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Indomable: No soy la chica que echaste romance Capítulo 493

La sonrisa en los ojos de Joaquín se volvió más profunda; hasta el humor se le notó mejor.

Esa cara fría, casi demasiado perfecta, ya no traía la tensión helada de hace un momento.

Soltó una risa corta y le echó una mirada a Gaspar, ligera y fría.

Luego, ante los ojos aterrados de Gaspar, pasó junto a él…

En el instante en que se rozaron al pasar, Gaspar sintió que se le salía el alma. Las piernas se le aflojaron.

Aulló:

—¡Joaquín, sí la regué! ¡Ya nunca voy a andar de encimoso con mi cuñada!

Y en cuanto terminó, salió disparado hacia la puerta del salón, como si hubiera visto al diablo.

Para Gaspar, era peor que ver un fantasma.

¡No, no, no! ¡Qué miedo!

¡Él no se iba a Alicante!

¡Él no iba a “picar piedra”!

—¡Pum!

En su carrera, Gaspar tumbó la charola de un mesero.

La champaña y las bebidas se le vinieron encima, pero ni así se paró; siguió corriendo.

Hasta correr le salía ridículo.

—Señor, el joven Gaspar… —Nicolás, viendo cómo huía, volteó hacia Fernando.

Fernando hizo un gesto con la mano.

—Déjalo. Ya le dije a seguridad en todas las salidas que hoy no lo dejan irse antes de que termine la fiesta.

Ese chamaco solo sabe meterse en problemas. Si lo dejaban ir, a saber qué hacía y terminaba arruinando la fiesta de presentación de Ellie.

—¿Te gusta ese tipo? —Joaquín se paró junto a Kiara, bajó un poco la mirada y vio que ella seguía mirando hacia donde se fue Gaspar. El tono le salió medio ácido.

Kiara alzó la vista.

—Tu primo está chistoso.

Estaban muy cerca. Él guapo, ella hermosa; los dos con una presencia que destacaba. Hablaban bajito y se reían, como si la luz los estuviera bañando.

El ambiente se volvió más… cercano.

Las familias, al verlos así, Fernando cruzó mirada con Nicolás y los dos sonrieron por lo bajito.

Del lado de los Ibarra, había un poquito de amargura… y también alivio.

Al final, Joaquín también había crecido frente a ellos: encajaba, tenía presencia, y su forma de ser y su capacidad eran cosas que ellos mismos habían visto.

Y era evidente que Kiki no rechazaba que se le acercara.

Aunque de palabra nunca quisieran aceptar ese compromiso de infancia…

en el fondo sabían que esa boda se iba a dar.

Era cosa de tiempo.

Y esa misma escena también le llegó a Pamela, que estaba acurrucada en una esquina, casi hincada.

Escuchó a la gente alrededor murmurar:

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