Si no, con el orgullo de Pamela, cada vez que viera lo buena que era Kiara, el coraje solo iba a crecerle.
Eso iba a pegarle durísimo.
Y Vanesa, por si Pamela se asustaba o se hacía ideas, incluso volvió a poner a Lucía a su lado, reubicándola con ella.
Pero…
Pamela no lo veía así.
Ella solo entendió una cosa: su mamá, la que siempre la había querido, la estaba corriendo por Kiara.
—Mamá… —Pamela lloraba a moco tendido. Quiso agarrarle la mano a Vanesa, hacerse la víctima para sacarle compasión.
Pero Vanesa, aunque se le notó un poco de pena, apartó la mirada.
Incluso retiró la mano para que no la tomara.
—Si te equivocas, lo reconoces. ¿Qué te enseñó la familia Ibarra? —Álvaro vio su cara y supo que no estaba entendiendo nada—. Si no lo captas, lo vas a captar en la casa de las afueras.
—Álvaro… —Pamela lo miró, incrédula.
Antes, con que ella llorara, su mamá se ablandaba. Y Álvaro siempre la defendía.
Pero ahora, aunque lloraba así, hecha pedazos, como si diera lástima…
su mamá no se movió.
Y Álvaro todavía quería mandarla lejos.
¿Qué había hecho tan grave para que la sacaran de la mansión Ibarra?
¿Solo por haber hecho que Kiara subiera a competir?
¿Solo por haber intentado impedir que Kiara atendiera al señor Montiel?
¿Por esas “cositas”?
Pero esas “cositas”…
las pagó ella.
Ella fue la que tuvo que pedirle perdón a Kiara frente a todos, la que tuvo que humillarse, bajarse del escenario y arrastrarse hasta la puerta del salón.
Del otro lado…
Joaquín levantó la vista, con flojera, y le echó una mirada al mayordomo de la familia Carrasco, Nicolás.
Nicolás entendió al instante.
Con rapidez, fue sacando una por una a las señoritas “de sociedad” que, por envidia o por quedar bien con Yolanda y Pamela, se habían puesto de su lado para atacar y burlarse de Kiara.
Y, de paso, también arrastraron a sus familias al problema: la familia Carrasco empezó a ajustar cuentas, sin importar las consecuencias.
Los mayores de esas familias se quedaron pasmados.
Más de uno quiso preguntarle a Fernando si de verdad iba a dejar que Joaquín armara un escándalo contra tantas familias en un evento así.
Pero Fernando solo se quedó ahí, con su bastón, junto a los Ibarra, sin una sola expresión en la cara.
Y, todavía, asintió levemente.
Como dejando claro que estaba totalmente de acuerdo con Joaquín.

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