Al ver eso, todos entendieron…
que esa joven tan atractiva, tan talentosa y que además era la famosa Milagros, la que decían que podía hacer milagros médicos…
tenía un peso enorme tanto para los Ibarra como para los Carrasco.
Miren nada más a los Ibarra…
Se decía que en la familia Ibarra casi todos eran hombres, y por eso a su hija menor, Pamela, su única “niña” consentida, la traían entre algodones.
Y aun así, cuando Pamela perdió en el piano contra Milagros,
ni uno solo la defendió.
Al contrario: la obligaron a cumplir el acuerdo, sin importar la cara de Pamela… ni la de ellos.
Con tal de que Milagros quedara contenta.
Y los Carrasco igual…
Aunque no lo hicieran tan obvio, era clarísimo que la estaban respaldando.
Al grado de que hasta pudieron correr de Solarenia a Yolanda, la hija mayor de esa rama secundaria.
Era evidente: esa Milagros… no era cualquier persona.
Y con el puro nombre de “Milagros” bastaba para que los grandes ricos y poderosos de todo el mundo se le fueran encima.
Como en ese momento…
A Yael ya lo habían llevado al hospital para checarlo y darle tratamiento.
Y, después de que todo quedara “arreglado” con las familias señaladas, la cena siguió.
Entonces, los dueños de grandes fortunas, jefes de familias importantes, figuras públicas de alto nivel…
todos, personajes pesados y conocidos, se fueron acercando a Kiara.
La miraban con un interés casi desesperado.
Unos le daban sus tarjetas de presentación, otros buscaban discretamente la forma de contactarla.
Incluso hubo quien ofreció una cantidad ridícula de dinero solo para que Milagros lo volteara a ver.
Como si para ella todos fueran irrelevantes.
Tan elegante, tan distante, inalcanzable.
Pamela estaba roja del coraje. Apretaba los dientes y se clavaba las uñas en la palma.
¿De qué se hacía?
¿No era obvio que solo quería lucirse, que quería que todos la vieran para quitarle su lugar como “señorita Ibarra”?
¿Quién, en su sano juicio, carga siempre con un estuche de acupuntura?
¿Quién carga herramientas para hacer pastillas?
Kiara venía a la fiesta de mayoría de edad de Eloísa Carrasco, ¿y “casualmente” trajo todo eso?
Claro que lo traía porque estaba esperando el momento.
Entre más lo pensaba Pamela, más le entraba la paranoia: ¿y si lo del señor Montiel también lo habían armado sus papás… solo para que Kiara se luciera ahí mismo y se hiciera famosa?

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Indomable: No soy la chica que echaste