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Indomable: No soy la chica que echaste romance Capítulo 467

Con eso, Fernando se convenció todavía más de que su idea era perfecta.

Volteó a ver a las jóvenes de familias importantes que iban y venían.

—Mira, ahí hay muchas. Si ves a una que te guste, ve en serio: córtala bien, forma una familia de una vez y deja de andar de vago por la vida.

Eso le pegó directo a Gaspar.

Se le iluminaron los ojos y se animó al instante. Agarró a Fernando del brazo, emocionadísimo.

—Abuelo, usted sí es mi abuelo de verdad. Justo eso quería escuchar. ¡Sí hay una chava que me gusta! La vi una vez y me quedé clavado; la vi otra y me terminé de convencer; a la tercera ya supe que es ella o nadie. ¡Con ella me caso! ¡Ya! ¡Ahorita! ¡En este momento!

La emoción se le notaba en la voz.

Fernando se quedó pasmado y lo miró con desconfianza.

¿Este chamaco… de verdad se enamoró?

¿O le estaba viendo la cara?

Pero con esa mirada tan intensa, sí parecía genuino.

Fernando preguntó, dudoso:

—¿Ah, sí? ¿De qué familia es? Si ella quiere, yo lo arreglo y hoy mismo lo dejamos apalabrado.

Gaspar se emocionó todavía más, casi brincando.

—¡Abuelo, usted no sabe! Esa chava está de otro mundo. Es preciosa; y aparte, trae un porte… con una seguridad que no le he visto a nadie. Se siente como si no hubiera nada que no pueda hacer. ¡Yo no había visto una mujer así de capaz! Yo ya la elegí, para toda la vida.

—Usted tranquilo: yo la conquisto. Y aunque ahorita no me pele, con mi empeño la convenzo.

Fernando lo escuchó describirla y, entre más oía, más le sonaba familiar.

Medicina, investigación… y piano.

¿Cuánto tuvo que aguantar para llegar a eso?

La excelencia de Kiara era algo que Pamela —a quien los Ibarra sí habían criado con todo— jamás podría alcanzar, ni en toda su vida.

Y al pensar en Pamela, a Vanesa se le escapó un suspiro.

Volteó hacia donde la otra seguía hincada, con la espalda encogida y la cabeza gacha, hecha pedazos, y se le llenó la mirada de emociones encontradas.

—Pamela siempre ha sido muy orgullosa. El golpe de hoy, para ella, fue demasiado. Yo también quería que entendiera que siempre hay alguien mejor, y que no puede ir por la vida viendo a los demás para abajo.

Suspiró y miró a Álvaro.

—Ve a verla. No quiero que se encierre en su drama y haga una tontería.

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