuelta y salió corriendo del banquete, llorando.
En su vida se había sentido tan humillada.
Todo era culpa de Kiara.
Por Kiara, en ese lugar, había quedado en ridículo.
Cuando se suponía que ese guion… era el que ella le había preparado a Kiara.

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